Ilusión para Europa (y la ultraderecha)
Francia se enorgullece de ser la esperanza para los europeos pero en junio puede ser el faro de la ultraderecha
La Vanguardia, , 08-05-2012Francia se sentía cómoda ayer en el papel de centro del universo, tal y como reflejaban los informativos de las grandes cadenas de televisión al comentar los ecos exteriores de la victoria de François Hollande. La imagen de Francia como alternativa al dictado alemán, la Francia portadora de la esperanza de todos los europeos, la Francia “que no es un país cualquiera”, como avisó Hollande en su primer discurso, en Tulle, ocultaba un dato menor: ha llegado el ahora o nunca del Frente Nacional, cuya líder deseaba la voladura de la UMP de Sarkozy. Marine Le Pen dijo que iba a votar en blanco y 2.147.173 franceses la siguieron el domingo.
Nunca el partido fundado a principios de los 70 por Jean Marie Le Pen tuvo un panorama menos malo para ganar representación en el Palacio Borbón, de París, la sede de la Asamblea Nacional. Francia celebrará elecciones legislativas a doble vuelta los días 10 y 17 de junio con una UMP descabezada y sin rumbo, con el efecto de referéndum sobre Sarkozy ya descontado y una ciudadanía que ha dejado de satanizar al nuevo Frente Nacional de Marine Le Pen que incluso le dará un toque mono al partido en junio con las siglas de Movimiento azul Marine, un juego cromático al servicio del ideal de ser un partido más.
“La UMP es un sindicato de intereses electorales. Si hay derrota (de Sarkozy), ¡es el fin de la UMP”, señaló días atrás Marine Le Pen, la otra ganadora de las presidenciales de Francia. Tras la primera vuelta, ya avisó que el Frente Nacional no iba a respaldar al presidente francés aunque eso supusiera el triunfo socialista sino que deseaba su derrota para ganar impulso en la “tercera vuelta”, es decir las legislativas.
La UMP mostraba ayer los primeros síntomas de barco en vías de hundimiento, como le ha sucedido a todas las siglas de la derecha francesa una vez el patrón del barco ha sido derrotado en el quierda”, señaló. Las cifras le avalan. También ayer portavoces de uno y otro partido coincidieron en criticar el panorama de las numerosas banderas extranjeras visibles en la celebración socialista de la plaza de la Bastilla. “Vi muchas banderas argelinas, lo que demuestra que la partición en comunidades de la sociedad francesa no es una utopía sino una realidad”, señaló Louis Aliot, director de campaña de Marine Le Pen.
El Frente Nacional ya no es el movimiento tabú que llevó a los dos grandes partidos de Francia a establecer un pacto tácito en los 80: el llamado frente republicano o la política del cordón sanitario. Fue la reacción al espectáculo, entonces intolerable para izquierda y derecha, de la irrupción de un partido xenófobo, agresivo y capaz de considerar el holocausto “un detalle a pie de página de la Historia”. Aquel pacto fue adoptado después de que en 1986 el Frente Nacional obtuviese 35 de los 577 escaños que componen la Cámara Baja. Estos 577 escaños se deciden por un sistema uninominal a doble vuelta: es elegido diputado el candidato que en primera vuelta gana el 50% de los votos o, en su defecto, pasan a la segunda los que hayan obtenido al menos el 12,5 de los sufragios. El pacto republicano consistía en no votar bajo ninguna circunstancia en segunda vuelta por el candidato del FN, al modo del voto socialista por Chirac que la izquierda francesa depositó en el 2002 con la nariz tapada.
Desde 1986, el Frente Nacional no tiene voz en la Asamblea Nacional. Esta vez, todo apunta a que tendrá representación. Puede ser el otro gran mensaje de Francia a Europa, el reverso del triunfo saludado ayer por muchos europeos. La buena noticia es que el Frente Nacional es siempre más fuerte en las presidenciales que en las legislativas –en términos de votos absolutos– donde no hay el efecto protesta y el movimiento ultraderechista acusa su escasez de cuadros presentables. Si se repitieran las cifras de la primera vuelta presidencial, el Frente Nacional tendría opciones en 59 de las 577 circunscripciones.
(Puede haber caducado)