Sociedad
Madres transnacionales
un documental de oskar tejedor muestra la experiencia vital de mujeres inmigrantes que llegan a euskadi
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 19-02-2012UNA mujer entra en la cabina de un locutorio y marca un número para realizar una llamada. El plano cambia inmediatamente y en la pantalla se observa a un hombre, en una ciudad latinoamericana, jugando con sus hijos pequeños. La escena familiar se ve interrumpida por una llamada de teléfono. “¡Hola, amor! ¿Qué tal estás? ¿Y mis hijitos cómo están?”, se escucha al otro lado de la línea. Ella se encuentra en Donostia, mientras que él vive en Perú con los hijos de ambos. El marido le pregunta cuándo va a volver a casa. “Veremos si puedo ahorrar un poco y si podré regresar”, responde ella.
Esta escena protagonizada por Elena Grandez Panduro y su familia, tan cotidiana para cientos y cientos de mujeres inmigrantes, es un fragmento del documental Compañeras de viaje del director Oskar Tejedor (Legazpi, 1968), una obra de reciente creación sobre la experiencia vital de las madres sudamericanas que se embarcan en un proyecto migratorio. “Todas han dejado a sus hijos allí. Quería reflejar cómo viven la maternidad a distancia”, resume el autor de la cinta.
A esta situación se han enfrentado en sus vidas Justina, Belinda, Elena, Norma, Marlene, Rebeca y Yajaira, compañeras – sin saberlo – de un mismo viaje. Han renunciado – al menos temporalmente – a ver crecer a sus hijos para intentar labrarse un futuro mejor en Euskadi y desnudan sus sentimientos a lo largo de los 40 minutos que dura el documental.
“Yo traje muchas ilusiones, esperanzas, en la maleta. Te duele mucho dejar allá lo que quieres. ¿Y qué haces en esa situación? Seguir trabajando”. La descripción de Elena ilustra los sentimientos que abrumaban a estas mujeres al inicio de la aventura migratoria que les trajo hasta Europa. Ella, en la actualidad, trabaja como cuidadora de una señora mayor, que además es ciega. Procura enviar a Perú el dinero que consigue, con el objeto de que sus tres hijos puedan ir a la universidad, algo que ya está haciendo el mayor de ellos.
Según reflexiona Oskar Tejedor, estas madres inmigrantes no solo han afrontado un “viaje físico” al emigrar. “De alguna manera había que meterse dentro de su psique para entender en qué situación se encuentran”, agrega. El apoyo de un equipo formado por una psicóloga, un sociólogo y una antropóloga ha permitido que el documental plasme la evolución psicológica y mental de las protagonistas.
retos
Adaptación y obstáculos
La idea original del proyecto proviene de la asociación Bidez Bide de Zarautz, que, en su contacto diario con mujeres inmigrantes, observaba una “preocupación” común en ellas. “Una inquietud sobre la relación con sus hijos e hijas, porque son madres transnacionales. Queríamos hablar de las etapas que pasan y las dificultades que encuentran a la hora de adaptarse a una nueva sociedad y de construir su identidad como mujeres”, profundiza Soraya Ronquillo, miembro de la agrupación.
Los obstáculos no son menores para estas personas que, a pesar de contar con estudios en la mayoría de los casos, se ven abocadas a trabajar en el servicio doméstico en el país de acogida. Casi todas huyen de una precaria realidad económica, algunas incluso de una pareja maltratadora, pero aquí se enfrentan a una dura existencia. “Me encontré con la cruda realidad de que no había trabajos en abundancia, que la vida era muy difícil y que no era el país de las maravillas”, afirma Marlene Talavera Barrera durante el documental, nicaragüense y licenciada en Administración de Empresas.
En efecto, Compañeras de viaje da a conocer las piedras que obstaculizan el camino de estas madres a distancia. La dificultad para conseguir los papeles, la existencia de trabajos precarios, las trabas administrativas existentes para reagrupar a sus familias… todo ello en un contexto marcado por un dolor íntimo y profundo: la ausencia de los seres queridos.
“Es como si tuviera mi cuerpo aquí y mi alma allá”, expresa Elena, en un momento de la película. Un sentimiento en el que profundiza la hondureña Yajaira García Reyez, que lleva seis años sin ver a sus hijas. “Ellas me llaman ‘mamá’ y dicen que quieren conocerme. Ven a mi madre y a mi hermana como madres”, explica, emocionada.
Pero no todo es angustia en la vida de estas mujeres. Tejedor destaca el “empoderamiento” que con el tiempo van asumiendo, en una sociedad en la que la igualdad entre hombres y mujeres es mayor que en sus países de origen. “Van tomando unos valores que antes tenían ocultos y ahí comienza otro proceso. ¿Y si traigo a mis hijos aquí para que tengan más oportunidades?”, se preguntan. “Van logrando pequeñas conquistas”, completa Soraya Ronquillo.
“¿Cómo una madre deja sus hijos, su país, su cultura, para emprender una aventura en un país que desconoce?” El director legazpiarra quiere seguir profundizando en esta cuestión, para lo que prepara un próximo documental titulado Mujeres en tránsito, que vendría a mostrar desde dos ángulos la aventura migratoria de las mujeres latinoamericanas: el relato de una persona que se halla en el inicio del viaje y, a su vez, de alguien que, habiendo completado este trayecto, va a regresar a su país.
Tanto a Tejedor como a Ronquillo les gustaría que todo el material que están creando y los testimonios que están recogiendo sirvan de apoyo a las mujeres que estén viviendo las mismas experiencias que Elena, Norma o Marlene, así como a aquellas que, en Sudamérica, planeen venirse a trabajar. Para ello, están tratando de organizar talleres para estas madres que “durante mucho tiempo”, según incide el director, serán “mujeres en tránsito”.
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