Ajustes en el sistema sanitario
El País, , 04-05-2012Trabajo en un hospital y veo diariamente grupos de pacientes esperando para volver a su casa después de sus terapias de diálisis, rehabilitación o quimioterapia. Rostros cargados de fatiga, desconcierto y esperanza por olvidarse durante unas horas, hasta la jornada siguiente, del sufrimiento que los acompaña cada día.
La mayoría son ancianos en sus sillas de ruedas, solos (los más afortunados con algún acompañante), esperando una ambulancia en fríos pasillos y entradas del hospital. Las ambulancias que antes cubría la Seguridad Social a la que han estado cotizando durante tantos años, para verse ahora obligados a pagar por un derecho conseguido con tanto esfuerzo.
No soy médico, aunque si lo fuese seguiría tratando a los “enfermos sin papeles”. No nos olvidemos que estamos hablando de pacientes, de personas. No soy enfermera, auxiliar, celadora o administrativa, pero también apoyaría sus reivindicaciones. Soy investigadora y qué decir de eso y las reducciones que ha sufrido la ciencia. Eso da para una carta aparte.
Pero esta la escribo como ciudadana de a pie para recordarles a los políticos gobernantes que cada vez que aprueben leyes como estas, recuerden en su cabeza la foto con las caras de todas esas personas que cada día esperan una ambulancia para volver a sus casas o a sus residencias. ¿De verdad se merecen eso?, ¿de verdad nos merecemos esto?
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