El disco que puso rostro al 'apartheid' cumple 25 años
Paul simon celebra el aniversario de 'graceland', que supuso un encuentro entre el pop estadounidense y las raíces africanas
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 04-06-2012HACE 25 años, Paul Simon se unió a un grupo de músicos sudafricanos, con el apartheid aún en vigor, para firmar Graceland, un álbum inolvidable que se reedita ahora en una versión conmemorativa y cuyo complicado proceso de creación ha reconstruido el documental Under African Skies.
1986, un periodista negro recrimina a Paul Simon que, para grabar su disco Graceland, haya contado con un grupo de sudafricanos (negros también), rompiendo el embargo de la ONU sobre ese país por su política racista. El artista, incrédulo, dice: “¿Resulta inconcebible que esto haya sido una colaboración entre músicos?”. Se trata de uno de los fragmentos más impactantes del documental Under African Skies, que celebra el 25º aniversario de aquel álbum, Grammy al mejor disco del año y producto del encuentro entre el pop estadounidense y sus raíces africanas, con el que Simon – sin Art Garfunkel – se consagró en solitario.
Coincidiendo con el lanzamiento mañana de una edición conmemorativa, Canal + emitirá el filme con testimonios de personalidades como Paul McCartney y Peter Gabriel y que retrata el complicado proceso de grabación de este trabajo ambicioso y vanguardista, de sus luces y de sus sombras, como las críticas a lo que muchos entendieron como un balón de oxígeno al apartheid.
Arranca con Simon, a sus 70 años, de regreso a Sudáfrica para reencontrarse con la banda de músicos que le ayudaron a concebir aquella obra que jóvenes grupos como Vampire Weekend reconocen como una influencia decisiva. En un momento en el que el Gobierno sudafricano mantenía preso a Nelson Mandela, Graceland elevó a la categoría de estrellas mundiales a desconocidos como el guitarrista Ray Phiri, el bajista Bakithi Kumalo o el coro Ladysmith Black Mambazo.
En uno de los instantes más curiosos del documental, esos mismos músicos, sometidos en su país a leyes que restringían sus movimientos por el color de su piel, pasean por Nueva York en una limusina conducida por un chófer blanco.
Fue, como lo describen muchos de sus responsables, una vuelta al colegio, a menudo frustrante, que les obligó a reformular los patrones métricos y estructurales tradicionales para acercar dos estilos musicales diversos, hasta conformar canciones que, como Diamonds On The Soles Of Her Shoes, combinaban temáticas típicamente neoyorquinas con “sofisticados” ritmos africanos.
Constituyó además un prodigio de la producción, recuerda Roy Halee, su responsable, que “editó, editó y editó, quitó, puso y recopió” partes para dar coherencia a un álbum que acredita la aportación de más de 50 músicos.
Sudáfrica, Nueva York e incluso los estudios Abbey Road de Londres acogieron su gestación, ajena a implicaciones políticas, que saltaron poco después de su salida al mercado y de su aclamada presentación, en horario de máxima audiencia, en el célebre programa Saturday Night Live.
Críticas, manifestaciones y hasta amenazas de bomba durante la gira sembraron los meses posteriores a su lanzamiento. No fue hasta 1987 que la ONU anuló la declaración de Simon como persona non grata, al entender que su castigo sobre Sudáfrica no debía extenderse también a la población negra. La célebre presentadora estadounidense Oprah Winfrey se declara “contagiada” y “abrumada” por el sonido de Graceland, su disco favorito. Añade Peter Gabriel que “hizo que la gente quisiera bailar y que el mundo viera que África era algo más que sufrimiento”, aunque es el propio Simon el que destaca el papel fundamental que su mejor trabajo en solitario tuvo en la concienciación mundial contra una lacra social: “Graceland puso rostro a las víctimas del apartheid”.
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