CHEQUEO DE LA COHESIÓN SOCIAL (4)

Torre Baró quiere paz

La recuperación del parque del Campillo de la Virgen ha causado conflictos de convivencia, en vías de solución gracias al diálogo.

El Periodico, HELENA LÓPEZ, 19-01-2012

Partían de una premisa poco halagüeña. La crisis real del movimiento asociativo – no solo en Torre Baró, en la ciudad en general – no es el escenario óptimo para la integración de nuevos vecinos llegados de medio mundo. Tampoco para la creación de conciencia de barrio, antaño tan arraigada en la zona; cuando sus habitantes, la inmensa mayoría inmigrantes – aunque llegados desde más cerca, mayoritariamente de Extremadura y Andalucía – , tuvieron que luchar por los servicios más básicos. De colegios a alcantarillas. Una de esas luchas, ganada tras años de presión, fue la recuperación del Campillo de la Virgen, un parque de 8.442 metros cuadrados, convertido en un foco de conflicto por las distintas maneras de entender el espacio. El conflicto está en vías de solución con la creación de una mesa para promover la convivencia en el lugar.

La asociación de vecinos de Torre Baró, en Nou Barris, reivindicó durante años que el ayuntamiento adquiriera ese gran espacio semiforestal en la frontera con Ciutat Meridiana, el camino natural para desplazarse a pie entre los dos barrios. El distrito se demoraba y los vecinos optaron por adecentar el espacio con sus propias manos. «Si hay algún espacio que la gente de Torre Baró siente como propio, ese es el Campillo», asegura Antonio Torrico, líder vecinal y presidente de la asociación sociocultural Torrent. Así, la profunda reforma del espacio el año pasado, aprovechando la inyección económica de la ley de barrios, fue celebrada en el lugar como una gran victoria vecinal, de unas gentes que no se resignan a ser la periferia de la periferia.

La inversión de casi dos millones convirtió el descampado en un enorme parque con dos zonas de juegos infantiles, una pista deportiva, una pista de petanca y una zona de pícnic. Pero no todo fue tan bonito. Desde su inauguración, en marzo, la convivencia en el lugar no ha sido fácil, sino más bien todo lo contrario. Ha habido muchos problemas, alguno serio, llegando incluso a las manos en una pelea de madrugada durante la verbena de Sant Joan, que puso en peligro no solo la convivencia entre los usuarios del Campillo, sino entre inmigrantes y autóctonos.

Y es que en el barrio lo tienen claro: una pelea entre dos españoles, es solo una pelea, pero una pelea entre personas de dos nacionalidades distintas genera casi automáticamente un conflicto entre colectivos sociales.

«Es necesaria más conciencia y coordinación, para que el uso de este espacio no se convierta en un confrontación entre vecinos», apunta Torrico, uno de los impulsores de la mesa de defensa del Campillo. El primer objetivo: crear unas normas de uso básicas aceptadas por todos, y en eso están.

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