Un médico sin trabajo
El islamista, casado con una española y padre de una niña de 15 años, era un hombre «discreto y amable» Los vecinos aseguran que Almalki cursó estudios universitarios y tuvo empleos de electricista e instalador de aire acondicionado
Las Provincias, , 28-03-2012Discreto, culto y aparentemente occidentalizado. Polifacético y cordial entre sus vecinos. Así fue descrito Mudhar Almalki, que aseguraba haber cursado la carrera de medicina. Los vecinos explicaron que trabajó «algún tiempo» como electricista o instalador de aparatos de aire acondicionado. Lo cierto es que el «buen padre de familia» de 51 años estaba actualmente «sin dedicación conocida», como indicaron las muchas personas que trataron con él y con su familia durante los últimos años.
Según Antonia, una de las residentes, el hombre «vino desde Alicante con su mujer hará 13 años» y se establecieron en el sexto piso de la finca de Juan XXIII, un edificio de los 70. La vida anterior del jordano no era conocida por los vecinos. Mudhar y su esposa Julia adquirieron el inmueble en propiedad y allí residían junto a su hija, una adolescente de unos 15 años.
Actualmente, la vida de la familia era sencilla y no difería en costumbres de la de cualquier otro matrimonio. Julia estaba empleada en labores administrativas en una empresa de Valencia. «Ella se marcha pronto por las mañanas con su coche y luego vuelve a la hora de comer. Por la tarde, regresa de la oficina sobre las ocho», describió la mujer.
Quienes les conocen hablan de la pareja como «un matrimonio modelo, él algo más discreto y reservado, pero ante todo muy amable y educado». En varias oasiones habían abierto sus puertas sin reservas a los residentes de confianza, que describen la «estupenda reforma» que el propio Mudhar llevó a cabo tras instalarse.
Cuando su hija era más pequeña, el ciudadano árabe se encargaba de llevarla al colegio. La adolescente cursa estudios de cuarto de ESO en un instituto de Bachillerato. Varias de sus amigas de clase la definieron como una chica «absolutamente normal en el trato, inteligente y estudiosa, de las primeras de la clase».
Según describen, «a simple vista no parece una chica de costumbres árabes, pues vestía sin velo y con ropa normal para su edad». En definitiva, una familia absolutamente integrada en la manera de vida occidental.
Tan sólo algunas noches los rezos musulmanes de Mudhar eran escuchados por su vecina, «pero no le daba mayor importancia», matizó. El hombre, que hablaba perfectamente español, «llevaba de vez en cuando a su hija a una mezquita para que aprendiera árabe y luego fue también Julia», aseguró esta mujer. Ahora madre e hija luchan por sobreponerse al tremendo giro del destino.
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