Homicidio de violencia machista en Errentería

El novio de Clara Rangel dice que perdió "la conciencia" al cometer el crimen

Diario de Noticias, EFE, 16-05-2012

El hombre acusado de matar a su compañera sentimental, Clara Rangel, hace tres años en Errenteria recuerda haber cogido el cuchillo con el que cometió el crimen pero no lo que ocurrió después, ya que asegura que perdió “la conciencia” tras una noche en la que había consumido gran cantidad de alcohol y cocaína.

DONOSTIA. El procesado, de nacionalidad venezolana al igual que la fallecida, para que el que las acusaciones piden 35 años de prisión, ha declarado hoy ante el tribunal del jurado que le juzga en la Audiencia de Gipuzkoa.

También han testificado su hermano y el hijo mayor de la víctima, que resultaron heridos al intentar impedir que el acusado siguiera acuchillando a la mujer, de 33 años, en el domicilio donde vivían en Errenteria.

El imputado, de 32 años, que tenía tres menos cuando ocurrieron los hechos, el 29 de diciembre de 2008, ha afirmado que lo que hizo lo está “matando por dentro” y que por ello está pagando una “doble condena”, la “impuesta por la sociedad” y la que tiene consigo mismo.

Ha explicado que su relación con Clara Rangel, con la que tuvo dos niños, de dos años y seis meses el día del crimen, fue “muy normal al principio, con muchas metas y cosas bonitas en mente”, pero que luego “se fue deteriorando la comunicación y la convivencia”.

Ha insistido en que en los tres meses antes de matarla “se complicó todo”, ya que percibía que ella estaba “más distante” y empezó a sentir celos y a “controlar” su teléfono móvil porque sospechaba de relaciones con otros hombres, “alterado” además por el alcohol y la cocaína, sustancia que ha dicho que empezó a consumir en 2003 a partir de la muerte de su madre.

“El problema era tan grande que me encerré en un círculo”, ha destacado el acusado.

Ha recalcado, sin embargo, que nunca maltrató ni amenazó a su compañera y ha negado que unas semanas antes intentara agredirla durante una discusión en la cocina, testimonio que no coincide con el de el hijo de la víctima fruto de una relación anterior de esta y que entonces tenía 16 años, quien ha señalado que su madre le dijo que había hecho un corte en un dedo a su pareja al intentar defenderse con un cuchillo porque quería pegarla.

El procesado ha afirmado que desde la tarde anterior hasta el mediodía del 29 de diciembre en que mató a su compañera había bebido varias cervezas, “cubatas”, una botella de vino y cava y había consumido de 5 a 7 gramos de cocaína, droga que a veces compraba pero a la que le solían invitar, según ha dicho.

Ha relatado que, cuando llegó al domicilio, la mujer comenzó a discutir con él y le dijo que se estaba “volviendo loco” y que “ya no iba a disfrutar más de su cuerpo”, palabras que le hicieron “sentirse muy mal y despreciado”, tras lo cual salió del dormitorio que compartían y tomó una botella de vino.

Ha dicho también bebió cava tras una disputa posterior, en que la fallecida le llamó “gusano” y “más barbaridades” como que “no era un hombre y no servía”. Después cogió el cuchillo y, a partir de ese momento le pasó algo que no se “explica”, pero que le impide recordar que asestó a Clara Rangel nueve puñaladas, que agredió a su hermano y al hijo de la víctima y que luego se autolesionó.

El acusado ha dicho que desconocía que su compañera estuviera embarazada de cinco o seis semanas y ha subrayado que si hubiera estado en sus “facultades” no la habría matado porque ella era su “vida”.
“Sentía que sin ella se me acababa la vida. No sé que pasó, me jugó una mala pasada la cabeza”, ha añadido.

Tanto su hermano como el hijo de la víctima han admitido que cuatro días antes del crimen, el imputado, tras una discusión con la mujer, fue llevado a urgencias en un estado de gran alteración causado por el abuso de drogas.

El hijo de Clara vio en ese comportamiento el de “un loco”, algo que ya había comentado con su madre porque “veía personas que no existían y acciones que no eran verdad”, y además Clara Rangel le había dicho que el imputado pensaba que ella tenía relaciones con el propio hermano del acusado, lo que también ha corroborado el cuñado de la víctima.

Ha manifestado además que el día del crimen el rostro del acusado “no era normal” y ha asentido cuando la fiscal le ha preguntado si sus ojos eran “diferentes, como de loco, de ido”.

El hermano ha dicho que las agresiones al hijo de Clara y a él fueron el resultado del forcejeo y ha manifestado que si el acusado los hubiera querido matar lo habría hecho.

El hijo de Clara, que a causa de los hechos ha necesitado atención psicológica, ha declarado que, de no haber intervenido el hermano del acusado, él podría estar muerto.

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