El 'asesino de la moto' desata la psicosis

El fiscal advierte de que el autor de los crímenes «podría atacar en cualquier momento» París moviliza a 120 investigadores mientras se acumulan pistas sobre el sospechoso

El Mundo, JUAN MANUEL BELLVER / Toulouse Enviado especial , 21-03-2012

¿Cuál será el próximo crimen del asesino de la moto? Esa es la gran preocupación de las autoridades francesas, para quienes la captura del asesino del scooter se ha convertido en una prioridad nacional. Y esa es, también, la angustiosa duda que tiene sobrecogidas a la ciudad de Toulouse y a toda la región de Midi Pyrénées, donde el homicida se ha cobrado ya siete vidas inocentes. Sólo escuchar el sonido de una moto en la calle estremece.

«Se trata de un hombre extremadamente determinado que emplea siempre el mismo modus operandi, mata con premeditación y escoge a sus víctimas en función de la raza o la religión», declaró el fiscal jefe de París, François Moulins. «A nadie se le escapa la periodicidad de sus actos».

Efectivamente, entre cada una de las acciones de este siniestro personaje hay cuatro días de diferencia. Se estrenó el domingo 11 con la muerte del sargento mayor del primer regimiento paracaidista de Francazal Imad Ibn Ziaten, de origen marroquí, cerca de la Cité de l’Espace de Toulouse. Repitió el jueves 15, disparando contra tres miembros del 17º regimiento de paracaidistas de Montauban, en un centro comercial. Dos de ellos, el soldado Abel Chennouf y el cabo Mohamed Legouad, fallecieron en el acto. Y continuó el lunes 19 tiroteando el colegio judío Ozar Hatorah de Toulouse, dando muerte al profesor de religión Jonathan Sandler, sus hijos Arieh (de cinco años) y Gabriel (de cuatro), así como la hija del director Myriam Monsonego (de siete años). El próximo día 23 sería la siguiente fecha señalada en un hipotético calendario del criminal. Si primero atacó a militares de procedencia mayormente norteafricana y luego a civiles hebreos, ¿a quién le toca este viernes?

«Si no se le detiene pronto, volverá a actuar», vaticinan los expertos en criminología consultados. En su opinión, el asesino de la moto tiene el perfil psicológico de un criminal en serie al que «se le asignó una misión y debido a esta lógica de combate, comete sus asesinatos con total insensibilidad». Nicola Yardeni, presidenta regional de la asociación hebrea CRIF, ha revisado la cinta de la matanza del colegio Ozar Hatorah y confesado que nadie debería ver esas imágenes. «Es una pesadilla. No se puede mirar sin pensar en otros niños. Parece una ficción, pero es real. Actúa como si matar fuera para él como practicar un deporte, como ejecutar a animales».

Por si estas declaraciones no bastaran para meter miedo a la población de la cuarta ciudad de Francia, ayer, testigos del ataque a la escuela afirmaron que el terrorista llevaba «una pequeña cámara de vídeo colgada del cuello». Y el ministro del Interior, Claude Guéant aventuró que quizá había rodado todas sus acciones. Lo cual sitúa a nuestro personaje en la categoría de un asesino que se siente impune y disfruta visionando sus acciones sangrientas.

«No tenemos miedo, pero estamos inquietos por los niños», comentaba el martes Robert, el padre de un alumno del colegio Gan Rachi al que asistía Myriam. «Hay que extremar las precauciones. No se queden parados demasiado tiempo en lugares públicos. Y no olviden que este desalmado está aún entre nosotros», advirtió el alcalde Pierre Cohen, tras el minuto de silencio celebrado en la Plaza del Capitole.

El día después de la tragedia, Toulouse parecía una ciudad sonámbula e inquietante. La escasa presencia de niños en la calle se compensaba con los 1.500 agentes del CRS desplegados para proteger escuelas, templos, estaciones y plazas. El silencio incómodo de sus habitantes se rompía con el helicóptero de la gendarmería que sobrevuela día y noche el centro urbano. Hay una mezcla de desolación y angustia.

Los cuerpos de las cuatro víctimas del atentado antisemita viajaron ayer a París, de donde volarán hacia Israel para recibir sepultura. «Vamos a encontrar al autor. Es un imperativo nacional», prometió Guéant a los alumnos del Gan Rachi. «Se han ido tres ángeles y un joven rabino que había escogido enseñar el amor al prójimo. Ahora estamos de luto, pero mañana exigiremos cuentas», dijo al término de la ceremonia el presidente de la comunidad hebrea de Toulouse, Ariel Bensemhoun.

Hoy se celebra, en el cuartel de Montauban, el funeral por los tres militares ejecutados la semana pasada. «A ellos, como al resto de sus víctimas, el homicida les remató con un tiro a quemarropa en la cabeza», ha señalado Moulins.

Para identificarle, se han desplegado 120 investigadores. La Policía Judicial colabora con la Inteligencia militar y un destacamento del RAID, el temible cuerpo de asalto de la policía gala, estudiando cada testimonio y cada prueba: el revólver calibre 11.43 milímetros y la scooter Yamaha que ha usado en todas las ocasiones, los e-mails que intercambió con el sargento Ziaten antes de que este acudiera a una cita para venderle su moto, las miles de horas de vídeo del centro comercial de Montauban y del colegio de Toulouse, el presunto arnés con cámara, el tatuaje o marca en la cara e incluso esos ex paracaidistas expulsados en 2008 por sus tendencias neonazis, que han sido interrogados.

«No desechamos ninguna pista, ninguna hipótesis. Hemos hecho cientos de entrevistas pero ninguna detención», resume el fiscal. «Lo que más nos preocupa es que cuelgue sus crímenes en la Red y, sobre todo, que vuelva a actuar».

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