Crítica de cine / «Si quiero silbar, silbo» ***
Rumanía, año menos cero
La Razón, , 20-04-2012Director: Florin Serban. Guión: F. Serban y Catalin Mitulescu, según la obra de teatro de Andrea Valaan. Intérpretes: George Pistereanu, Ada Condeescu. Rumanía/Suecia, 2010. Duración: 110 min. Drama .
Hasta el momento, la nueva ola de cine rumano –la que llegó a nuestras costas con películas tan memorables como «La muerte del señor Lazarescu» o «4 meses, 3 semanas, 2 días»– se ha ocupado de cultivar un realismo social más bien lacónico que devuelve la voz a la gente de un país que necesita entender la precariedad de una época en la que el ejercicio de las libertades individuales era un lujo que pocos se podían permitir. Por eso «Si quiero silbar, silbo» parece reivindicar el ejercicio de esa libertad, aunque sea a costa de fracasar estrepitosamente. Cuando Silviu (George Pistereanu), que está a punto de salir del reformatorio, se entera de que su madre emigrará a Italia en busca de una vida mejor llevándose consigo a su hermano pequeño, estalla en un ataque de ira. No podemos decir que Florin Serban no nos haya avisado de su carácter impulsivo, porque la cámara, a la manera de los Dardenne, siempre se pega a su espalda, tratando de empatizar con su ansiedad. En sus dos primeros tercios, la película es un notable retrato de personaje: poniendo el acento en el conflicto entre su identidad rebelde y el confinamiento al que se ve sometido, Silviu, el espíritu libre, se define a través de la relación con los otros, los representantes de un «exterior» que sacan a la luz su lado más duro o más tierno. Lamentablemente, Serban no sabe cómo rematar su boceto: la capacidad de observación que demuestra en su dibujo de Silviu se diluye en una alargada secuencia de motín carcelario de lo más convencional.
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