Gitano y europeo, en ningún sitio como en España

La Comisión Europea pone a España como ejemplo de integración de la comunidad romaní, aunque queda mucho por hacer

ABC, miriam ruiz castro madrid informe de fra/pnud, 26-05-2012

Un niño de etnia gitana de unos cuatro años sostiene un arma y apunta de frente a la cámara que captó la fotografía. Bajo la imagen, un titular: «Peligro, que vienen los gitanos». Es la portada de una publicación suiza del mes pasado en la que se alertaba de un aumento de la delincuencia en el país.

No es de extrañar que Suiza no aparezca entre los buenos ejemplos de estrategias para mejorar la integración de los gitanos recogidos en el último informe de la Comisión Europea.

«Los gitanos son un pueblo que no quiso ser Estado. Es un pueblo transversal, que atravesó toda Europa y que se adecua a la realidad que le rodea sin renunciar a sus costumbres». Esteban Ibarra es el presidente de la ONG Movimiento contra la Intolerancia. Lleva cuarenta años luchando contra «los crímenes del odio», o lo que es lo mismo, luchando por la integración de los que son diferentes.

«España es una avanzadilla en materia de integración de la población gitana», asegura. Así lo cree también el informe de la Comisión Europea, que ha puesto a España como ejemplo de promoción de la integración de los gitanos en la educación y el empleo. Sin embargo, el informe reprocha a España que no detalla la financiación asignada para estas políticas. De hecho, solo 12 países lo hacen.

La Comisión ha sometido a examen las estrategias nacionales que cada Estado miembro ha llevado a cabo en respuesta a lo pactado en abril de 2011. Y aunque la Comisaria de Justicia de la UE, Viviane Reding, ha destacado que los Estados miembros «han cumplido el compromiso de presentar una estrategia nacional», las conclusiones del último informe publicado conjuntamente por la Agencia Europea de Derechos Humanos (FRA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sostienen que muchos romaníes siguen padeciendo discriminación y exclusión social en toda la Unión.

«Persisten la discriminación y los prejuicios contra los gitanos», asegura el Director de la FRA, Morten Kjaerum. El informe que han elaborado se basa en dos encuestas realizadas sobre la situación socioeconómica de la población romaní y no romaní que comparte un mismo entorno en once estados miembros de la UE, incluido España.

Ibarra cree que «si los gitanos no están integrados, es porque no se les deja». Se refiere así a la Francia de Sarkozy con su expulsión de los gitanos rumanos, a la persecución de gitanos en Hungría o a los ataques racistas que en Italia sufre el colectivo. «Cuanto más al este, más perseguidos están los romaníes». Por eso no le extraña que «comparada con el resto de Europa, no es difícil que España ocupe los puestos de mayor integración».

Saray es un ejemplo de este extraño colectivo. Estudia Derecho en la Universidad de Cádiz. Era muy buena estudiante y, cuando cursaba la secundaria, sus profesores la animaron a seguir estudiando. Al principio su familia no se lo tomó muy bien.


«Los domingos trabajaba en el mercadillo con mis padres, en nuestro puesto de frutas. Ellos siempre pensaron que cuando acabara la secundaria trabajaría en la venta ambulante». Pero la matriarca de la familia, su abuela Charo, convenció a su padre de que «la niña vale para hacer algo grande». «Sigo teniendo valores gitanos. Para mí, la familia es lo más importante y respeto a mis mayores. El día que me case, lo haré al ritmo del Yeli», dice en referencia al ritual gitano.


Para Ibarra, la explicación del éxito integrador de España en lo que a gitanos se refiere es la conciencia que éstos tienen de «ser parte de nuestro folclore, de nuestro cante. También por sus trabajos de artesanía y peletería. Enriquecen nuestra cultura y forman parte de ella».


Pero en Europa la situación sigue sin ser la deseada. Muchos niños gitanos están todavía sin escolarizar y vagan por las calles. Los gitanos cerecen con frecuencia de iguales oportunidades en el mercado laboral y son víctimas de racismo, discriminación y exclusión social. Tanto el informe de la Comisión como el del FRA/PNUD coinciden en un punto: queda mucho por hacer.

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