AL DÍA
La ópera favorita de Hitler
En Berlín retrasan la función de 'Rienzi', de Wagner, para que no coincida el 20 de abril con el cumpleaños del líder nazi
Diario Vasco, , 24-02-2012Da igual que solo se acuerden los mayores de 70 años en Alemania. No parece de recibo programar la ópera favorita de Hitler (‘Rienzi’ de Wagner), con una escenografía de ambientación fascista, para un día tan señalado como el 20 de abril. Ni el director de la Deutsche Oper Berlin, ni los músicos, ni los cantantes cayeron en la cuenta de que esa fecha está grabada en la memoria de quienes sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial. Entre 1934 y 1945, no había manera de escaquearse. Aquel día era el cumpleaños del líder nazi y se celebraba por todo lo alto.
«¿En qué estarán pensando? Poner en escena la obra predilecta de Hitler, en el teatro que más mimó Goebbels y encima el 20 de abril… ¡Pésima idea!», advirtió hace semanas el diario berlinés ‘Die Welt’ en un editorial. La Deutsche Oper Berlin ha decidido trasladar la función de estreno al día 21 de abril para no herir sensibilidades. No hay prisa para contar las vicisitudes del joven romano, del siglo XIV, que se enfrenta a la nobleza y a la Iglesia para liberar a su pueblo de la tiranía. Un argumento que entusiasmaba al dictador nazi, a pesar de que el protagonista de ‘Rienzi’ termina rematadamente mal. No se lo tomaba como una premonición.
Ha pasado mucho tiempo y Berlín se toma muy en serio su papel de avanzadilla progresista. O al menos, lo intentan. Tienen un alcalde orgullosamente homosexual, Klaus Wowereit, y la sinagoga de la ciudad está blindada a cal y canto. La comunidad judía se protege con especial firmeza.
Las nuevas generaciones han olvidado los cañonazos que despertaban a sus abuelos cada 20 de abril. Era Fiesta Nacional, con desfiles en las grandes avenidas y la Novena de Beethoven como guinda obligada del pastel. Hitler era un apasionado de la música clásica y la Orquesta Filarmónica de Berlín siempre le amenizaba esa velada tan especial. En tiempos del Tercer Reich se programaban toneladas de obras de Beethoven, Bruckner (austriaco como Hitler) y sobre todo de Wagner, un compositor entre otras cosas megalómano y antisemita.
Wagner era el ojito derecho de un hombre que se ganó el odio de sus compañeros en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Entonces Hitler no tenía bigote ni dotes de mando. Dicen las crónicas que era «un pelota baboso y traicionero». Literal. Tampoco sorprende. Toda su locura responde a un talante servil y rastrero. Al llegar al poder, se derretía de gusto ante las multitudes y no dudaba en mandar colgar a sus enemigos de un gancho de carnicero por debajo de la nuca. No admitía ni una sola voz en contra. Amaba el silencio y el entrechocar de talones. La excepción, claro, era la música de Wagner.
Escuchó ‘Rienzi’ por primera vez en la ciudad austriaca de Linz, allá por 1906, cuando tenía 16 años. Un día, confesó a los descendientes de Wagner que en ese momento se le despertó la vocación política. ¡Mejor no interpretar esta ópera el 20 de abril! Más vale no arriesgarse a despertar viejos fantasmas…
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