Los 'sin techo' crecen en pamplona

Más de un centenar de personas viven y duermen en cajeros, portales o coches

el 72,58% son de procedencia europea y hay un 10% más de mujeres

El perfil se amplía del varón solitario de mediana edad al de jóvenes, temporeros, grupos familiares y enfermos mentales

Diario de Noticias, ana ibarra, 19-02-2012

pamplona. Son esa estirpe maldita de pobres de abrigo raído y zapatos viejos, antiguos mendigos y ladrones, luego homeless, transeúntes, los sin techo y, ahora, más bien cualquiera… Más de un centenar de personas duermen en portales, cajeros o coches en la capital navarra. Muchos de ellos han pasado por el albergue municipal de Trinitarios cuando el mercurio ha caído por debajo de los tres grados y la ciudad se ha lanzado a su rescate. Aunque lo cierto es que no todos quieren ayuda, prefieren dormir al lado de su soledad. El pasado mes de enero, uno de los más fríos de los últimos años, llegaron a dormir hasta 69 personas en el centro para personas sin hogar, aunque no hizo falta que la Policía Municipal repartiera vales para alojar a los sin techo en pensiones del Casco Viejo de Pamplona. La foto fija de marzo del 2011 era que medio centenar de personas indigentes se contabilizaban en calle. Entre otros factores, el creciente numero de familias amenazadas por desahucios augura más situaciones de indefensión ante una realidad, como es la calle, que muestra de manera más evidente la injusticia social. Lo que contrasta, por otro lado, con situaciones de sobreabundancia de miles de viviendas vacías…

Españoles y marroquíes son los colectivos mayoritarios de los 102 que atienden en el programa de Atención en Calle que lleva a cabo la fundación Xilema, un servicio de acompañamiento, mediación, orientación y atención para personas entre 18 y 65 años inmersas en procesos de exclusión social severa. El 52% son oriundos del país, un 20,58%, europeos, y un 18,62%, africanos. Es decir, el 72,58% de estas personas en situación extrema son de procedencia europea frente a la creencia, quizás, de que son los inmigrantes extracomunitarios los colectivos más tirados. Destaca también la presencia de mujeres durmiendo en la calle, que aumenta casi un 10% en relación a otros programas, y están atentos porque “habrá que ver su evolución a lo largo del tiempo”. Y uno de cada tres usuarios tiene entre 41 y 51 años.

Desde comienzos de los años 90 los expertos observan un incremento significativo de personas que integran el denominado colectivo de Personas Sin Hogar (PSH), en alta exclusión, sin techo ni comida, recoge el informe realizado por el Observatorio del fenómeno sinhogarismo en Pamplona, que nace con la pretensión de que las personas sin hogar “dejen, paulatinamente, de ser un colectivo invisible o invisibilizado de la sociedad”. Más población PSH, lo que conlleva mayor pluralidad y, por lo tanto, “mayor dificultad a la hora de realizar un perfil cerrado”, recalcan los técnicos de la fundación. Así, “el perfil de PSH está cambiando al albur de los nuevos tiempos y de las transformaciones sociales”. Junto al “clásico” varón solitario de mediana edad, detectan una creciente presencia de jóvenes con edades comprendidas entre 16 y 24 años, así como de inmigrantes/extranjeros, trabajadores temporeros, mujeres, grupos familiares y menores de 16 años. Las tendencias apuntan de este modo a cierta “juvenalización” y “feminización” del colectivo afectado por el fenómeno del sinhogarismo debido principalmente a la crisis, a los problemas laborales, a toxicomanías, malos tratos, separaciones y rupturas. Se constata también un incremento del nivel educativo y cultural del llamado homeless, así como la incorporación de un número creciente de extranjeros inmigrantes, y de enfermos mentales crónicos. Situaciones que “no afectan todavía decisivamente al perfil de PSH, pero debemos estar atentos a esta realidad, ya que si la tendencia prosigue, en poco tiempo lo hará”, observan.

Para Rubén Unanua, coordinador del servicio municipal de atención a personas sin hogar, se está dando “una buena atención no solo asistencial”. La mayoría de los casos son hombres que han trabajado durante años y han perdido el empleo, o inmigrantes que han estado enviando dinero a sus familias y se han quedado sin nada, pero también se va viendo una mayor presencia de parejas sin recursos. Hay también personas que son enfermos crónicos, con problemas de salud mental o consumos que “no entran en la comunidad terapéutica ni en psiquiatría”, y en algunos casos corren el riesgo de delinquir y de llegar a prisión. “Lo que más nos está costando es coordinarnos con el área social y sanitaria”, remarca. El equipo técnico pretende favorecer las condiciones de “seguridad, confianza, estabilidad y sensibilidad para que cada uno de los colectivos excluidos o con altas posibilidades puedan superar sus dificultades, desarrollar estrategias de intervención que posibiliten la adquisición y aprendizaje de funciones mentales y emocionales, que permitan el desarrollo de una personalidad fuerte, con capacidad para responsabilizarse y afrontar conflictos”.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)