Francia hace temblar a Europa

La Comisión Europea alerta del «populismo y extremismo» que representa Le Pen El Frente Nacional promueve la vuelta al franco y la destrucción del proyecto de la UE

El Mundo, JAVIER G. GALLEGO ROSALÍA SÁNCHEZ BRUSELAS BERLÍN CORRESPONSAL ESP. PARA EL MUNDO , 24-04-2012

Detrás de la victoria de François Hollande o la derrota de Nicolas Sarkozy en la primera vuelta de las presidenciales en Francia hay algo que preocupa, y mucho, en el entramado institucional europeo. El auge de la extrema derecha al calor de la crisis económica ha quedado más que patente en los comicios franceses, donde casi un 18% del electorado, es decir, 6,42 millones de personas adultas, votaron el domingo a la ultraderechista Marine Le Pen, líder del Frente Nacional y convencida de la inutilidad de la UE y el euro.

La del domingo fue una muestra de la creciente corriente de euroescepticismo que surge en el Viejo Continente, generalmente acompañada de un ideario nacionalista y xenófobo que dice mucho del debilitado concepto de Europa que quedará tras la crisis. Ayer, la Comisión Europea volvió a alertar del «populismo y extremismo» que representa Le Pen y «cuyos valores son opuestos a los que intentan transmitir las instituciones europeas».

Pero la realidad es que la tercera fuerza más votada de Francia es un partido que promueve la vuelta al franco y la destrucción del proyecto europeo, al menos de esa «Europa de Bruselas» que impone austeridad y sacrificio para enderezar el curso de la crisis económica. Quizá por su tamaño y por lo que Francia ha representado para la UE el impacto es mayor, pero el auge de la extrema derecha en Europa es un proceso que viene gestándose desde hace años.

El Frente Nacional de Francia tiene una réplica en países como Finlandia, Dinamarca, Austria, Grecia y Holanda, entre otros, donde su aceptación entre el electorado ha ido creciendo conforme la crisis económica se hacía más dura. En Bruselas rechazan el análisis «simplista» de que la austeridad impuesta desde fuera sea la causa del resurgimiento de la extrema derecha europea, pero reconocen su responsabilidad de no haber sido capaces de convencer lo suficiente a los ciudadanos. El ministro de Exteriores español, José Manuel García-Margallo, reconocía ayer que «más de un 18% del Frente Nacional es una pésima noticia para cualquier demócrata y cualquier europeísta», y el vicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, mostraba su preocupación por que «una candidata más bien xenófoba haya obtenido ese resultado».

Visto su amplio respaldo, los electores de Marine Le Pen tendrán la llave del resultado de la segunda vuelta de las elecciones, que será decisiva para el futuro próximo de la Eurozona. «Está claro que el manejo de la crisis económica va a cambiar mucho en función de quién gane», aseguran fuentes europeas. Mientras que de Sarkozy se espera la misma política de seguidismo hacia Alemania, Hollande ha decidido presentar batalla al poder establecido en Europa y representado por la bicefalia de Merkozy.

Merkel no hará campaña por Sarkozy, cortando así las amarras políticas que la unían al francés. Su portavoz, Georg Streiter, dejó claro que la canciller alemana «sigue apoyando» su reelección, pero que «en lo que respecta a la campaña, no tenemos ningún plan». Marcaba así claramente una distancia prudencial con el destino electoral del todavía presidente de Francia, lo que no quiere decir que Merkel se sienta indiferente ante la caducidad del dúo Merkozy.

La canciller dejó entrever ayer su disgusto por el resultado electoral francés durante su visita a la feria tecnológica de Hannover, pero sus declaraciones públicas se limitaron a expresar «preocupación» por el alto nivel de voto de la extrema derecha, palabras con las que condenaba implícitamente cualquier potencial acuerdo de Sarkozy con Le Pen y con las que, también implícitamente, otorgaba toda la legitimidad a Hollande para formar el próximo gobierno de París. A estas palabras conciliadoras con el socialista francés, al que anteriormente el Ejecutivo alemán presentaba como enemigo número uno del Pacto Fiscal, se sumaron ayer las del ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, que insistió en que «Alemania seguirá manteniendo su estrecha cooperación con Francia», ante la eventual llegada de Hollande a la Presidencia.

Pero en Berlín y en Bruselas saben que las cosas no van a ser igual de fáciles si Hollande gana. El candidato socialista pretende enmendar el Pacto Fiscal y quiere introducir la palabra «crecimiento» entre tanta «austeridad». «Es una posición que en teoría beneficia a España, pero siempre existe el riesgo de que se abra una brecha insalvable entre el norte y el sur», dijo ayer otra fuente comunitaria rescatando la idea de la Eurozona a dos velocidades.

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>Videoanálisis de R. Sánchez.

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