JEAN PIERRE BOUCHARD Criminólogo

«No era un fanático sino un 'amateur'»

El Mundo, R. V. PARÍS ESPECIAL PARA EL MUNDO , 23-03-2012

Mohamed Merah no era un genio del crimen. Tampoco un islamista convencido, ni una mente astuta con una inteligencia excepcional. Sí era un asesino determinado y un delincuente antisocial y antisistema, pero sobre todo vulgar. «No era un fanático religioso clásico. Su perfil no responde a este tipo de asesinos con convicciones. Era lo que solemos llamar un amateur religioso».

Quien hace la radiografía de Mohamed Merah lleva toda su vida fotografiando asesinos, delincuentes y villanos. Para Jean Pierre Bouchard, el responsable de las siete muertes que han conmocionado a Francia era un «criminal corriente». Enemigo del sistema, incapaz de sentir empatía, odiaba a Francia y lo que ella representa. «La religión era sólo un pretexto. A través de las personas atacaba los símbolos. Pero no tenía ideología personal», dice el experto. Sí había desarrollado, a su juicio, una capacidad excepcional para matar. Merah se acercaba a las víctimas, las miraba cara a cara antes de darles el tiro de gracia. Un rasgo, según el experto, de su determinación a la hora de asesinar. «En ese momento de fanatismo no habría visto ni a su padre», explica.

Un as a la hora de apretar el gatillo, no era ni mucho menos un cerebrito del mal. «No era un genio del crimen. Desde el principio ha cometido errores de lo más tontos. Sus decisiones y su comportamiento no han sido muy inteligentes, lo que demuestra que era más un delincuente sin luces, vulgar, que una mente astuta», dice. Sus fallos de novato, como el rastro que dejó por internet o la opción de quedarse en Toulouse, cuando «lo inteligente habría sido huir», muestran que andaba más bien perdido. Su despiste lo demostró ayer en el momento del asalto. «Tuvo un comportamiento clásico, primero mareó a la policía con su supuesta rendición, después se desdijo y cuando se vio acorralado sacó su lado violento, como un niño con una rabieta», dice el francés.

El hecho de que sus amigos, sus vecinos, incluso el abogado que mejor conocía su lado oscuro, se hayan mostrado sorprendidos por los hechos cometidos «son una muestra más de su vulgaridad criminal». Registraba en vídeo sus crímenes «para que todo el mundo viera que había matado a un soldado, a un francés, a un judío, para que todos supieran que se burlaba y despreciaba los valores de la República». Torpe, violento, era bien consciente de sus actos. «No era un loco. Si hubiera sobrevivido y hubiera sido juzgado, habría sido condenado sin duda. Sabía lo que hacía».

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