«La ayuda de nuestro pueblo nos ha hecho derramar lágrimas de alegría»

La Verdad, MARIBEL GÓMEZ, 13-01-2012

En la imagen grande, el mural que los compañeros de Sara le regalaron. Abajo, la pequeña durante su ingreso en La Arrixaca. :: LA VERDAD

En la casa de Karima Khitri se respira, al menos, tranquilidad. No fue así cuando el pasado 28 de noviembre un accidente doméstico ahuyentó el sueño de toda la familia. La pequeña Sara, que contaba entonces con apenas quince meses, se vertió en parte de su cuerpo una tetera con agua hirviendo. Las consecuencias se preveían nefastas. «Estábamos preparando el té sobre las 10 de la noche; la niña estaba jugando y se fue a la cocina sin que nos diéramos cuenta; parece que tiró del asa de la tetera y se echó el agua recién retirada del fuego, que contenía azúcar, quemándole el cuerpo y produciéndole grandes ampollas», cuenta su hermana mayor, Fadwa, de quince años, que muy amablemente ejerce de traductora durante la conversación.

Inmediatamente Karima y su marido llevaron a la pequeña al servicio de urgencias del centro de salud de Totana, donde rápidamente fue atendida. Posteriormente, una ambulancia la trasladó al hospital Virgen de la Arrixaca. Tras una exploración, Sara recibió el diagnóstico: quemaduras profundas y superficiales de segundo grado en tórax, cuello y brazo derecho, que afectaban al 10% de la superficie corporal. Sara tuvo que permanecer ingresada en la Unidad de Cirugía Plástica y Quemados Infantil durante dieciséis días. «Yo no podía parar de llorar al ver a mi pequeña, no quería separarme de ella y me quedé en el hospital, día y noche», recuerda Karima, madre de Sara.

La familia estaba muy asustada; los médicos no sabían si la piel se regeneraría completamente, «incluso llegaron a hablarnos de un posible injerto de piel de otra parte de su cuerpo», recuerda Karima. Mientras, en Totana, y concretamente en la pedanía de El Paretón, el pueblo se movilizaba ante la posibilidad de realizar a la pequeña una posible operación. Una respuesta solidaria por parte de vecinos y compañeros de trabajo que ha conseguido emocionar a esta familia marroquí. Karima trabaja en la cooperativa Coato, ubicada en Totana, y cuenta, casi con lágrimas en los ojos, el apoyo que en todo momento ha recibido.

«Estuve 16 días con mi hija ingresada, luego regresamos a casa más tranquilos al saber que no habría operación por la evolución de las heridas. Un día me llamaron diciendo que tenía que acercarme al almacén». Para sorpresa de Karima, sus compañeras habían realizado una colecta en la que reunieron 280 euros que obsequiaron a la familia. «Además nos regalaron alimentos… fue un detalle que nunca olvidaremos, nos emocionaron mucho, llorábamos de alegría», relata Karima con la voz entrecortada. Las madres de los niños de la clase de la guardería a la que cada día iba Sara en El Paretón tampoco se olvidaron de la familia durante los días «Las madres compraron un peluche a la niña e incluso en clase le hicieron un álbum de fotos con muestras de ánimo en esos duros momentos», asegura contenta su hermana Fadwa.

Pero la pequeña Sara todavía tiene el susto en el cuerpo. «Cuando ve a una enfermera llora, y se despierta por las noches asustada», relata su hermana. «Ahora no es capaz de dormir más de tres o cuatro horas en su cuna, se despierta llorando y la tengo que acostar conmigo», dice su madre, que la mira tiernamente mientras sus hermanas hacen carantoñas a la pequeña, que con solo dieciséis meses, se muestra muy despierta y alegre.

Karima relata que llegó al Paretón hace doce años y medio procedente de la ciudad marroquí de Oujda, cerca de la frontera con Argelia, junto con su marido y sus dos hijas. La familia ha ido en aumento y en la actualidad reside con su marido y cinco hijas en una vivienda ubicada en una finca de la pedanía totanera de El Paretón. «Desde el primer día nos hemos sentido muy arropados por los vecinos, aquí hay muy buena gente, tenemos amigos que nos quieren».

Después de casi un mes y medio de dolor, al final todo ha quedado en un gran susto. Ahora Sara tiene que acudir a La Arrixaca solo una vez a la semana para realizar las curas y comprobar que el estado de las quemaduras evoluciona de forma favorable. Lo que esta familia marroquí jamás olvidará son las muestras de cariño y solidaridad de los vecinos de su pueblo. Su unión con los vecinos es palpable nada más cruzar el umbral de la vivienda donde residen. Madre e hijas se dan continuas muestras de cariño y complicidad y Fadwa, la mayor de quince años vuelve a traducir: «Dice mi madre que a veces piensa que ha nacido aqu텻. Karima hace un gesto cómplice a su hija Fadwa y ambas ríen.

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