El asesino de las mil caras que puso en jaque a Francia
Mohamed Merah se mostraba encantador a veces y frío y violento en otras ocasiones
El Mundo, , 23-03-2012Para algunos era un joven «encantador», para otros, sin embargo, alguien frío y violento. Más que el asesino de la moto, Mohamed Merah era el asesino de las mil caras. Se mostraba solícito con las ancianas, a las que abría las puertas y, al mismo tiempo, era capaz de propinar una brutal paliza a una joven o de asesinar a sangre fría a sus víctimas sin dudar ni un instante.
Criado en un barrio humilde y conflictivo en el seno de una familia desestructurada de cinco hermanos, sus padres terminaron por separarse y los hijos quedaron al cuidado de la madre. En plena adolescencia, Merah se mostraba como un joven rebelde y las faltas de respeto a su progenitora eran constantes.
Comenzó entonces a frecuentar malas compañías y a cometer pequeños robos y otros delitos de poco calado. El abogado que le defendió en estos procesos, Christian Etelin, lo recuerda como un joven «de una belleza fascinante», «gentil, educado, muy simpático y nada agresivo». «En ningún caso, un fanático».
Pero, ¿cómo se explica entonces que Merah fuera capaz tan sólo unos años más tarde de cometer siete crímenes y no mostrar ningún signo de arrepentimiento? Para el letrado, la respuesta hay que buscarla en los orígenes de su frustración.
Aficionado a los videojuegos violentos y a las películas de Terminator según Le Monde, Merah se pasaba las horas muertas delante del televisor. Decidido a cambiar el rumbo de su vida y con 21 años se presentó en las oficinas de la Legión Extranjera en Toulouse, pero fue rechazado debido a sus numerosos antecedentes y al tiempo que pasó en la cárcel (de diciembre de 2007 a septiembre de 2009). Según Le Point, a finales de 2008, intentó suicidarse por lo que tuvo que ser internado en un psiquiátrico hasta enero de 2009. Sus conocidos aseguran que estaba «dispuesto a morir por Francia» y que se sintió «tremendamente frustrado» al saber que el país donde nació no lo quería. Resentido, Merah emprendió en 2010 un viaje a Afganistán y Pakistán. Quería luchar, y si Francia lo rechazaba pensaba hacerlo junto a aquellos que parecían estar dispuestos a apreciar su heroicidad. Él ya había empezado a coquetear con el yihadismo, aunque no tanto como su hermano mayor.
A su regreso a Francia, Merah ya no era el mismo joven gamberro. Comenzó a trabajar en un taller de chapa y pintura y sus compañeros afirman que era «muy serio» en su trabajo. Dejó el piso humilde donde vivía con su familia y se instaló en un barrio de clase media. Sus conocidos lo describen como «un chico serio, agradable y nada religioso», salvo durante el mes de Ramadán.
Convencido de su misión como guerrero del Islam, tras un nuevo viaje a Pakistán en 2011, Merah comenzó a captar adeptos para su causa y a mostrarse cada vez más violento con quienes se atrevían a llevarle la contraria. Su comportamiento, sin embargo, no era el de un fanático islamista al uso. No vestía con una túnica salafista prefería la ropa de la marca Lacoste, ni evitaba bares de copas y disfrutaba de ir en coche a gran velocidad.
Una de estas carreras le costaría cara. Detenido por conducir sin carné, el juez lo condenó a más de seis meses de cárcel debido a su largo historial de antecedentes. Merah se tomó este fallo como un nuevo golpe a su orgullo herido. Para él, ya no quedaba ninguna duda de que Francia no lo quería. Su frustración comenzó a cobrar forma de venganza. Pondría a Francia de rodillas. El chico, al que su abogado describió como un joven con «cara de ángel», comenzaba a mostrar otro rostro: el de un asesino sin escrúpulos. Zoulika, su madre, ya no lo reconocía. De hecho, declinó ayudar en las negociaciones cuando su hijo se atrincheró, y dijo a la policía que ya no tenía ninguna influencia sobre él. A sus 23 años, el chico solitario, de mirada risueña y gran sonrisa, que a veces llevaba «el pelo largo, otras corto y otras incluso rojo», vivía solo en su casa, pero su abogado dice que estaba prometido con una joven cuya identidad se desconoce.
Ahora, ya no podrá cumplir sus planes de futuro ni seguir aterrorizando a un país que pudo haberlo tenido entre sus filas.
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