situación de la realidad social alavesa
La crisis lleva a un incremento de las adicciones y una normalización en el perfil del 'sin techo'
El difícil acceso al mercado laboral retrasa la reinserción de los indigentes
Bizitza Berria aumenta el número de personas a las que ofrece manutención y recupera a una veintena en 2011
Diario de noticias de Alava, , 11-03-2012Vitoria. Cuando hace cuatro años una famosa actriz de la escena española aparecía dormida entre cartones en una reconocida plaza de la capital española y saltaba a los rotativos por su supuesta indigencia, la sociedad se echaba las manos a la cabeza arguyendo cómo había llegado a tal situación. Aquel suceso terminó en desmentido de la protagonista, pero sentó precedente para lo que hoy en día ni siquiera sería noticia. Y es que muchas asociaciones vienen asegurando ya hace tiempo que el perfil de la exclusión y la pobreza se está normalizando.
Así lo demuestra también la experiencia vivida durante 2011 por Bizitza Berria, colectivo que acompaña en Álava a sin techo y personas en riesgo de exclusión social en su proceso de reinserción, y que señala que esta segunda etapa de la crisis económica deja dos cambios significativos. Cada vez son más los usuarios que son objeto de procesos adictivos, sobre todo, relacionados con el alcoholismo y los que proceden de clases sociales medias que han caído también en alguno de estas dependencias por problemas puntuales. Eso ha llevado, entre otras cosas, a que la asociación haya ofrecido manutención a un mayor número de personas que en 2010, gracias al taller de formación de cocina, que sirvió para elaborar 9.739 menús.
Atrás queda aquel perfil de indigente sucio y harapiento, con múltiples problemas de arraigo. Hoy en día, un padre de familia, hasta no hace mucho con trabajo, puede ser uno de los residentes de uno de los recursos residenciales que tiene esta asociación, el Hogar Betoño. Porque sí hay algo que no cambia. El perfil de los atendidos en la asociación sigue siendo puramente masculino.
Así las cosas, el pasado ejercicio pasaron por el centro residencial 56 personas, de las que sólo cuatro fueron mujeres. Eso sí, con una edad tres años superior a la del curso anterior, ya que la media rondó los 46 años. Y, desgraciadamente, con un aumento de la problemática de adicciones que pasó de afectar al 50% de los usuarios al 73,95%. Una tendencia que se apoya fundamentalmente en la pérdida de aspectos valiosos como el empleo o la vivienda. Eso sí, los resultados obtenidos integrándoles en los procesos de deshabituación han sido “excelentes” gracias al seguimiento de tratamientos. La otra cara de la moneda, llega de la mano de las consecuencias que han tenido esas dependencias en sus comportamientos. Así las cosas, prácticamente se han cuadruplicado los usuarios con problemas judiciales hasta llegar a afectar a casi la mitad de ellos.
Por otro lado, desde Bizitza Berria también se ha observado una normalización del usuario, lo que se debe básicamente a la fase de la crisis económica en la que se encuentra Álava. Así, si bien en la etapa inicial las primeras personas afectadas por estos procesos de pérdida de trabajo, vivienda y apoyo social son las de menor arraigo, como en el caso de los inmigrantes, en una segunda son los de una estructura social más estable los más castigados debido a la pérdida de toda la capacidad adquisitiva y de autogestión. Y este cambio de origen se ha venido observando también en los últimos ejercicios. De hecho, en 2011 siete de cada diez residentes en este centro eran nacionales y sólo tres de cada diez carecían de arraigo social.
Precisamente la larga duración de esta mala situación económica incidió negativamente en el mercado laboral. Álava registró una regular subida del paro y la oferta de empleos cayó por lo que este colectivo, ya de por sí más estigmatizado a la hora de aspirar a un trabajo, sufrió más las consecuencias. De hecho, el 60% de los usuarios estaba desempleado y esta complicación a la hora de obtener ingresos de manera autónoma ha provocado un retraso evidente en el proceso de reinserción de los sin techo.
Por ello, la pasada campaña tuvo tanto éxito el taller de atención sociolaboral impartido en el centro Ehunate. Desde allí, se logró que dos personas tuvieran un breve contacto laboral en el sector servicios y hostelería, mientras que en junio otras cuatro firmaron un contrato de sustitución en el sector servicios por un periodo inicial de tres meses, que se prorrogó posteriormente otros tres. Asimismo, un usuario que comenzó un contrato por obra lo ha visto ampliado por un año y otros diez se encuentran realizando cursos formativos de informática, cocina y formación reglada.
Con todas las complicaciones existentes, la asociación ha tenido unos resultados notables en el proceso de reinserción durante 2011. De los 56 residentes, siete accedieron a una vivienda normalizada, cuatro al Programa Habitacional de Emancipación y una persona ingresó en la Fundación Jeiki para iniciar un tratamiento de rehabilitación. Además, cinco usuarios fueron derivados a un recurso residencial público, uno en residencia de ancianos y los otros cuatro por ingreso en las cárceles de Nanclares y de Logroño. Sin embargo, a pesar de la complicada casuística que acompaña a este colectivo, el centro sólo registró un 28,57% de abandonos por lo que obtuvo unos óptimos resultados logrando que casi una veintena de personas estén rehabilitadas o en la última fase de reinserción en la sociedad.
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