Dos indigentes mueren por frío y drogas en un edificio abandonado de Valencia

Las Provincias, J. A. MARRAHÍ /J. MARTÍNEZ | VALENCIA, 09-02-2012

Junto a las cálidas habitaciones de un lujoso hotel de Valencia se erige una vieja finca ruinosa que ayer se convirtió en tumba para dos indigentes extranjeros de 35 y 36 años. Tendidos en dos colchones y rodeados por botellas vacías y jeringuillas, la Policía Nacional encontró ayer sus cuerpos, tras una noche gélida que dejó temperaturas de dos grados en la ciudad y que se desplomaron a nueve grados negativos en los pueblos más fríos de la Comunitat.

Un juzgado de Valencia investiga las causas de los fallecimientos. Los agentes de Homicidios que se presentaron en el lugar no apreciaron signos externos de violencia. A falta de las autopsias se barajaba una combinación de consumo de drogas y bajas temperaturas como desencadenante de las dos muertes. Tampoco se descarta que arrastraran graves enfermedades anteriores y que el frío haya actuado como un agravante mortal. Todas estas posibilidades están abiertas hasta que hoy se practique la prueba forense.

La alarma se desató poco antes de las diez de la mañana, en un edificio abandonado de tres alturas situado en el número 12 de la avenida del Puerto. Sus accesos están tapiados, pero muchos indigentes de la zona se colaban a pernoctar tras trepar por un muro trasero.

Una de estas ‘okupas’, muy asustada, se presentó a dicha hora en el hotel. Entre lágrimas dijo a los trabajadores: «Hay dos o tres muertos». Los empleados trasladaron su aviso a la Policía y en pocos minutos varias patrullas se presentaron en el lugar.

Al llegar a la finca, la rodearon por la calle Carles, una angosta peatonal que separa la finca en ruinas del hotel. Allí se encontraron con la tapia de cuatro metros y con una valla metálica que los indigentes emplean para sortear el muro. Los agentes usaron una escalera y subieron a la tercera planta, donde se hallaban las víctimas. Allí, tendidos en dos colchones, se encontraron con los cuerpos sin pulso aparente y una mujer con graves síntomas de embriaguez. Acto seguido, solicitaron la presencia de personal médico para confirmar las muertes y auxiliar a la tercera indigente.

Problemas de acceso

Los bomberos fueron necesarios para auxiliar a los servicios de emergencia. Una de las opciones que se barajó fue derribar la puerta del patio, «pero la escalera de la finca estaba en muy mal estado y sin barandilla», como explicó posteriormente el sargento Julio Blasco. La solución fue el Magirus ALP – 555, el nombre del autobrazo más alto de los bomberos de Valencia, de 55 metros. La gigantesca escalera termina en una amplia cesta con capacidad para varias personas.

Con ella ascendieron los empleados del SAMU que accedieron a la vivienda. El elevado brazo mecánico ascendió hasta la azotea. «No fue necesario forzar ninguna puerta porque sencillamente estaban abiertas, tanto la de la terraza como la del domicilio donde se encontraron los cuerpos, en el tercer piso», detalló el mando de bomberos.

Una vez en la casa, el personal sanitario accedió a donde estaban las víctimas, una habitación exterior cuya ventana recae a la calle Carles. Allí certificaron que los dos ciudadanos extranjeros estaban fallecidos. La mujer que les acompañaba presentaba síntomas de embriaguez. Fue auxiliada y trasladada a la calle con el autobrazo de Bomberos. Después, una ambulancia la trasladó al Hospital Clínico. Según fuentes sanitarias, su vida no corre peligro y su testimonio, una vez recuperada, será clave para reconstruir las últimas horas de vida de los dos fallecidos.

El resto fue trabajo del juzgado de guardia. Los agentes de Policía Científica se llevaron en una bolsa las botellas y jeringuillas. En la vivienda, los bomberos no apreciaron restos de hogueras u otros elementos para calentarse entre las viejas paredes del edificio. Para extraer los dos cuerpos sin vida los efectivos aproximaron la cesta del autobrazo a la ventana de la habitación donde estaban los fallecidos. Desde ese lugar y abatiendo una de las barandillas laterales de la plataforma, fue posible cargar los dos cadáveres.

Las costosas labores finalizaron sobre la una y media de la tarde. A esa hora descendía en el autobrazo el otro amigo de las víctimas: un pequeño perro con dos collares y en buen estado. El can fue atendido por los servicios municipales y trasladado a una perrera.

En mayo de 2008, otra finca abandonada, en este caso en el paseo de la Pechina, también fue el escenario de la muerte de un indigente. La Policía halló muerto a un joven inmigrante de origen africano, que presentaba un corte de arma blanca en la pierna y posiblemente murió desangrada.

El lugar donde falleció el hombre es un edificio construido en los años 50 situado junto a la antigua cárcel de mujeres y la calle Torres, al lado de los jardines del Turia, y comprende tres patios, el 55, el 56 y el 57. También en esta ocasión, los agentes necesitaron la ayuda de los bomberos, que utilizaron un vehículo de altura, con un brazo articulado con cesta, para acceder hasta el interior.

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