Editorial
Francia, cambio a la izquierda o sombra ultra
La victoria del socialista Hollande puede ser un soplo de aire fresco ante la ineficaz política del neoliberalismo conservador que hunde Europa, pero Sarkozy puede aún valerse del auge de la ultraderecha y ganar la segunda vuelta
Diario de Noticias, , 24-04-2012FRANÇOIS Hollande y Nicolas Sarkozy se disputarán dentro de quince días el trono del Elíseo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. El veredicto del primer acto de los comicios ha confirmado, tal y como vaticinaban los sondeos, la victoria del candidato socialista, pero con un devenir definitivo poco claro aún, más allá de que Francia parece apostar por un cambio que pasa por despojar a Sarkozy del timón del país, tal y como siguen confirmando los sondeos de cara a esa segunda vuelta. En segunda línea, el descontento social por la crisis económica y política lo ha capitalizado la extrema derecha y el discurso antieuropeísta y xenófobo del Frente Nacional de Marine Le Pen, que ha logrado superar el mejor resultado obtenido nunca por su padre. Y también en buena medida la alternativa de la izquierda anticapitalista de Jean Luc Melenchon, aunque no ha cumplido con las expectativas más optimistas. De cara a la segunda vuelta, Hollande cuenta con el voto de toda la izquierda y los ecologistas para descabalgar al actual presidente por su política antisocial y seguidista de Angela Merkel. Sarkozy, en cambio, está obligado a pescar en el caladero de la ultraderecha, un electorado al que ha cortejado con escaso éxito durante su cambiante campaña electoral y al que ahora cita sin pudor ético con un discurso más extremista. Una victoria de Hollande con fuerte apoyo de los votos de las opciones de izquierda sería un torpedo en la alianza germano-francesa Merkozy, responsable de la depresión en la que ha entrado buena parte de la Unión Europea por su inflexible política de austeridad fiscal sin margen al estímulo para el crecimiento, y el camino hacia un cambio en el descalabro actual del proyecto europeo sometido a los intereses de la especulación y la corrupción de los mercados. En clave ideológica, el veredicto de los ciudadanos franceses también es un respiro para la maltrecha y desmoralizada izquierda europea, que apenas gobierna y, lo que es peor, parece incapaz de sostener el Estado del bienestar. Pero la lectura de la fotografía del primer round de las presidenciales no puede pasar por alto el éxito de la ultraderecha con su mensaje de un nacionalismo ramplón, casposo y xenófobo. Desgraciadamente, el auge de la ultraderecha es ya un fenómeno europeo consistente al que la prensa derechista de Madrid jalea, como en los tiempos del régimen franquista, sin complejo alguno.
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