Mesa de redacción
Ultraderecha
Deia, , 24-04-2012LA ultraderecha existe. Una verdad de Perogrullo, sí; sobre todo, a la vista del éxito de Marine Le Pen el domingo en el Estado francés o de los problemas del Gobierno de Holanda o de los brotes neonazis de Alemania o los casos de Finlandia, Suecia, Dinamarca… Sin embargo, aunque sea o parezca una perogrullada, hay que decir que la ultraderecha existe. En algunos países ha irrumpido con fuerza, mientras que en otros ha adoptado una pose camaleónica, a la espera de su oportunidad. En el Estado español, la ultraderecha se ha mimetizado en el seno del PP. ¿O alguien duda de que la afirmación de que la ultraderecha existe valga también para España? Mariano Rajoy no necesitó de una segunda vuelta para recibir los votos de sus más ultramontanos compañeros en ese amplio espectro sociológico que llamamos la derecha. No ha tenido una Marine Le Pen que le haya disputado públicamente el voto en primera instancia y que le marque el terreno para que mendigue su apoyo en la segunda y definitiva. No la ha tenido públicamente, recalco, porque el PP ha sabido mantener una cohesión en torno suyo a base de prometer un paraíso ultraconservador y ultraneoliberal, una vez superado el valle de lágrimas socialista. Y en esas estamos, con la máquina de recortar derechos a pleno rendimiento y el Estado de las Autonomías en el ojo del huracán. Rajoy sabe que la dosis que debe facilitar a su ala ultraderechista va a ser cada vez más fuerte, o acabarán buscándose otro camello.
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