«Bebimos orina y dentífrico para no morir»

Un informe responsabiliza a la OTAN de la muerte por sed y hambre de 63 inmigrantes La investigación que reconstruye la tragedia asegura que España e Italia no les ayudaron

El Mundo, AMANDA FIGUERAS , 30-03-2012

Días antes habían ido al puerto de Trípoli para intentar salir pero los militares libios se lo habían impedido. Aquella noche, la del 26 de marzo de 2011, les dejaron zarpar. Eran 50 hombres y 20 mujeres algunas embarazadas, y dos bebés. Todos subsaharianos. Querían salir de Libia, inmersa en una guerra en la que los inmigrantes se convirtieron en chivos espiatorios. Pasaron 15 días a la deriva. De 72 sólo sobrevivieron nueve. La OTAN, sobre todo España e Italia, Frontex y Libia, son responsables de la muerte de 63 inmigrantes, según el informe de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa presentado ayer en Bruselas.

«El barco estaba completamente abarrotado. Yo tenía a alguien sentado sonre mí y esa persona tenía a otra encima. No les importaba cuánta gente iba en la barca, lo único que les interesaba era nuestro dinero», cuenta Bilal Yacoub uno de los supervivientes. Subieron a la lancha inflable y los traficantes les quitaron casi todos los víveres para que cupieran más. Pensaban que en 18 horas llegarían a Lampedusa (Italia), pero nunca lo hicieron. Cuando el nerviosismo comenzó a extenderse, vieron un pequeño avión sobre sus cabezas. Como relata Ghirma Halefom, era blanco y parecía un pequeño avión de patrullaje. Las autoriadades italianas tienen información de que el 27 de marzo a las 14.55 un aparato francés avistó una embarcación, pero Francia niega que fuera la misma.

Con el mar embravecido y abandonados, apareció el pánico. Empezaron a quedarse sin combustible y decidieron pedir ayuda. El encargado de hacerlo fue el improvisado capitán, un ghanés que viajaba con su mujer al que dieron un teléfono satélite con el número de un sacerdote eritreo que estaba en Italia. El religioso avisó al Centro de Coordinación Marítima de Roma.

A partir de este momento, según el informe elaborado por la socialista Tineke Streik, comienza un cúmulo de «errores a distintos niveles» por los que «se perdieron muchas oportunidades de salvar las vidas de las personas a bordo». Horas después de la llamada al sacerdote un helicóptero les sobrevoló. Los hombres comenzaron a aplaudir y las mujeres sostenían a sus bebés sobre sus cabezas suplicando ayuda. El capitán, por miedo a ser acusado de tráfico de personas, tiró la brújula y el teléfono. Los supervivientes afirman que en el helicóptero ponía Army (ejército, en inglés). Con una cuerda les hicieron llegar galletas y agua. Dan Haile recuerda que en las etiquetas se leía aqua. Desde el aire les pidieron que no se movieran y les prometieron regresar. El capitán apagó el motor. Pasaron muchas horas y nada ocurría. Algunos viajeros insistieron en seguir el rumbo que les habían indicado los traficantes.

Al final decidieron avanzar guiándose por el sol, pero pronto se quedaron sin combustible en medio del mar. No quedaba comida ni agua, el viento comezó a hacerse más fuerte, algunas personas cayeron al agua por la fuerza del oleaje.
Los náufragos recuerdan haber visto al menos dos pesqueros, uno con bandera italiana y otro con la tunecina. Los primeros simplemente recogieron sus redes y se marcharon; los segundos les indicaron que no llevaban el rumbo correcto para ir a Lampedusa. Cuando el capitán les informó de que estaban sin combustible, se marcharon. No hay constancia de que ninguno de ellos avisara de su precaria situación.

En la lancha, algunos tenían alucinaciones, bebían agua del mar y una mujer se tiró al agua en un ataque de histeria. El quinto o sexto día en el mar la gente empezaba a morir, incluidos los niños. El décimo día casi la mitad había fallecido, pero los mantenían en el barco a pesar del olor. Entonces vieron cómo un buque militar grande se aproximaba a su embarcación, pero ninguno de los supervivientes pudo ver cuál era su bandera. Algunos se tiraron al agua para intentar alcanzarlo a nado.

«Nos mirabancon prismáticos y nos hacían fotos», relata Ghirma Halefom. Pero se marcharon. A partir del décimo día perdidos en el mar los subsaharianos luchaban por sobrevivir. «Bebímos orina mezclada con dentífrico para no morir», añade Ghirma.

El informe fija distintas responsabilidades. De una parte, fueron las autoridades libias quienes expulsaron de facto a los subsaharianos y no protegieron sus aguas. Los italianos dieron la alarma y la posición del barco, pero no se aseguraron de que el rescate se llevara a término. Dado que tenían constancia de que Libia no podía proteger su zona, Italia, como primer país que conoció la situación, debía haberse hecho cargo, señala el documento. Frontex, la agencia europea de control de fronteras, que se hallaba en una operación en Lampedusa, fue informada. El texto destaca que la OTAN había declarado ese lugar como zona militar bajo su control y, según fuentes fiables, al menos dos buques de la Alianza estaban cerca de la embarcación a la deriva: la fragata española Méndez Núñez, a 11 millas, o dos horas de navegación, y la italiana ITS Borsini, a 37 millas.

No obstante, el Consejo de Europa reconoce que hay falta de información y acusa a una amalgama de países. Todas ellas han declinado la culpa. El informe recuerda que uno de los problemas de la ley internacional marítima es que no se penaliza a aquellos que no ejercen su responsabilidad. El 10 de abril la barca llegó de vuelta a la costa libia arrastrada por la corriente. En ese momento, una mujer falleció Los 10 supervivientes fueron detenidos y despojados de posesiones. El último en morir lo hizo en prisión, por falta de asistencia médica.

>Videoanálisis de A. Figueras.

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