las nuevas bolsas de pobreza en gipuzkoa > Javier Hernáez Párroco de Altza-Larratxo las nuevas bolsas de pobreza en gipuzkoa

"La imagen que se quiere vender de Donostia no casa con las situaciones de miseria que se vienen registrando"

Las secuelas de la crisis han convertido el barrio en el que predica en escenario de situaciones vitales "muy dolorosas". Este párroco denuncia que la sociedad está "anestesiada" y censura la nula capacidad de liderazgo político para salir del pozo

Diario de noticias de Gipuzkoa, Jorge Napal, 11-02-2012

Donostia. No es un sacerdote al uso, y no hay más que asistir a alguna de sus ceremonias para comprobar la catarsis que llegan a provocar sus prédicas en quien no le conoce. “De la muerte no nos salva ni Dios”, acostumbra a decir con evidente ánimo transgresor. Aunque hay quien quizá le critique por meterse en demasiados charcos, lejos de arredrarse, el sacerdote Javier Hernáez, de 58 años, eleva su voz para criticar contundentemente la “dictadura democrática en la que vivimos”. La charla tiene lugar en una cafetería del centro de Altza, populoso enclave donde el desempleo sacudió con fuerza en los 80, y vuelve a hacerlo ahora con inusitada virulencia. Una conocida de Javier tiene la deferencia de pagar los cafés. El gesto parece reconciliar a uno con el ser humano “en este sistema que ha individualizado de tal modo la pobreza que es imposible hacer una colectividad”.

¿Qué apelativo pone a la actual situación?

No vivimos una situación de catástrofe, en el sentido estricto de la palabra, pero estos años de crisis nos han convertido en testigos de situaciones muy dolorosas.

Una mujer sin recursos se vio obligada hace unos días a abandonar a su hijo en una iglesia de Amara. ¿Qué sensación le dejó?

“Es que era una mujer extranjera”. Es la coletilla que se descuelga, justificando lo injustificable. Cuando una madre sin recursos se ve obligada a desprenderse de su hijo, es que algo falla. ¿Por qué se le acusa a ella? ¿Por qué no acusar al Gobierno de esa situación, de que esa persona no tenga recursos? ¿Quién le fiscaliza? ¿Quién le controla?

Quien parece más sometido que nunca a un férreo control, viendo la actual política del Gobierno Vasco, es el perceptor de ayudas sociales.

No niego que pueda existir algún que otro engaño, o fraude en algunos casos, pero no hay que olvidar que estamos hablando de unas prestaciones de unos 600 o 700 euros, que no son más que un derecho. La ley de pobreza se estableció para responder a estas situaciones. Qué fácil resulta machacar a las clases más bajas, pero ¿quién controla a los de arriba? Cuando un Gobierno, un Estado, ofrece esas ayudas de un modo casi paternalista, está generando una dependencia, y la dependencia siempre es esclavitud. Vivimos una dictadura democrática. Quien gobierna decide. Decide qué te doy y cómo te lo doy.

La implantación de Lanbide no ha dejado de generar controversia…

La semana pasada tuve ocasión de comprobar lo complicada que puede llegar a ser la tramitación. Acompañé a una mujer que necesitaba inscribirse en las listas, y me quedé pasmado con la documentación que te exigen. ¿Cómo es posible que te vuelvan loco durante tres días para cumplimentar tanto papel? Que si el empadronamiento actual, que si el empadronamiento histórico… Es un peregrinaje que, lejos de ayudar, acaba por desanimar a la gente.

Usted formó parte de la asociación Asteartea, movimiento que surgió en los años 80 tras el zarpazo de una crisis que resurge de nuevo. ¿La de ahora es más profunda?

Está siendo más dura, porque el nivel adquisitivo es mucho menor al de entonces. Es cierto que estamos en crisis, pero creo que la sociedad está anestesiada. Nos culpabilizan. La población parece haberse convertido en la culpable de esta situación. Van y nos dicen que hemos vivido “por encima de nuestras posibilidades”. ¿Pero quién ha vivido por encima de sus posibilidades?

Usted no se da por aludido.

Pues no. Nos echan el muerto, y entretanto aquí todo el mundo vive subvencionado: partidos políticos, sindicatos… Tenemos 8.000 ertzainas, funcionarios y consejeros del Gobierno Vasco con unos sueldos suculentos, diputaciones cuyas funciones se solapan con las del Ejecutivo vasco. ¿Todo ello nos está sirviendo para salir de esta crisis?

Ahora andan a la gresca a cuenta de la supuesta bancarrota que vive el Gobierno Vasco…

Sí. Lo peor es que se produce un constante alarmismo provocado por los propios políticos, algo que me parece terrible. ¡Y encima culpabilizan a las clases más bajas!

El desempleo se ha convertido en una soga que no afloja el cuello un solo instante. ¿Percibe sus secuelas a pie de calle?

La fotografía que se registra todos los jueves por la tarde en Larratxo (este periódico informó ayer de ello), donde una asociación se dedica a repartir alimentos a un número creciente de familias, resulta, sencillamente, dramática. Acude semanalmente más de medio centenar de personas con sus carros y sus bolsas porque no tienen garantizada su manutención. Son inmigrantes, pero también naturales de Gipuzkoa. Es una fotografía escandalosa…

Y que queda oculta bajo una alfombra…

Sí, estamos hablando de una ciudad como Donostia, Capital Europea en 2016, con el marco incomparable de La Concha. La imagen que se quiere vender de urbe atractiva no casa con las situaciones de miseria que se vienen registrando. No deja de aumentar el número de personas que hasta ahora no precisaban de este tipo de ayudas. No estamos hablando de una situación catastrófica, pero sí de episodios de miseria que afloran con mucha facilidad.

