Azkoitia
La vida después de las llamas
Los afectados por el violento incendio de hace un mes en azkoitia tratan de salir adelante, no sin dificultades
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 09-03-2012EL Urola baja con viveza hacia el Casco Viejo de Azkoitia en el barrio de Jausoro, mientras los paseantes completan su itinerario habitual a orillas del río. Se trata de una estampa mañanera habitual, a no ser por un detalle. Los peatones alzan la vista hacia un inmueble cercano como si algo faltara en el paisaje urbano. Al otro lado, sus miradas se topan con un amasijo de vigas calcinadas y muros derruidos; son los restos del devastador incendio registrado hace un mes en la calle Mayor azkoitiarra. Allí, aún huele a madera quemada.
El azkoitiarra de origen pakistaní Alamgir Subhani, apoyado en la barandilla que da al río, observa lo que ha quedado de su casa. “Pasamos miedo, sí”, confirma este hombre de 34 años, padre de dos niños, de uno y cinco años. Les despertaron pasada la medianoche y los desalojaron hacia la una de la madrugada del 11 de febrero. La “gran cantidad de humo” que se acumulaba en casa y en las escaleras. Eso es lo que más recuerda Alamgir de aquel instante.
Desde el momento en el que, con su esposa y sus hijos, salió del portal número 10 de la calle Mayor de Azkoitia, este paquistaní oriundo de Punjab tuvo que comenzar una vez más de cero; rehacer su vida tras quedarse sin hogar.
afectados
Más de 25 personas
Una decena de familias están pasando por el mismo mal trago desde aquella fatídica noche en la que el incendio destruyó el número 14 de la céntrica calle azkoitiarra origen del siniestro y dañó significativamente el número 10. Los bomberos pensaron en un principio que el fuego había sido extinguido, aunque al reavivarse las llamas, hubo incluso que desalojar los inmuebles adyacentes.
En total, una veintena de vecinos fueron realojados en el hotel Larramendi por intervención del Ayuntamiento, mientras que otra media docena fue acogida en casas de familiares. La mayoría se quedó sin casa y sin nada, ya que muchas pertenencias se quemaron y quedaron dañadas a consecuencia del incendio. Gran parte de los afectados era de origen extranjero.
A Alamgir, según relata, todavía le abordan algunas señoras en la calle y en el supermercado para preguntarle qué tal está. Les cuenta que estuvieron “diez días” en el hotel, donde les trataron “bien”, a pesar de las diferencias culturales existentes. “No estás como en casa, porque somos musulmanes y la comida que hacemos es diferente”, matiza. También les dice que su familia estaba “de alquiler” y que el Consistorio se portó “muy bien” al ayudarles a encontrar “otra casa donde vivir”. “Yo tengo la suerte de tener trabajo en una fundición de Zumarraga, algo que otros vecinos no pueden decir, desgraciadamente. Puedo pagar el alquiler y ahora queremos volver a la vida normal”, valora.
Este hombre parco en palabras, serio pero afable, lleva cuatro años en Zumarraga tras otros tantos en Barcelona. Ahora, según afirma, él y su mujer tratan de “olvidar” el incendio. “Pero hemos perdido muchas cosas”, contrapone, en referencia a la ropa y aparejos dañados por el agua arrojada para extinguir el fuego. Tele, ordenador, zapatos… “Todo”, resume, incluso “los juguetes” de los txikis de la familia. El desembolso para reponer lo perdido está siendo importante.
alice santana
“Sin casa, sin dinero y sin nada”
Igual que Alamgir, la mayor parte de los vecinos que vivían en los números diez y catorce de la calle Mayor habitan ahora en pisos de alquiler, al menos mientras se aclara lo que va a pasar con sus viviendas anteriores. Entre los más perjudicados se encuentran aquellos cuyas casas resultaron completamente destruidas por las llamas, es decir, los habitantes del portal número 14, que a todas luces será derribado. Sin olvidar los del número 10, cuyo futuro está en el aire.
En este último grupo se encuentra Alice Santana, azkoitiarra de 45 años. El piso de su propiedad sufría un grave deterioro ya antes del incendio, por lo que había sido realojada de antemano en un piso para emergencias sociales del Ayuntamiento. Ahora, sin embargo, debe abandonar este recurso y necesita un piso de alquiler. “Estoy sin casa, sin dinero y sin nada. Llevo quince días sin poder dormir. No sé qué hacer”, se desespera la mujer.
Y es que Alice padece esclerosis y no tiene trabajo. La ayuda por paro se le termina en junio y no puede afrontar la renta habitual que supone un hogar. “No encuentro alquileres baratos. Si alguien sabe de alguno, lo necesito con urgencia”, solicita. A todo esto se le añade la incertidumbre sobre lo que pasará con la vivienda de su propiedad. Ella sigue a la espera del informe sobre el estado del inmueble, algo que también tendrá su incidencia en la cobertura del seguro. Por el momento comparte habitación con su hija, ya que no son las únicas personas alojadas en el piso de emergencia social. “No sé qué va a pasar con mi vida”, resume.
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