HABLAN LAS PROSTITUTAS
«¿Prohibirnos en la calle? Lo tienen chungo»
El Mundo, , 23-03-2012«20 completo y 15 chupar, pero soy travesti, no soy chica, te lo digo por si acaso», explica la mujer, de acento argentino y en la treintena, vestida con una minifalda, mientras se asoma por la ventanilla del coche.
Estamos en la Colonia Marconi y aquí comenzamos un recorrido exprés, a las 17.30 horas de ayer, por los tres focos principales de la prostitución callejera de Madrid: Marconi, la Casa de Campo y la calle Montera.
La meretriz nos explica cómo se distribuyen por el polígono: «En la otra calle se colocan los travestis, y las chicas se ponen hacia el final», señala. ¿Sabe que el Ayuntamiento planea sacarlas de la calle, al igual que en Barcelona? «¿Prohibirnos? Lo tienen chungo, pero lo vienen diciendo desde hace años… Lo que deberían hacer es legalizarnos, así cobran impuestos también ellos».
¿Le va peor con la crisis? «No. Hombre, algo se nota, pero coño, tampoco está tan mal. Yo echo aquí cuatro horas o cinco al día, depende. Las que quiero», explica.
Unos metros más allá, otra chica que parece también latina pide lo mismo: «20, completo». ¿Le gusta trabajar en la calle? «Sí», contesta escueta antes de darle la espalda al periodista ante tanta pregunta aquí la gente, en fin, no viene precisamente a hablar.
Algo más allá, Nely, de Rumanía, pelo en coleta y vestida de arriba abajo, también está abonada al «20, completo», que recita de carrerilla.
- ¿Te gusta trabajar en la calle?
- Me gusta, claro.
- ¿Mejor en la calle que en una casa?
- Sí.
- ¿Es más seguro?
- Sí, responde antes de repetir el «20, completo», sin que quede muy claro si ha entendido la pregunta.
- ¿Cuánto tiempo en España?
- Seis meses.
- ¿Y estás contenta?
- Sí. ¿Tú policía?
La conversación se trunca, demasiadas preguntas. En una glorieta un poco más allá encontramos a Jessica, de perfil muy diferente en absoluto depauperado al del resto de meretrices del lugar: cazadora de cuero, vaqueros ajustados, jersey blanco y melena rubia. Jessica escucha música por cascos mientras, simplemente, espera.
Podría pasar por una universitaria de clase media-alta, pero repite el consabido «20, completo». Indagamos un poquito: «Es mi día dos aquí. He llegado de capital de Rumanía», dice, intentando colocar el servicio: «¿Vamos? ¿Vamos?».
- ¿Y por qué aquí, en la calle?
Jessica se encoge de hombros y vuelve a colocarse en su esquina, con su aspecto de veinteañera modosa. Último intento de entablar conversación en Marconi con Alexandra, también rumana y también «20, completo». Dos preguntas y la mujer se pone a señalar la pequeña cámara con la que recogemos las impresiones de las chicas. Y, consiguientemente, a gritar: «¡No apuntes con eso a mí!».
Ha llegado el momento de abandonar el polígono, aleccionados además por varios tipos que salen de detrás de Alexandra para observar el coche mientras se aleja. Los chulos y las chicas de Marconi controlan, sostiene la Policía, las matrículas de los coches que se internan por su supermercado del sexo, mucho más lleno obviamente por las noches y no un jueves a media tarde.
Ponemos proa a la Casa de Campo y hablamos con el encargado de uno de los restaurantes junto al lago. «Si es que esto ha cambiado mucho, como han prohibido la circulación a los coches en muchos caminos las chicas se tienen que concentrar por aquí», narra, señalando a la corta vía que lleva del lago a Puerta del Ángel: «Las prostitutas se colocan aquí, en la entrada, y no se mueven más allá».
Están tan acostumbrados a la convivencia con la prostitución que una chica de aspecto español se come un bocadillo de chorizo en la barra antes de comenzar sus servicios: «Mira, esta misma trabaja ahí».
Sin embargo son las 18.20 horas y no hay ni una chica en esa zona. Una mujer oriental, en la cuarentena, espera sentada en un tronco en el camino que pasa por delante de la entrada al Zoo. Nos acercamos, le hacemos un gesto y la mujer casi se nos sube al coche sin mediar palabra.
