Algo nos pasa
Sanidad ciega
Deia, , 08-05-2012LA clase media, ese concepto ideado por la derecha, la más permeable al miedo por perder el paraguas de la protección social, es tristemente en la que más cala ese soniquete de que “no hay para todos y los primeros, los de aquí”. Antonio Basagoiti nos ha servido una escenificación peligrosamente populista muy bien dirigida pero no entraré, porque ya se han escrito ríos de tinta, en analizar sus diarreas verbales ni preguntarme por sus principios morales de buen cristiano. Los que comparten recetas con Basagoiti no cesan en el goteo. Nosotros tampoco.
Con la crisis como excusa esta vez le ha tocado a la falta de asistencia sanitaria a los inmigrantes por falta de requisito administrativo. Pero en medio de la ofensiva, cabría recordar que nosotros, como sociedad, hemos convenido en darnos una sanidad pública universal y que toda universalidad está compuesta por muchas particularidades. La única finalidad es la de mantenernos sanos y que, entre todos, nos procuremos atención médica. La hemos creado para atender al hombre y a la mujer, al joven y al anciano, al de la ciudad y al del campo, al rico y al pobre, al que la paga y al que no paga. Y siendo por tanto, ciega, jamás nos permitiríamos que la sanidad no atienda a una persona que no cotiza porque no tiene trabajo, porque nuestra moral creó una sanidad que no hace distingos de bolsillo, sexo, raza u origen. La única particularidad que debe ver la sanidad pública es si la persona está sana o enferma, al igual que bajo el juramento hipocrático el médico ha de regirse bajo el principio de curar a los enfermos, ciegamente, sin diferencias. Un puntal del que nos hemos dotado, es nuestra y para nosotros, un servicio que los gobiernos administran y gestionan bajo nuestro encargo. Sin embargo, una vez más, lo urgente intenta laminar lo importante, el recorte se impone por debajo y no al revés, otra aberración por la que cabe preguntarse: ¿Por qué no negarle la asistencia pública sanitaria a quien puede disponer de ella por la vía privada? El ahorro gracias a los expulsados del sistema no parece eficaz y sí una lanzadera para la merma de la salud pública y un abismo entre los derechos básicos de todas las personas de la que fue pionera esta Europa y que tanto nos cautiva cuando paseamos hechizados por las calles del París multicultural.
Sin papeles no hay tarjeta sanitaria. ¿Quién puede soportar un discurso como este? La situación de irregularidad es producto en muchos casos de la crisis económica y alto desempleo, por tanto, negar la sanidad pública a los inmigrantes irregulares, además de hacer constar que tenemos muy poca memoria, nos conducirá a más aumento de la exclusión social y más marginación, un terreno abonado para la vulnerabilidad de hombres, mujeres, niños y ancianos y por tanto, la semilla de una sociedad pobre, cruel y además, enferma.
En la era de los peligrosos de fina estampa solo cabe preguntarse por el siguiente paso, cuando una legión de parados deje de cotizar puesto que se ha terminado su prestación por desempleo. Y esos son de aquí.
(Puede haber caducado)