Y no hay más ciego que el que no quiere ver…

Sí, todo ello queda diluido. Ahora, por ejemplo, apenas hay chabolas, las familias viven en pisos, pero con unas dependencias y unas miserias terribles. No estamos hablando de población excluida. Hablo de personas que viven en Larratxo, que envían a sus hijos a la escuela y después, por la tarde, solicitan ayuda en el Banco de Alimentos porque no tienen recursos. Es una vergüenza lo que estamos viviendo.

Entre tanto gurú de la economía, nadie parece vislumbrar el final de esta crisis.

Nadie, y entretanto la población anestesiada.

¿Qué actitud observa en la población?

Existe una situación de indignación y de conformismo. Indignación porque todo el mundo está comprobando que la situación actual es un desastre, y conformismo porque la gente no sabe muy bien qué puede hacer. Hay una falta de liderazgo flagrante. Los políticos no están sabiendo liderar nada, y no hay más que ver los niveles de popularidad tan bajos que alcanzan. Es verdad que no todos los políticos son corruptos, como tampoco son pederastas todos los curas, pero es una vergüenza asistir al creciente número de casos de corrupción que salpican por todas partes. Los mismos que han estado gobernando Valencia durante tantos años, los mismos que han dejado en bancarrota la comunidad, son los que nos van a sacar ahora del atolladero. No entiendo nada. Sus ideas pasan por congelar los salarios mínimos pero todavía no he oído que se estén planteando suspender las pensiones vitalicias de los diputados.

La indignación del 15 – M se ha diluido en el tiempo. ¿Quién da ahora un paso adelante?

La gente se va a tener que agrupar, aunque no hay que olvidar que siempre van a ser minorías. Lo que ocurre es que este sistema que casi nadie comparte ha individualizado de tal modo la pobreza que es imposible hacer una colectividad. Cuando estás en una situación de paro, es muy complicado seguir en la misma sociedad en la que vivías, y comienzas a formar parte de sociedad paralela, esa que te obliga a pedir ayuda al Ayuntamiento, a Cáritas, a la Diputación… Si todas esas personas que están percibiendo ayudas sociales, si todas esas personas que están paradas desde hace tiempo tuvieran la capacidad de organizarse, las cosas quizá tomarían otro rumbo.

El ciudadano, además, parece haber asumido que comienza a perder un poder adquisitivo que quizá no regrese jamás…

Esa es la sensación que tenemos todos. Por eso esta crisis está siendo más virulenta que la de los 80. Hoy te despiden del trabajo con total libertad. Tengo muy claro que cuando en un sistema económico un Gobierno no sabe proteger a sus ciudadanos, ese Gobierno se convierte en un tirano. Mientras no tengamos claro que lo primero son las personas, esto no va a cambiar. La propia Constitución dice que todo el mundo tiene derecho a una vivienda digna y a un trabajo, pero qué lejos ha quedado todo ello.

“Con la que está cayendo…”. Es otra de esas frases fetiche.

Sí, desde la democracia nos están condenando a vivir con 400 euros al mes. ¿De qué paz estamos hablando? Vivimos en la cultura de los minijobs, y lo más sangrante es cómo te lo justifican, argumentando que, al menos, tienes unos ingresos.

Siguiendo esa lógica, también cabría la posibilidad de acabar yendo a trabajar gratis.

Sí, sí. Lo peor de esta gente es que encima tengan la conciencia de que están haciendo el bien. Son tan buenos tan buenos que acaban siendo muy peligrosos. Nos están tratando como a niños.

¿Y Dios qué puede estar pensando de toda esta situación?

Se estará muriendo de risa. No por la grave situación, claro está, sino por esas teorías que descuelgan algunos religiosos al decir que hay que saber sufrir porque Dios lo quiere. ¡Eso es un cuento! Dios no quiere el sufrimiento de nadie. La alternativa de Jesús no es el castigo ni el dolor, sino la compasión y la solidaridad.

“Esto es lo que hay”. La resignación de algunos se resume en esas cinco palabras…

Sí, pero que la gente tenga muy claro que no es lo que hay, sino lo que nos han metido. Hace 60 años era la Iglesia la que establecía las reglas de comportamiento morales. Era la que te decía a cuántos centímetros tenías que bailar de una mujer, la que te decía qué era pecado y qué no. Ahora es el Estado el que te dice si puedes abortar, si puedes beber, si puedes fumar… es el mismo Estado el que te da ayudas a cambio de que no protestes.

Hay quien dice que, para bien o para mal, este es el sistema que hemos inventado.

¡Pero es que no funciona! Todo el mundo critica las subvenciones que recibe la Iglesia, y ¿qué ocurre con las que reciben los partidos políticos? ¿Por qué los partidos políticos tienen que estar subvencionados? Tenemos unos sindicatos de los que cuelga un collar muy largo. Ladran, pero en cuanto se lo ordenan dejan de hacerlo porque están subvencionados por el Estado. Los sindicatos han perdido todo el crédito, y además solo representan a los que trabajan. Los que están en el paro no cuentan para ellos.

Un hombre de fe como usted debe abrazarse a la esperanza, aunque sus palabras no parecen abrir demasiado la puerta al optimismo…

La mía es una crítica contundente, pero también hay que destacar que, de la misma manera que se registran todas estas situaciones de pobreza, también hay rayos de luz, como el aumento de los gestos solidarios en estos tiempos de crisis. Sin ir más lejos, la última colecta de Cáritas en Larratxo, un barrio modesto, ha sido la más elevada de las registradas hasta ahora. Nunca había habido 800 euros de colecta durante un fin de semana en una iglesia como hemos tenido hace poco, cuando la media suele ser de 90 o 100 euros. La esperanza anida en ese tipo de actos.

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