Colaboración
Los musulmanes: un cómodo enemigo
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 23-04-2012MÁs allá de la épica que luego le quiera dar cada uno, las naciones, sean éstas con o sin Estado, son por encima de todo una sola cosa: un grupo más o menos numeroso de personas. Luego, ya digo, podremos creer que sus componentes son los descendientes de los legionarios romanos, como los rumanos, de los aztecas, como los mexicanos… o de los barcos, como los argentinos. Tanto es así que ni siquiera es obligatorio que esa nación tenga un territorio sobre el que vivir, y ejemplo de ello pueden ser los judíos o los armenios, quienes se han visto privados de una nación durante siglos. O los palestinos, por cierto.
Eso sí, como grupo que son, y para seguir siéndolo, necesitan un “algo”, un aglutinante que los mantenga unidos. Una idea que varia según cada nación pero que en todas cumple la misma función: mantener al grupo unido y a su vez distanciado de otros grupos. En Estados Unidos a esa idea se le llamó “destino manifiesto”: ellos eran los elegidos para levantar una gran nación sobre el solar americano. En la Alemania nazi fue el imperio ario. Y así en todas y cada una de las naciones.
Sin embargo, también la crisis afecta a los grupos y sus ideas aglutinantes. En tiempos de bonanza todo es posible, pero en tiempos de crisis es más complicado vender imperios, grandes proyectos e incluso los más modestos. ¿Y entonces qué se hace para tener unido al grupo?
Nada nuevo bajo el sol: los grupos de personas son tan viejos como los hombres, y las recetas más que ser conocidas están ya tatuadas a fuego e historia en nuestro código genético. Si no tenemos fondos para construir un proyecto de futuro, dirigimos la mirada hacia nuestro ombligo y buscamos al enemigo interior, al que nos impide prosperar, al que nos está ahogando, al “malo”.
Hitler hizo de esta idea un salvaje arte, conduciendo a la muerte a millones de judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, socialdemócratas… pero no fue el único. Los otomanos durante la Gran Guerra hicieron lo mismo con los armenios, los soviéticos con los kuláks, los nacionalistas lituanos o los irreductibles chechenos. Y en España no hay más que recordar qué pasó con los judíos primero y los moriscos después o con los rojos y los nacionalistas unos siglos más tarde.
Esto es historia y a los libros remito al amable lector. Sin embargo la historia no termina en el pasado reciente, sino que sigue hasta nuestros días, hasta ahora, hasta eso que llamamos actualidad. Y en esa actualidad lo que ahora se impone es ir a por los musulmanes, a por los cientos de miles de musulmanes que viven en Europa.
Y así, como quien no quiere la cosa y como ya dije hace unas semanas, mientras el asesino de Noruega es un asesino y no un “campeón de la raza aria”, el de Toulouse es un “yihadista” y no un asesino. Y eso aunque los musulmanes insistan una y otra vez en que la “Yihad” no es ni ha sido nunca una licencia para asesinar inocentes.
Y así, y como quien no lo desea, se empieza a criminalizar y a convertir en sospechosa la carne halal, la de animales sacrificados por el rito musulmán, una tontería que haría enrojecer a cualquiera con dos dedos de frente si no fuera porque los que avientan esta polémica son dos de los tres candidatos con más posibilidades de ser el próximo Presidente de Francia, el actual inquilino del Elíseo, el señor Sarkozy, y la candidata autodenominada “antisistema” Marine Le Pen.
Palabras sólo, tal vez. Hasta que un tipo con la cara tapada pasa por delante del Centro Cultural Islámico de Albacete arroja ácido a la cara de uno de los muchachos que esperaban fueran, y que posiblemente perderá la visión en uno de sus ojos. Esto ya no es historia, es actualidad y a los periódicos les remito.
Y ante esto hay sólo dos opciones, dejarlo pasar o combatirlo. Más de seis millones de inocentes nos contemplan desde los años 40…
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