Una familia de Lutxana solicita una "vivienda digna" al Ayuntamiento
Su casa está hecha una ruina y el Consistorio les multará si no reforman la fachada
Deia, , 09-01-2012Barakaldo. “Esto es tercermundistas”. Jesús Durango define así la casa que posee junto a su mujer y sus dos hijos en el número 43 de la calle Obispo Olaetxea, en el barrio baracaldés de Lutxana. La vivienda, la única que queda en pie en las inmediaciones tiene más de cien años y está llena de grietas, humedades y desperfectos. Al comprar la viviendas, hace ya diez años, ha Jesús le avisaron de que la casa sería derribada y ellos, realojados. Ya han pasado diez años desde entonces y Jesús ha solicitado al Ayuntamiento que le adjudiquen otra vivienda “que sea digna”. El Consistorio ha sido claro en su respuesta, la casa está “deteriorada, no en ruinas”, y si no arreglan la fachada y el alero, “se enfrentan a una posible multa”.
La situación para Jesús y su familia es ya “insostenible”. Sus hijos, de tres y once años viven separados ya que el pequeño vive con su abuela. “Este no es lugar para un niño de tres años, puede pasar cualquier cosa, desde que se caiga la casa encima hasta que tengamos que echar a correr por culpa de algún vecino”, explica Jesús. Y es que al mal estado de la vivienda esta familia de Barakaldo tiene que sumarle la relación con sus vecinos “la mayoría extranjeros o gitanos”, que hacen ruido hasta la madrugada y con quienes han tenido más de un altercado violento.
La fachada de la casa demuestra signos de vejez y descuido. Pero de puertas para adentro la imagen es aún más dantesca. Los escalones de la escalera se encuentran partidos, el cableado eléctrico quemado. El techo del portal se culmina con un inmenso agujero que deja entrever una madera dañada por la humedad, a punto de desplomarse en cualquier momento. “Esto se cae de arriba a abajo. El agua se filtra en el portal, tenemos ratas, cucarachas… Es algo tercermundista”, insiste Jesús.
Hace diez años, el y su mujer, que se encontraban viviendo de alquiler, decidieron dar el paso hacia la propiedad. El dinero no les llegaba más que para comprar este piso en Lutxana, y se animaron a adquirirlo cuando el propietario y la inmobiliaria les comunicaron, según explica Jesús, que el piso sería derribado y les realojarían. Al parecer el inmueble está afectado por el sistema de carreteras por lo que el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) prevé su derribo y el correspondiente realojo de los residentes cuando se construyan las nuevas carreteras, tarea que le corresponde a la Diputación Foral de Bizkaia. Aún no se ha actuado y el Ayuntamiento se lava las manos.
Así, la familia lleva una década viviendo en un hogar en el que ninguna estancia se libra de las grietas, las humedades, los desperfectos. El suelo ha comenzado a hundirse y hasta el seguro se ha negado a firmar con estos propietarios por el estado de la vivienda. “Es increíble que en pleno 2012 se permita a una familia vivir en estas condiciones, todos tenemos derecho a tener una vivienda digna, lo pone en el Constitución”, explica.
Una solución La lucha por conseguir una casa en buenas condiciones empezó para esta familia hace ya tiempo. “He tenido tres reuniones con el Ayuntamiento, con el alcalde en persona, y siempre me ha dicho que no va a hacer nada, me ofrecieron seis millones de pesetas pero con eso no puedo comprar otra casa”, recuerda Jesús, quien asegura haber tenido incluso enfrentamientos con personas del Ayuntamiento. “No quiero que me regalen una casa, quiero que me trasladen a una que al menos no corra el riesgo de caerse en cualquier momento y pagar cada recibo y la hipoteca, como estoy haciendo ahora”, aclara Jesús.
El Ayuntamiento de Barakaldo no tardó en dar una respuesta asegurando que “nadie precisa un realojo” ya que el inmueble se encuentra “deteriorado pero no en estado de ruina”. “El Ayuntamiento ha instado recientemente a los propietarios a realizar las oportunas obras de reparación de la fachada y el alero, en aras de su propia seguridad y la de los viandantes. Deben subsanar cuanto antes dichas deficiencias; de lo contrario, se enfrentan a una posible multa”, amenazaron. Esta respuesta dejó indignada a la familia de Jesús. “No pienso pagar ni un solo euro porque esos desperfectos no los he provocado yo y no voy a quitar de comer a mis hijos para arreglar algo que van a tirar después”, asegura.
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