- Espera, espera.
- Diez chupar, 20 completo.
- ¿Eres japonesa?
- No, soy china.
- ¿Lo harías sin condón?
- No, y se va despavorida.
La zona está desierta, pero algo más allá, de detrás de un árbol, aparece una mujer de raza negra embutida en una minifalda imposible que prácticamente se lanza al capó al paso del coche.
- Follar bien 10, ¿vale? Sin prisas, ¿vale? ¿No quieres?
- ¿Por qué hay tan pocas chicas aquí hoy?
- Yo te voy a chupar bien.
- ¿Pero por qué hay tan pocas?
- No sé, cariño.
- ¿Te gusta trabajar en la calle?
- ¿A mí? Bien. Sí. ¿Vamos?
- ¿Pero te gusta la calle?
- Yo tengo que trabajar porque tengo que dar de comer a mi hija, porque tengo una hija.
- ¿Llevas años trabajando aquí?
- Aquí no, pero mi hija tiene que comer. ¿Vamos? Voy a trabajar bien.
- Creo que no, pero gracias.
- ¿Y por qué tanta pregunta?
- Nada, me gusta hablar.
- Pues gracias, dice, educada.
Algo más allá otra mujer africana vende su cuerpo, ya de por sí bastante a la vista, por 10 euros. «Muy barato», apostilla. ¿No hay españolas por aquí? «No. Tú eres policía. Fuera de aquí».
Le hacemos caso y nos encaminamos, hacia las 19.30 horas, a Montera, como es sabido coto prácticamente privado de las rumanas. Nos acercamos a una treintañera de melena rubia que se exhibe a apenas 15 metros de la cercana comisaría de Policía.
- 25, cariño, y está todo incluido, la habitación y todo.
- ¿Eres rumana?
- No, soy alemana.
- ¿Y esto cómo va?
- Son 25 euros por 20 minutos, y nosotras pagamos la habitación. Y te hago de todo-todo- y explicita lo que ella entiende por todo-todo.
- ¿Y siempre trabajas en la calle?
- Sí. Como tengo el piso aquí cerca…
- ¿Y cuánto llevas aquí?
- Tres años. Venga, vente. Es calentito, sin problemas, tenemos dónde lavarnos…
Huyo en dirección al norte de la calle, donde dos agentes municipales patrullan entre varias chicas. Una de ellas nos agarra del brazo.
- 25. ¿Qué pasa, te da miedo?
- ¿Te gusta trabajar en la calle?
- Sí, porque gano uno dinero, enciende un cigarrillo.
- ¿Prefieres la calle a un piso?
- Sí… Venga, vamos. Podemos con condón o sin condón, desliza.
Algo más arriba, otra chica rumana fuma un cigarro.
- Venga, 25, vamos.
- No, si es que yo no…
- ¿Pero cuál es el problema? Aquí no mafias, mi amor…
En esas aparece una de sus colegas señalando directamente a la cámara. «¡Y eso! ¡Eso qué es! ¡Saludamos a la televisión!», rompen a reír y posan para la posteridad.
El mapa de la prostitución
Disminuye el tamaño del texto Aumenta el tamaño del textoMarconi. El polígono de Villaverde es uno de los puntos de la capital donde se reúnen más meretrices. La presión policial está provocando que las prostitutas se estén trasladando a un sitio cercano, el polígono de El Gato, situado también en Villaverde.
Casa de Campo. En el pulmón madrileño ha aumentado la presencia de prostitutas. En la zona de Batán siguen predominando las mujeres africanas mientras que en el Zoo están ahora meretrices asiáticas y rumanas. En el entorno del Lago y la glorieta de Moreras también hay mujeres rumanas.
Capitán Haya. En esta zona ilustre de la ciudad hay cada vez menos prostitutas en la calle y más en los locales de sexo de esta encrucijada.
Montera, Desengaño y Ballesta. Es la zona más tradicional de prostitución de Madrid. Las mujeres se reparten las calles. Predominan las procedentes de los países del Este y también hay presencia de mujeres españolas.
Fortuny y Paseo de Camoens. Son puntos donde es fácil encontrar transexuales que ejercen las prostitución, sobre todo los fines de semana.
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