INCENDIO EN AZKOITIA

«Toda mi vida estaba dentro de la peluquería»

«Hay que seguir adelante», dicen vecinos de los pisos incendiados. Los afectados piden la ayuda del Ayuntamiento de Azkoitia para poder alquilar nuevas viviendas

Diario Vasco, JAVIER PEÑALBA | SAN SEBASTIÁN. , 15-02-2012

Un incendio no basta para echar por tierra el ímpetu emprendedor de Mari Loli Sánchez. Esta vecina de Azkoitia, de profesión peluquera, es una de las cerca de treinta personas damnificadas por el incendio registrado el fin de semana en la calle Nagusia de la localidad. Cuatro días después del siniestro, Mari Loli se recupera del golpe. «Hay que seguir adelante», dice. No se lo ha pensado dos veces y mientras busca un nuevo local en el que poner en marcha otra vez el negocio, ha habilitado una habitación de su casa en la que atiende a sus clientas.
Loli se emociona cuando recuerda su malograda peluquería. «Es que han sido 45 años en aquel establecimiento. Empecé con 17, cuando ni siquiera podía alquilar el local. Lo hizo otra persona por mí. Luego, al cumplir los 18, lo puse a mi nombre; llevo toda la vida ahí metida».
El negocio de Mari Loli era mucho más que una simple peluquería. «Era un espacio en el que también tenía un pequeño estudio de pintura, con cerca de cincuenta cuadros que ahora han quedado sepultados. También tenía un pequeño gimnasio, un sofá para descansar… ¡Qué pena tengo!», se lamenta.
Pero esta mujer ha decidido no rendirse. De momento, ha habilitado una habitación de su casa, donde ya ha atendido a algunas clientas. «He mirado algunos locales, pero los precios están por las nubes. Además, no me quiero ir de mi zona, pretendo estar cerca de mis clientas. Casi todas me están llamando y en la calle me dicen que van a venir a casa. Percibo un enorme cariño. Les estoy muy agradecida».
Loli no ha podido aún acceder a la peluquería. «Sólo ha entrado un bombero que ha recuperado algunos elementos. Ahora tengo que ver qué funciona y qué no».
La peluquera recuerda que se enteró de lo ocurrido por la radio. «Eran las ocho de la mañana del sábado. Estaba desayunando cuando escuché que se había producido un incendio en el número 14 de la calle Nagusia. Me dije: ‘pero si es la peluquería’. Empecé a temblar, no sé cómo no me desmayé. Llegué como pude y vi que estaban los bomberos. Luego ya me contaron cómo sucedió todo».
«Dicen que busque un piso»
Ibrahim Brahem reside desde la primavera de 2006 en el número 10 de la calle Nagusia. Es el inmueble contiguo al edificio donde se desencadenó el suceso. Ibrahim vive en el último piso, el quinto. El incendio lo ha dejado inhabitable. Nacido en Marruecos hace 41 años, aunque nacionalizado español, adquirió en propiedad la casa. La compró en condiciones precarias y en ella invirtió esfuerzos y ahorros. «La cocina era prácticamente nueva», indica. El fuego le ha despojado de su mejor bien. Pero no sólo a él, también a su esposa y a sus cuatro hijos: el mayor de 12, el menor de apenas 43 días.
La familia Brahem ha sido realojada en el hotel Larramendi de la localidad junto a otros catorce afectados por el siniestro. Dice que no se encuentra nada cómodo en el hotel. «No es un espacio para una familia con cuatro niños pequeños. Necesitamos más tranquilidad, otro lugar y luego, por mucho que se vuelquen con nosotros, la alimentación para los críos tampoco es la misma que la que se puede preparar en casa», señala.
Señala que los niños de más edad están psicológicamente afectados. «No hacen sino preguntar por sus ropas, por sus juguetes, por su muñeca… No ha quedado nada de todo ello, está todo calcinado o mojado».
