La peor enfermedad
El Mundo, , 07-05-2012Se multiplicarán enfermedades por falta de atención. Patologías no detectadas a tiempo harán peligrar vidas y exigirán más remedios que su prevención. Se saturarán las urgencias. Eso no es lo malo. Inadvertidamente, se nos habrán inoculado dosis letales de inhumanidad.
Los Derechos Humanos concretan la razón ética y son fruto de dos sentimientos morales: la compasión ante el sufrimiento del diferente y la indignación ante su vulnerabilidad frente al fuerte. No podemos reducir la política a gestión sin prioridades, la economía a contabilidad, la moral a eficiencia, los valores sociales al coste/beneficio. Hemos olvidado la percha de la ética. De ella hay que colgar la política, que exige bien común (de todos, no de los míos) y justicia, y la economía, que asigna moral y recursos (en ese orden). Nuestros sentimientos morales más dignificantes se volcaron en las leyes del mar, en las de Indias e incluso en las de la guerra. «¿Acaso no son seres humanos como nosotros?», proclamaba Fray Antón de Montesinos en 1511. En un barco a la deriva, los primeros que deben saltar a los botes son los más vulnerables, sin distinción de procedencia. El desarrollo de un pueblo se mide por su protección de los más frágiles. Y por cómo lo traduce en leyes e instituciones.
Con todo, dudo que haya un solo sanitario que se niegue a atender a un enfermo por los papeles. En otro caso, se le aplicaría la frase del Maestro: «Médico, cúrate a ti mismo».
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