Imputado por homicidio el vigilante vecinal que mató a un chico negro
La muerte de Trayvon Martin reaviva el debate sobre el racismo en EE.UU. La justicia de Florida, que bajo la ley de autodefensa exoneró a Zimmerman, rectifica por la presión popular.
La Vanguardia, , 13-04-2012La protesta de las capuchas, que se propagó por la geografía de Estados Unidos, desde la calle a las iglesias o los pabellones deportivos, ha logrado su objetivo.
George Zimmerman, el vigilante vecinal blanco de 28 años que quiso ser policía y juez al mismo tiempo, ingresó la noche del miércoles en una prisión de Florida. Ayer pasó a disposición judicial. Vestía de presidiario, de gris, e iba esposado. Tenía el propósito de declararse “no culpable”, según su defensor, pero el magistrado fijó para el 29 de mayo la cita en la que podrá pronunciarse.
De ser exonerado bajo la jurisdicción de la defensa propia –bautizada como Stand your ground–, la fiscal especial del caso le imputa ahora, más de cinco semanas después, por el homicidio de un joven de 17 años, negro y desarmado. Se llamaba Trayvon Martin, pero su nombre se sigue pronunciando en presente.
Trayvon, que residía en Miami, se ha convertido en un nuevo mojón del estigma que recorre la historia del país, el del racismo y la segregación de facto.
El 26 de febrero regresaba a la casa, en una zona residencial de Sandford, donde le esperaban. Pasaba el fin de semana en la vivienda de Brandy Green, compañera de su padre y madre de Chad, un adolescente de 14 años. Se cubrió de la lluvia con la capucha de la sudadera.
En su camino se cruzó George Zimmerman, hijo del matrimonio entre un estadounidense y una emigrante peruana. Trayvon era como tantos de su generación. Carecía de antecedentes policiales o penales, aunque en su expediente de estudiante figuran algunas manchas. En la escuela le habían castigado con tres suspensiones, por llegar tarde, por pintar grafitis y, la más reciente, de diez días, al hallarle rastros de marihuana en su mochila.
Entró en una tienda, donde compró caramelos para Chad. Al salir se sintió perseguido. Llamó a su novia para explicárselo mientras caminaba. El vigilante vio en él una amenaza y contactó con el número de urgencias. No tuvo la paciencia que le pidieron. De su pistola salió la bala mortal.
Hace siete años que Florida engrosó la lista de 21 estados que disponen de una ley especial, auspiciada por la Asociación Nacional del Rifle, que permite la autodefensa incluso fuera del hogar. Zimmerman, jefe del grupo vecinal, adjetivó al desconocido de “sospechoso”. Hubo una confrontación y gritos de socorro que todo apunta salieron de la boca de la víctima. ¿El vecino habría sido tan celoso de su responsabilidad si el otro hubiera sido blanco?
Esta es la pregunta que ha flotado en Estados Unidos, ante la mirada hacia otro lado de la policía o de la justicia. El asunto ha ido mucho más allá de la frontera de los sucesos o del peligro que muchos observan en la legislación del “defiéndete” –ahora, otra vez a debate– o de la excesiva presencia de armas en esta sociedad.
Ni siquiera el presidente Barack Obama ha mantenido su discreción habitual en material racial. “Si tuviera un hijo sería como Trayvon Martin”, afirmó en marzo, en medio de una creciente campaña de protesta.
Angela Corey, la fiscal que se hizo cargo del expediente al ser apartado el titular, negó cualquier tinte racista. “Sólo hay una categoría para la acusación y la de la V. Esto no es B ( black, negro) o W ( white, blanco) o H ( hate, odio). Esto es sólo por V de víctima”, subrayó en rueda de prensa al anunciar los cargos.
Sin embargo, los líderes de la comunidad negra –los reverendos Jesse Jackson y Al Sharton a la cabeza– han agitado las conciencias. Han surgido comparaciones con momentos clave en la lucha por los derechos civiles, aunque algunas voces, como la del periodista Bill Keller, las consideren “oportunismo político”.
El analista Juan Williams, afroamericano, ha reprochado que las movilizaciones no se hagan cuando un negro mata otro. Según sus cifras, este colectivo supone el 13% de la población. El 49% del total de las víctimas de asesinatos forman parte de esta minoría. El 93% de estas muertes se pepetraron entre ellos.
La larga marcha hacia la detención de Florida ha coincidido con la matanza de tres afroamericanos. Ocurrió la semana pasada en Tulsa (Oklahoma). Detuvieron a dos blancos. La iniciativa se le atribuye a Jake England –quería vengar la muerte de su padre– que, como Zimmerman, no es un “blanco puro”. Este tiene sangre de los nativos americanos.
“Los estadounidenses tienden a pensar que la rígida estratificación de las castas es una noción feudal de Europa o de la India, pero este sistema está aquí muy vivo”, sostiene Isabel Wilkerson autura de un elogiado libro sobre la emigación a EE.UU.
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