Ibrahim ha mantenido reuniones con los responsables municipales. «Me dicen que, como tengo asegurada la casa, hable con la compañía. Estos me comentan que busque una casa para alquilar. Ya he empezado a hacerlo. Incluso he hablado con un propietario, pero me ha dicho que no quiere que haya niños. Además, me pedía un aval de 6.000 euros. Yo no puedo adelantar esa cantidad, y menos ahora que estoy en paro. Confiamos en que el Ayuntamiento nos eche una mano».
La noche del suceso, a Ibrahim y a su esposa les despertó el ruido de un camión. «Al principio pensamos que sería el de la basura, pero el tiempo pasaba y el vehículo seguía allí. Abrí la ventana y vi a los bomberos. Inspeccioné mi casa y todo estaba en orden. Sin embargo, sobre la una, el humo empezó a extenderse. Cogí a los niños y los llevé a mi habitación. Al cabo de un rato llegó la Ertzaintza y nos dijo que era mejor que saliéramos. Abandonamos el piso con lo puesto. Fuimos a casa del padre de mi mujer, que también vive en Azkoitia. Cuando regresé no me dejaban pasar. Mi casa estaba con el techo caído».
Fran Municio ha tenido algo más de suerte. Su casa se ubica en el número de 10. Es uno de los inmuebles que menos ha sufrido los efectos del incendio. «Parte de una pared del número 14 ha caído sobre el tejado de mi casa. Ha roto algunas tejas y estamos a la espera de saber si el onduline ha aguantado», explica.
Fran, que vive con su esposa Amaia Zabaleta y un hijo, todavía no ha podido regresar a su domicilio y se halla en casa de unos amigaos. «Nuestro problema es que tenemos cerrado el acceso a la vivienda, ya que para llegar a ella hay que atravesar un pasadizo que discurre por debajo del número 14 y hay peligro de que se derrumbe», explica.
La familia reconoce que afronta el futuro con incertidumbre. «Todas estas casas están fuera de ordenación y no sé qué va a pasar ahora. Cada vez que hemos intentado realizar alguna mejora, el Ayuntamiento nos ha denegado el permiso. Me he visto en la necesidad de hacer obras en mi casa y ello me ha acarreado problemas».
Le despertaron los cascotes
Fran y su familia todavía no han podido olvidar los momentos de tensión que les tocó vivir la madrugada del sábado. Asegura que aún se desconoce «cómo empezó todo. Se dice que los del primer piso del número 14 encendieron una antigua chimenea y que al ver que salía mucho humo se asustaron y llamaron a los bomberos. El personal de extinción estuvo un buen rato; inspeccionaron los pisos, abrieron suelos y techos, echaron agua… Dijeron que había sido debido a la acumulación de grasa en la chimenea porque hacía mucho que no se encendía. En aquel momento, ahí quedó todo. A los del número 12 nos dieron permiso para regresar y a los del 14 les dijeron que estuvieran tranquilos, que no tendrían problemas para volver a la mañana siguiente».
Fran retornó a su vivienda. Para nada imaginaba lo que le aguardaba la noche. «Me desperté por los ruidos de los cascotes que estaban cayendo encima del tejado de mi casa. Cuando me levanté, avisé a mi mujer, a mi hijo y salimos. Eran las cinco de la mañana. El fuego que había era ya incontrolable», recuerda.
Cuando alcanzaron la calle «sólo había una manguera extendida en el suelo y una patrulla de la Ertzain-tza. Me quedé sorprendido. Pregunté que dónde estaban los bomberos. Los agentes respondieron que se hallaban ya de camino. Pero ¿por qué se han ido?, les dije. No entendía nada. Para cuando llegaron, las llamaradas eran enormes», explica.
Fran Municio opina que la actuación de los bomberos fue «mala, mala, mala. Dicen que han cumplido con el protocolo. Pues habrá que revisarlo. Hace unas semanas hubo unas inundaciones en unos garajes por las lluvias. Acudieron varias dotaciones, achicaron el agua y estuvieron veinticuatro horas de guardia. Aquí, sólo dejaron una manguera extendida».

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