Morir de pobre

Pendientes de la policía científica, el accidente encaja en una caso de pobreza energética

La Vanguardia, JAUME V. AROCA , 10-04-2012

La policía científica no había concluido ayer sus indagaciones. Todo parecía apuntar a que los cuatro fallecidos perecieron a consecuencia del humo inhalado. Posiblemente fallecieron mientras dormían. Les faltó el oxígeno. No está claro qué causó el fuego. La temperatura mínima anoche en Barcelona fue de 12 grados, con lo que cabe pensar que calentaron el espacio en el que vivían de algún modo. No tenían electricidad, ni gas ni tampoco agua aunque sí disponían de algunas bombonas de butano como ayer pudieron comprobar los reporteros gráficos a los que la policía permitió adentrarse en el lugar del suceso.
Todo apunta que estas muertes podrían atribuirse a un caso de pobreza energética. Muchos países europeos, especialmente aquellos donde el frío es mucho más intenso que aquí, así lo contabilizarían en sus estadísticas. La pobreza energética figura entre los principales indicadores de indigencia en estos países. Gente que carece del dinero o los medios necesarios para mantener su vivienda en condiciones adecuadas, tanto ante episodios de frió como en olas de calor. Otro tanto ocurre para los que carecen de medios adecuados para poder cocinar adecuadamente y sin riesgo sus alimentos. Todo son casos de pobreza energética y sus fallecimientos, bien sea por una mala combustión, por un incendio o por la imposibilidad de soportar el frío o el calor, deben atribuirse a esa pobreza. A la pobreza.

La última ola de frío que azotó Barcelona en el pasado mes de febrero puso de relieve que este es un problema relevante que la crisis no ha hecho más que incrementar. Los servicios de auxilio de la Cruz Roja repartieron durante aquellos días estufas para paliar el río que muchas familias sufrían en sus propios hogares. Dieron estufas o arreglaron ventanas para mejorar el aislamiento. Es, aseguraban entonces los responsables de estos programas de ayuda, un problema muy común.

No existen estadísticas en España sobre esta cuestión y, de hecho, ni tan siquiera las estadísticas se hacen eco de este problema porque no existe una cultura sobre este conflicto. Por ejemplo, los servicios de emergencias no clasifican muertes provocadas por razones ambientales a la pobreza energética.

Sin embargo, en otros países europeos constituyen un problema creciente del que la ciudadanía es cada vez más consciente. Por ejemplo, en el Reino Unido e Irlanda donde los índices de pobreza relacionada con la falta de combustibles adecuados escala hasta el 16%. En estos países la preocupación sube cada vez mas puestos en las estadísticas a medida que el precio de los combustibles se dispara.

Paradójicamente, uno de los lugares del continente donde menos preocupa es en los países nórdicos pero porque allí el problema parece haberse resuelto paulatinamente a base de mejorar el aislamiento de las viviendas. Este ha sido un modo de reactivar la economía y generar nuevos empleos.

Durante la última ola de frío que asoló Europa, las muertes imputadas a la pobreza energética superaron el millar de personas. Pero en España no muere nadie por esta causa.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)