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Los forenses dicen que el arma incautada no produjo las heridas de Clara Rangel

las lesiones de la víctima no coinciden con el cuchillo aprehendido El padre del acusado pide perdón por su hijo durante el juicio por el crimen

Diario de noticias de Gipuzkoa, , 17-05-2012

donostia. Los forenses citados en el juicio por la muerte de Clara Rangel en Errenteria presuntamente a manos de su compañero sentimental aseguraron ayer que no existe ningún signo que indique que la víctima pudo defenderse y que las heridas de la fallecida no son “compatibles” con el cuchillo considerado como arma homicida.

En la tercera sesión del juicio que se celebra por esta causa en la Audiencia de Gipuzkoa, declararon tres forenses del Instituto Vasco de Medicina Legal, que acudieron al lugar de los hechos tras el crimen y que practicaron la autopsia al cadáver, y que calificaron como “pericialmente no admisibles” los análisis que apuntan a que el acusado tenía una alta tasa de alcohol en la sangre cuando mató a su pareja.

Según explicaron, Clara Rangel, de 33 años, sufrió nueve heridas, una de las cuales le seccionó una arteria “de gran calibre” en el cuello, lo que provocó una pérdida “masiva y rápida” de sangre que le ocasionó la muerte en un corto espacio de tiempo.

Otra de las heridas, situada en la espalda, es lo que les lleva a afirmar que no pudo ser hecha con el cuchillo de cocina que la Ertzaintza encontró cubierto de sangre en manos del presunto agresor, ya que tiene una profundidad de 9 centímetros y una anchura de 3,2. Por el contrario, la hoja del arma guardada como prueba es superior a esa medida en el centímetro noveno, lo que en su opinión tendría que haber producido una lesión mayor, de más de cuatro centímetros de ancho.

reconstrucción Uno de los médicos manifestó que “físicamente es imposible” que ese sea el cuchillo que acabó con la vida de Clara. Sin embargo, señaló que sus “características generales” un solo filo y borde cuadrado de la hoja sí que coincidirían con las del arma aprehendida, con la que supuestamente el procesado también agredió a su propio hermano y al hijo mayor de la víctima. Los forenses, en función de las manchas de sangre encontradas en el dormitorio de la pareja, de su disposición y características, establecieron la reconstrucción “más lógica” del crimen, ocurrido el 29 de diciembre de 2008.

Según dijeron, debido a la a la gran cantidad de sangre que impregnaba la almohada y a la existente en la pared de la cabecera de la cama y de la mesilla, la víctima se hallaba tumbada boca arriba o boca abajo. Mientras era acuchillada, giró sobre ella misma, lo que explicaría las heridas tanto en el tórax y la parte anterior del cuello como en la espalda y en la región cervical posterior.

También añadieron que podría haber levantado un brazo en “un gesto instintivo de defensa” y por eso fue herida dos veces en una axila, aunque afirmaron que en las manos de Clara no aparece ningún corte ni signo de haberse defendido. En sus uñas se encontró sangre “con un perfil compatible” al del presunto agresor.

Los expertos consideraron que la víctima no llegó a estar de pie porque no hay evidencias visibles de ello su hijo dijo ayer que la vio “levantada” y “ensangrentada” cuando acudió en su auxilio, ya que la sangre que tosió y la que la arteria seccionada propulsó solo aparecen a la altura del cabecero y la mesilla.

el perdón del padre Los forenses señalaron que el informe de alcoholemia practicado al acusado en el Hospital Donostia, tras su ingreso con graves heridas por haberse autolesionado y que dio un resultado de 0,97 miligramos por litro de sangre, carece de “rigor” al no haberse contrastado con una “necesaria” prueba posterior. Uno de estos expertos explicó que esos resultados son útiles a efectos clínicos pero no tienen “el mínimo de fiabilidad”, pues su porcentaje de errores, con falsos positivos y negativos, “es suficiente para que no sea admitida como prueba pericial”.

Los mismo ocurriría con el examen sobre cocaína, al que fue sometido el procesado cinco días antes al ser ingresado en urgencias por un incidente causado por el abuso de drogas, según señaló el forense. La gran ingestión de alcohol y un desorbitado consumo de cocaína fueron esgrimidos el martes por el acusado para explicar la situación en la que se encontraba cuando mató a Rangel.

Además de varios ertzainas, que vieron al procesado “balbucear” en la escena del crimen, y médicos del Hospital Donostia que lo atendieron y dijeron que no podía hablar, declaró el padre del presunto agresor, quien pidió perdón “a la sociedad española y a la vasca” y solicitó al jurado que dé “una oportunidad” al acusado y le imponga una pena “ajustada”.

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