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Emigrar
Diario de Noticias, , 16-04-2012ME cuenta un buen amigo que después de llamar a muchas puertas, difundir innumerables currículos y soportar alguna vergonzante entrevista de trabajo en la que las exigencias de productividad no guardaban ninguna relación con las gratificaciones (ninguna relación que no recojan las leyes de un estado esclavista, por ejemplo), me confía esta persona, que ya rebasa los cincuenta, que madura la idea de hacer las maletas y buscar trabajo en Argentina. Le retrae, en principio, ese apego a la tierra, a la familia y las amistades, y, aunque no lo confiese, una esperanza poco anclada en los datos de la realidad de que asomen por fin mejores tiempos. Hacer las maletas, emigrar como medio siglo atrás, es una necesidad más que una opción, una urgencia más que una aventura. El fenómeno, que cobra cada día más vigencia, no es reciente porque son muchos los que lo advirtieron con anticipación. El País ya daba cuenta esta semana de que han aumentado los envíos de dinero de españoles que trabajan en el exterior. También las habituales encuestas mensuales en las colas del paro (coincidiendo con un nuevo aumento de las cifras del desempleo) descubren cada vez a más personas que abiertamente exponen su determinación de buscar un empleo cruzando fronteras. En realidad, en un planeta que ha acortado las distancias geográficas y hasta las afectivas gracias a las nuevas tecnologías, salir a trabajar fuera no debiera resultar tan traumático. Otra cosa es hacerlo por obligación, por necesidad o por mera subsistencia. Para sentirse, en fin, de nuevo útil.
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