Sara Fantova Barrena: «En los Balcanes me siento más segura que en Bilbao»

El Correo, IRATXE GÓMEZ, 11-03-2012

Hay quien empieza la casa por el tejado. Y en el caso de Sara Fantova Barrena le va a ser muy productivo haber ido a la inversa de otros jóvenes. Antes de iniciar la carrera de Audiovisuales, ella podrá presumir en su currículo de saber macedonio y conocer países tan asombrosos como Serbia, Albania y Kosovo. No es una periodista de guerra, sino una bilbaína de 18 años que con gran arrojo, decidió hace cinco meses hacer su maleta para ir de voluntaria a Macedonia. No sabía nada de este país y ni tan siquiera encontró en España un diccionario con el idioma oficial de esta antigua república yugoslava. Pese a los inconvenientes de mudarse a un país desconocido para ella y en eterno conflicto con Grecia por su nombre, Fantova Barrena le ha sacado provecho a la situación y hoy mismo se encuentra en Tirana conociendo otra cultura.

¿Por qué trasladarse a Inglaterra o a Estados Unidos como muchas otras personas cuando tienes la posibilidad de conocer un país tan enigmático como Macedonia? «Aterricé en octubre y me vino a recoger un chico de la organización para llevarme, primero a la oficina, y después al centro de la capital. Me pareció mejor y más nueva de lo que me había imaginado», confiesa. La primera impresión fue positiva. Pero los comienzos siempre son complicados, más aún cuando desconoces la lengua en la que se comunican. «Hablan en macedonio, así que al principio llevaba todo apuntado en un cuaderno. Y nada más llegar me compré un diccionario, pero no sabía cómo leerlo». Menos mal que al poco tiempo, la organización para la que trabaja les apuntó a clases para aprender el idioma.

Su principal baza para manejar la lengua ha sido aprender de los niños. Esta joven vizcaína colabora en el diseño y la redacción de una revista destinada a jóvenes de Skopje. Pero, al mismo tiempo, trabaja en dos centros de día en los que dan asistencia a niños gitanos. Esta etnia es una de las más castigadas en Macedonia, y viven apartados en una especia de guetos. «Existen barrios donde no tienen agua y nadie se preocupa de ellos». En los centros en los que trabaja Fantova Barrena les ayudan dándoles de comer, ropa y educación . «Con los niños gitanos he aprendido a hablar macedonio, no me quedaba otra. La verdad que me aportan muchas cosas. Siempre acogen todo lo nuevo con ganas y te agradecen cualquier detalle. Incluso me traen regalos».

Reside en una casa junto a otros voluntarios para quienes la adaptación ha sido fácil. Todo gracias a la amabilidad de los macedonios. «Es gente muy acogedora y su ritmo de vida es muy diferente del de Europa. Se toman la vida con tranquilidad a pesar de no tener trabajo. Aquí hay un 40% de desempleo y se mucha pobreza. Y las calles están muy sucias». Los que sí cuentan con trabajo disponen de sueldos muy bajos, el mínimo ronda los 150 euros. El mismo dinero que puede costar un alquiler en el centro de la capital macedonia.

Al no haber muchas oportunidades laborales, la mayoría de los jóvenes siguen en casa de sus padres sin opción de independizarse. Y eso que la vida en Skopje es bastante digna porque en los pueblos de alrededor se vive con mucha más humildad. En el barrio en el que reside esta vasca hasta hace dos semanas era complicado salir por la noche porque todo estaba muy oscuro, ya que no había farolas, en busca de ahorrar en luz.

Un extranjero lo tiene más fácil, ya que su salario es superior y el coste de vida en Macedonia es barato. La cesta de la compra es bastante asequible. «La gente es feliz con lo poco que tienen. Y son muy generosos. Aquí es habitual hacer autostop y la gente no sólo te lleva, sino que te invita a un café o a comer».

Amabilidad y confianza

Y es que Fantova Barrena no siente miedo al andar sola por las calles. Todo lo contrario. «Aquí me siento más segura que en Bilbao», admite.

Otro aspecto positivo que destaca de este país balcánico es su paisaje. Un edén en el que no da pereza despertar. «En el sur de Macedonia hay un lago que se llama Ohrid que cuando estás en frente es como si estuvieses mirando el mar. Y cerca de Skopje hay muchos montes y un cañón natural». No se conforma con contemplar sólo estas panorámicas. En sus cinco meses de estancia ha aprovechado para visitar otros países vecinos. «En Serbia estuve una semana haciendo un curso como voluntaria europea. Y la verdad es que allí te sientes como si estuvieras, por ejemplo, en Madrid. En Kosovo ya fue distinto. La pobreza es más acusada que en Macedonia y ves militares por todos lados».

Se vino a los Balcanes sin conocer nada acerca de ellos, y casi medio año después se lleva una buena imagen de Macedonia. «Aunque haya tanta pobreza, la gente te da lo poco que tienen». Eso sí, a corto plazo piensa regresar a Bilbao para continuar su formación, pero con la intención de regresar de visita. Una experiencia que recordará siempre y, si le falla la memoria, podrá rememorarla gracias al blog que escribe cada día llamado ‘Historias de Macedonia’.

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