«Cuando paso junto a una 'scooter' no le quito el ojo»

El Correo, A. C., 21-03-2012

Toulouse abrió ayer los ojos, pero seguía inmerso en la pesadilla del ‘asesino de la moto’. El hombre que mató el lunes a tres niños y un docente en un colegio judío ha golpeado con fuerza esta ciudad del suroeste de Francia. Carolina Espinosa, una vitoriana que lleva once años viviendo allí, lo apreció cuando caminaba por la calle. «La gente está muy triste y se ven numerosos gendarmes en las carreteras de acceso y salida de la ciudad», declaró a EL CORREO. «Cada vez que paso junto a una ‘scooter’ no le quito el ojo de encima», confesó con preocupación.

Esta ingeniera de estructuras trabaja en la fabricación de un nuevo modelo de Airbus en la factoría de Toulouse y tiene compañeros de todas las nacionalidades y confesiones religiosas. «Hoy, todos estábamos muy nerviosos. Un colega me ha contado que su hija tenía miedo de ir al colegio, y otro decía que no iba a llevar por la tarde a su hijo a los cursos de árabe», relató Espinosa, que no escapa al a sensación general de que, mientras el ‘motorista’ siga suelto, nadie puede considerarse totalmente a salvo.

La ciudad «no es especialmente grande», pero las empresas multinacionales de los alrededores le confieren cierto cosmopolitismo. Se calcula que residen en Toulouse unos 25.000 judíos, pero ayer no existían confesiones religiosas. El minuto de silencio en todos las escuelas así lo demostró.

Carolina Espinosa explicó que, a pesar de lo ocurrido y de la escalada de la extrema derecha, no cree que Francia se haya vuelto más cerrada que cuando llegó, a comienzos de la pasada década. «A los franceses no les gusta decir que su país es racista, aunque en el fondo de toda sociedad existen comportamientos xenófobos», subraya.

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