Una de Hollande
La Vanguardia, , 24-04-2012n la barra de los bares ayer lunes se oía a los camareros ordenar a la cocina: “Marchando, una de Hollande”. Veamos los titulares de la prensa. Para ABC, “Los votantes de Le Pen tienen la llave del palacio del Elíseo”; y para La Razón, “La derecha coge fuerza”. Todos contentos. De lo bien que nos puede ir dan idea los ataques durante la campaña electoral de Nicolas Sarkozy a España y su intento de echarnos al hoyo. Pero todo sea por el bien de la derecha. Sigamos. El País señala que “Hollande devuelve la esperanza a la izquierda al ganar a Sarkozy” y El Mundo que “Hollande gana la primera vuelta y se sitúa a un paso del Elíseo”. Por fin, La Vanguardia describe: “Hollande supera a Sarkozy y Le Pen da la sorpresa”.
Sucede que los entusiastas madrileños de la derecha cerril son gatitos ciegos, como diría Javier Pradera. En Moncloa, por el contrario, tienen puestas las luces largas y cruzan los dedos mientras rezan el Trisagio Angélico, confiando en el triunfo de Hollande en la segunda vuelta del 6 de mayo. Porque esa victoria iría en la línea de cuanto acaban de señalar el 14 de abril en el seminario del Institute for New Economic Thinking, financiado por George Soros, los premios Nobel de Economía Stiglitz y Krugman, según los cuales el Bundesbank y la política de la canciller alemana, Angela Merkel, están a punto de liquidar el euro. Porque será imposible recuperar la confianza y el crecimiento sobre la base exclusiva de imponer la austeridad.
Otra figura, el alemán Heiner Flassbeck, economista jefe de la agencia de la ONU para el comercio mundial, ha sostenido en ese mismo foro que Berlín comete el mismo error con los países de la zona euro en el que incurrieron los vencedores de la Primera Guerra Mundial respecto de Alemania, exigiéndole reparaciones imposibles de cumplir. Porque si a los países no se les dan los medios de crecer no podrán reembolsar sus deudas. De manera que la alternativa se reduce a no pagar o a salirse de la unión monetaria. Los dirigentes alemanes parecen incapaces de entender que van a provocar el suicidio económico del conjunto del continente, como ha escrito Krugman en The New York Times el pasado 15 de abril. La llegada de Hollande puede cambiar las cosas. Son los renglones torcidos de Dios, conforme al título de aquella novela de Torcuato Luca de Tena. Veremos.
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