«¿Por qué tengo que explicarle a un policía cuándo tengo la regla?»

Un informe detalla violaciones de la intimidad y la salud de las mujeres en los CIE

El Mundo, RAFAEL J. ÁLVAREZ OLGA R. SANMARTÍN, 30-05-2012

Embarazadas que no reciben atención médica, falta de información sobre el aborto, interrupción de tratamientos farmacológicos, retretes y duchas sin puertas, menos tiempo de patio y ocio que los hombres, abusos verbales a transexuales y lesbianas, ausencia de información sobre el derecho al asilo y hasta negación de protección a una víctima de trata de mujeres. Es la vida de las inmigrantes en los Centros de Internamiento de Extranjeros de España, una desventura resumida en lo que cuenta Ana, interna en Las Palmas: «Nos dan compresas de una en una. Hay que pedirlas cada vez. ¿Por qué tengo que decirle a un policía cuándo tengo la regla o explicarle que mi flujo es abundante y que me tiene que dar más? Es vergonzoso. Me da vergüenza».

Una vida violada es la conclusión que saca la ONG Women’s Link Worldwide (WLW) después de investigar durante dos años todos los CIE (excepto tres) y hablar con 45 internas, 15 colectivos sociales, los directores de los centros, los jueces de control y el secretario de Estado de Seguridad. «Se producen violaciones del derecho a la salud, a la intimidad, a la libertad e indemnidad sexual y al asilo. Y hemos detectado discriminaciones por razón de género», cuenta el informe Mujeres en los CIE: realidades entre rejas.

En su rastreo humanitario por los centros de internamiento, esta ONG se topó con el caso de Leticia (nombre irreal en una historia de verdad), una latinoamericana que fue Embarazadas que no reciben atención médica, falta de información sobre el aborto, interrupción de tratamientos farmacológicos, retretes y duchas sin puertas, menos tiempo de patio y ocio que los hombres, abusos verbales a transexuales y lesbianas, ausencia de información sobre el derecho al asilo y hasta negación de protección a una víctima de trata de mujeres. Es la vida de las inmigrantes en los Centros de Internamiento de Extranjeros de España, una desventura resumida en lo que cuenta Ana, interna en Las Palmas: «Nos dan compresas de una en una. Hay que pedirlas cada vez. ¿Por qué tengo que decirle a un policía cuándo tengo la regla o explicarle que mi flujo es abundante y que me tiene que dar más? Es vergonzoso. Me da vergüenza».

Una vida violada es la conclusión que saca la ONG Women’s Link Worldwide (WLW) después de investigar durante dos años todos los CIE (excepto tres) y hablar con 45 internas, 15 colectivos sociales, los directores de los centros, los jueces de control y el secretario de Estado de Seguridad. «Se producen violaciones del derecho a la salud, a la intimidad, a la libertad e indemnidad sexual y al asilo. Y hemos detectado discriminaciones por razón de género», cuenta el informe Mujeres en los CIE: realidades entre rejas.

En su rastreo humanitario por los centros de internamiento, esta ONG se topó con el caso de Leticia (nombre irreal en una historia de verdad), una latinoamericana que fue internada en el CIE de Madrid para ser deportada sin que se investigara su pasado. Y su pasado era una red de trata. Leticia fue explotada sexualmente en Italia «de forma extrema», según el informe, pero consiguió huir a España. Aquí la Policía detectó su situación irregular, la internó en un CIE y trató de deportarla dos veces al país donde sus captores la tenían amenazada por haber huido. Leticia denunció entones su historia, pero, según WLW, «ni la Policía, ni la administración, ni los tribunales hicieron caso de las denuncias». Fue sacada del CIE y ahora «vive amenazada ante una posible deportación, porque no tiene papeles y no recibe ayuda alguna del Estado». «Su caso sigue sin ser investigado» lamenta la ONG, que ha presentado una denuncia contra España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por negar protección a una víctima de trata.

Desatención médica. El informe señala carencias en los servicios de atención médica como horarios limitados, cupos diarios para la asistencia, distancia física del personal médico en los reconocimientos o falta de traductores. En general, las embarazadas no reciben atención especializada y ni ellas ni el feto son sometidos a controles periódicos. En el CIE de Málaga, una mujer abortó y no fue atendida hasta pasada una hora. Joyce y Sofía estaban embarazadas de cinco y tres meses respectivamente y no pasaron ni un control médico. Médicos del Mundo dice que los CIE no son lugares adecuados para las gestantes por el estrés y el riesgo de contagio de enfermedades. Algunos tratamientos médicos, como la metadona, las hormonas para los y las transexuales o los anticonceptivos son interrumpidos «especialmente cuando las mujeres no llevan consigo las recetas en el momento de ser detenidas».

Sin intimidad. El trabajo denuncia que las duchas y las zonas comunes de los aseos carecen de cualquier elemento que proteja la intimidad, o que las conversaciones entre las internas y quienes las visitan se producen en salas donde «todo o que se dice puede ser escuchado». Tampoco los abogados de las inmigrantes pueden hablar a solas con ellas. En el CIE de Valencia hay un policía presente en el locutorio. Un juzgado ordenó que se reformara, pero todo sigue igual.

Discriminadas por género. En algunos CIE, las mujeres tienen menos tiempo de recreo que los hombres. El patio al que salen es más pequeño que el de ellos, así como los espacios de ocio y el comedor. En Valencia, aun habiendo una contrata de servicios de limpieza, estas tareas las tienen que hacer las internas. No ocurre lo mismo en el módulo de los hombres, donde a los recluidos les limpian las celdas. No se tienen en cuenta las condiciones de las lactantes y se producen «numerosas situaciones de abusos» hacia personas homosexuales y transexuales. Paola, transexual, tuvo que interrumpir bruscamente su tratamiento de hormonas porque el CIE de Valencia no se lo facilitaba. En el mismo centro, un chico transexual fue llevado a dormir una noche a la celda de aislamiento por coger la bandeja de comida de otro interno. Tenía hambre. A la mañana siguiente, apareció con el labio reventado. WLW ha denunciado «insultos, amenazas o agresiones verbales basados en el aspecto o en la identidad u orientación sexual».

No hay asilo. Lucy, que llegó en patera a España tras tener que trabajar en Argelia como esclava sexual, logró salir del CIE de Granada después de que WLW le informara sobre el procedimiento para pedir asilo. Nadie en el centro le había dicho cómo hacerlo. La ONG documenta un buen puñado de casos de «violación del derecho a la protección internacional», porque las mujeres no fueron informadas «en ningún momento» sobre el derecho al asilo, en contra de lo que marca la ley. Por estos centros han pasado mujeres maltratadas, violadas y víctimas de trata, que tienen derecho a que se les reconozca la condición de refugiadas y quedar en libertad.

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