Sarkozy, la tentación del extremismo
En su primer mitin tras las elecciones, alude a Zapatero para desacreditar a su rival
El Mundo, , 24-04-2012Nicolas Sarkozy había anunciado una «sorpresa» para la primera ronda electoral. Esperaba superar en votos a su adversario socialista y pensaba que esa gesta daría un nuevo impulso a sus opciones de revalidar el mandato presidencial. Pero no. El domingo 22 de abril quien salió vencedor en la eliminatoria de los comicios al Elíseo fue François Hollande, con un 28,63 % de sufragio, debiendo el jefe de Estado saliente consolarse con un 27,18% de score. Eso sí: hubo sorpresa.
La sorpresa de estas elecciones a la Presidencia de la República se llama Marine Le Pen, y ahora que ha dejado de ser la candidata del Frente Nacional se autoproclama «la jefa del verdadero partido de la oposición». Lo que no dice la líder ultra es que, por encima de todo, ella y sus electores tienen quizá la llave de la designación presidencial el próximo 6 de mayo.
De acuerdo. Hollande ha obtenido un plebiscito tan amplio en esta primera cita que supera los resultados de François Mitterrand en 1981 (25,85 ). Pero cuidado. Como ya advirtió el consejero de Sarko Brice Hortefeux, «no siempre el vencedor de la primera ronda se impone en la segunda». El reagrupamiento de la derecha de cara a la conquista final del Elíseo ya le jugó malas pasadas al mismo Mitterrand en 1974, a pesar de liderar la primera ronda con un apabullante 43,25, y a Lionel Jospin en 1995, cuando empezó ganando con un 23,3% y luego claudicó en la final ante Chirac. A esa esperanza se aferra Sarkozy y por eso se atreve Éric Besson a decir que «¡hay partido!».
Pero, ¿hay de verdad partido? Según el sondeo realizado a pie de urna por CSA, el aspirante del PS ganará con holgura al líder de la Unión por un Movimiento Popular con un marcador de 56% a 44%. Nadie en el cuartel general del presidente-candidato da pábulo a esos cálculos. Y tampoco se contempla alcanzar un pacto inmediato con el Movimiento Democrático, aceptando algunas de sus cláusulas programáticas y anunciando el nombre de François Bayrou como futurible primer ministro. Ésa es una opción secundaria.
Al contrario, Sarkozy y su asesor Patrick Buisson estiman que la derecha tradicional les ha castigado por los guiños cómplices al diputado centrista en la recta final.
Si hay un aliado hacia el cual mira hoy el aspirante conservador es Marine Le Pen y sus 6,42 millones de electores. Si su padre Jean-Marie obtuvo en 2007 3,8 millones de apoyos y Sarkozy ha perdido en cinco años 1,69 millones de partidarios, es fácil suponer que la mayor parte de esos desertores forme parte de esos 2,6 millones de nuevos admiradores de la rubia ultranacionalista.
Por eso el presidente-candidato se dirigió a ellos sin mentarlos, al final de la jornada electoral: «Han emitido un voto de crisis que muestra sus inquietudes y sufrimientos. Les preocupa el control de nuestras fronteras, las deslocalizaciones, la inseguridad, el amor por la patria y preservar nuestro modo de vida, que es la cuestión principal de estos comicios. Y yo comprendo esas angustias». Y, ayer, en el primer mitin organizado tras perder la primera vuelta, insistió: «Es un voto de sufrimiento. Yo les digo: ‘Os he escuchado’. Es un momento crucial. Los franceses deben tener los elementos para elegir y yo no me esconderé, no me amilanaré. Y si el señor Hollande se amilana, será su responsabilidad».
El mismo foro le sirvió también para aludir de nuevo a España, como solía hacer durante la campaña: «El único jefe de Gobierno que recibió a Hollande es José Luis Rodríguez Zapatero, que Hollande citaba como modelo. ¿Le cita aún?», exhortó.
Según Le Figaro, Sarkozy se reunió el domingo con sus consejeros y dio la siguiente consigna: «No vamos a cambiar de valores. No se negocia con nadie y no se traspasa la línea roja».
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