temporal de frío, a pie de calle >
'Currelas' en la nieve
w Numerosos trabajadores desafían el temporal completando una jornada laboral de ocho horas a cero grados w "Peor es no tener trabajo", aseguran
Deia, , 03-02-2012bilbao
cUANDO toca trabajar, toca", de esta manera resumió ayer Gabriel, un trabajador de la construcción rumano que se afanaba en reparar una bajante de pluviales en la calle Licenciado Poza, junto a la esquina con Doctor Areilza, bajo un intenso temporal de nieve y frío que desplomó ayer hasta los cero grados los termómetros de la capital vizcaina y del resto de Euskadi.
“Peor es no tener trabajo”, comentó Jorge, su compañero, ambos operarios de la construcción rumanos que han venido a Euskadi en busca de trabajo. Ayer, su jornada laboral empezó “a las 8.15 horas” y se terminó a las “siete de la tarde”. Once horas en la calle, salvo el descanso para el almuerzo. “Un café por la mañana y un bocadillo al mediodía”. Con este combustible aguantaron una jornada titánica, agachando el riñón uno para cambiar la bajante de pluviales rota y el otro para picar y sustituir las baldosas de la acera.
Jorge, sin guantes, aunque bien pertrechado por un gorro y ropa de abrigo en el cuello, notó especialmente las inclemencias del tiempo en sus manos cuarteadas por el frío. “Hay que aguantar”, se autoconvencía mientras seguía adelante con el martillo neumático.
En esa misma calle, bajo una intensa nevada que apenas dejaba abrir los ojos, ataviados con los chubasqueros de la empresa, operarios de Bilbao Garbi recorrieron la capital vizcaina en diferentes turnos. En el de la tarde, de 13.30 hasta las 20.30 horas, Francisco y Asier combatieron el frío como podían, a lomos del camión de la basura y con “jerseys gordos por debajo” del uniforme para poder soportar los viajes fuera del vehículo. “Nos han dicho que va a ir a peor por la tarde – noche pero hay que trabajar”, señalaron mientras retiraban unas cajas de la vía pública. Durante las siete horas de jornada laboral a las que se enfrentaron, el intenso ritmo de trabajo que llevaban para evitar atascos, les permitió mantener algo de calor en el cuerpo. A pesar de todo, los coches tocaban el claxon, mientras Francisco y Asier, a la carrera, no tenían tiempo para pensar ni en el mal tiempo. En cambio, sus rostros helados y enrojecidos por el frío recordaban que no era una jornada habitual.
Más adelante, en la esquina entre Gran Vía y Doctor Areilza, Aldo, un operario marroquí, hundido unos metros en el suelo, trataba de arreglar un cable de una línea telefónica. La propia actividad, un gorro y unos guantes le mantuvieron en calor. “He entrado a las ocho de la mañana y tengo que estar hasta las cinco”, señaló. Nueve horas bajo las inclemencias climatológicas en las que el descanso para comer fue como un oasis en el desierto. “He comido algo caliente, con el día que hace entra de maravilla”, reconoció esperando con buen humor el momento de volver a casa y poder calentarse. Algo que sí pudo hacer, en parte, Elisabeth, una colombiana que regenta el puesto de castañas del puente de El Arenal. “Con la chimenea me caliento y aguanto bien”, reveló.
“bajo control” En la Gran Vía, Yolanda, una trabajadora bilbaina de Bilbao Garbi, se mantenía en su puesto de trabajo en el interior de su máquina quitanieves Hako a la espera de acondicionar las calles. “Estoy helada”, afirmó. El trabajo durante este fin de semana se ha multiplicado para estos trabajadores. “Estoy de retén. Estamos por turnos para limpiar la nieve de las aceras y echando sal para que la gente no se resbale”, explicó. El dispositivo desplegado por toda la capital vizcaina evitó complicaciones. “No ha habido ningún problema”, confirmó.
Un dato significativo del cambio de tiempo es que ayer varias tiendas agotaron parte de sus mercancías para el frío. “Esta mañana hemos vendido todos los gorros y guantes. No nos queda ni uno”, aseguró la dependienta de una tienda de complementos de la Gran Vía de Bilbao.
Tampoco fue un buen día para los repartidores en moto. Endika, un joven getxotarra de 23 años, tuvo que extremar la precaución a la hora de llevar a cabo los pedidos por las dificultades que presentaban las carreteras. “Por mucho que te abrigues, en la moto te congelas. Las manos se te quedan heladas y hay que tener mucho cuidado porque las ruedas patinan”, concluyó.
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