«Alicante es un ejemplo a seguir de convivencia»
Las Provincias, , 27-05-2012ALICANTE. Antonio Arroyo (San Lorenzo de la Parrilla, Cuenca, 1937) nació en el seno de una familia numerosa, de ocho hermanos, cuyo padre se dedicaba a la agricultura: «Mi padre quiso darnos estudios a todos porque pensaba en la estabilidad del trabajo con una carrera». Así que, después de cursar los estudios primarios en el pueblo, la familia se trasladó a Albacete, donde completó los estudios de bachillerato y el PREU.
Su elección por la Medicina no le fue difícil, ya que tenía un tío médico, Antonio. Tras el examen de grado en Murcia, se va a Valencia a estudiar: «El primer año era una criba, muy selectivo y se realizaba en la facultad de Ciencias». Cursa sus estudios universitarios con regularidad, puesto que «entonces la universidad no era conflictiva». Solo cuando acabó, en 1961, comenzaron las huelgas.
Se trasladó a Alicante, a la Residencia 20 – N: «Entonces no se utilizaba el término hospital, que les sonaba a asistencia para pobres, aunque luego se retomó el nombre». Allí obtiene una plaza de médico residente, un término que no era casual, según explica, porque «vivíamos en el hospital, aunque también teníamos días libres, pero se obligaba a vivir allí», donde coincide con varios compañeros de universidad. Con los dos años que pasó por ahí logró una «formación muy completa porque convivíamos con los especialistas».
Pero se produce un cambio de rumbo. En Oviedo abrieron un centro de rehabilitación con muchas perspectivas y se especializó en traumatología y rehabilitación. Pasa otros dos años en Asturias y «el doctor Maroto fue el que me impulsó a volver a Alicante». Y así cambia de especialidad y se inclina por la cirugía. Optó a una plaza en Alicante, «algo muy difícil porque la ciudad era muy apetecible, pero la conseguí».
De cirujano de cupo se incorpora a su nuevo destino: «Teníamos un número de cartillas asignadas y había una gran variabilidad de casos y se cobraba por cartillas, algo parecido a lo que ahora se habla de eficiencia en la Sanidad». Le asignaron el cupo de Elda, aunque «en las guardias no había y atendíamos a todos los casos que nos llegaban».
Hace un paréntesis. «Conocí a mi mujer, que también era emigrante procedente de Huesca y tuvimos cuatro hijos, tres de ellos están en el sector de la Sanidad y otro se decidió por la letras». Ninguno de ellos se ha movido de aquí y «ya tengo nietos, que eso arraiga todavía más».
Su orientación hacia la vida colegial le viene de la mano de Paco Bellver: «Me tocó la conciencia y me animó a presentarme como vicesecretario general, cargo en el que estuve 17 años». Tras esta etapa tiene un paréntesis de varios años en los que no desempeña ningún cargo.
Tras la renuncia de Ricardo Ferré al puesto de presidente y con poco tiempo, un mes antes de las elecciones, los propios compañeros le animan a presentarse: «Tuve que improvisar mi propia campaña porque yo iba en solitario». Me explica que las elecciones son abiertas, por urnas diferenciadas, por lo que en su primera elección, hace cuatro años, recogió el apoyo de sus compañeros que ya conocían su buen hacer y este año, en febrero, fue ratificada para dos años más.
Uno de sus primeros trabajos al frente del Colegio fue conocer la realidad de la profesión: «Recorrí todos los pueblos lo que, además de gustarme, me amplió el conocimiento de la provincia». Otra tarea a la que se dedicó fue rescatar el papel de la profesión en su entorno y en todo lo referente a Sanidad: «Habíamos sido desplazados, de alguna manera, por los sindicatos en papeles que nos correspondían a nosotros». También le ocupa el ejercicio de la medicina: «Desde el Colegio hay que velar por una práctica de la profesión dentro de la ética y mantener la formación continua de los médicos, algo que siempre se ha hecho». También le preocupa la estabilidad en el trabajo médico, porque su aspiración es que «el Colegio esté representado en todos los procesos de selección y espero recuperar esa presencia, ese día será una gran satisfacción a nivel personal».
Seguimos hablando de la institución colegial, de la vigilancia que ejercen y del régimen disciplinario, muy severo, que mantienen por el buen ejercicio de la profesión y la erradicación del intrusismo: «La colegiación obligatoria lo que trata de garantizar es el correcto ejercicio, que los especialistas lo sean de verdad y registren aquí su capacitación». Desde luego, lo lleva dentro, como el juramento hipocrático.
También ha compaginado su actividad médica con la docencia, ya que comenzó con el CEU, en el Colegio de Enfermería, la Cruz Roja, de donde salieron cinco promociones, de profesor asociado en cirugía y un largo etcétera.
Y hoy recibirá la distinción de Alicantino de Adopción. «Una sorpresa, no me lo esperaba, aquí han venido personas que han hecho mucho por esta tierra», pero se emociona cuando habla de la capacidad de acogimiento de esta ciudad. «Debería ser modelo y ejemplo a exportar, de cómo te puedes sentir uno más aquí, sin necesidad de perder tus raíces».
Además, remarca: «Vivimos en una tierra apetecida por todos, también por el clima, donde la gente viene a buscar trabajo con voluntad de convivencia y se integra con facilidad y se respeta su procedencia sin distinción».
La presidencia del Colegio de Médicos de la provincia y este nombramiento, los considera como un gran colofón a su carrera: «Me han dado una segunda partida de nacimiento». Si en lugar de poner, en el carné de identidad, lugar de nacimiento, pusiese, lugares del corazón, Antonio ya habría puesto San Lorenzo, Albacete, Valencia y Alicante. Tiene sitio para todos.
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