Las religiones trabajan unidas por San Francisco

El Correo, IÑIGO BOULANDIER, 09-01-2012

No existe un solo Bilbao. Cada distrito de la villa tiene su propia manera de relacionarse con la ciudad y sus habitantes se sienten ‘tomateros’, noruegos o rekaldetarras. No obstante, todos reman en la misma dirección. Algo parecido ocurre con las religiones. Todas tratan de dar respuesta a las mismas preguntas, pero por separado.

En la urbe también existe un vecindario con sabor a mundo donde conviven miles de personas que profesan confesiones distintas. Y fue en este lugar, Bilbao La Vieja, donde ocurrió algo insólito. Hace unos meses, representantes de todas las religiones se reunieron «por vez primera» para tratar de buscar todos juntos soluciones a los problemas del barrio. Las experiencias de este proyecto piloto han sido recogidas en un libro que vio la luz el pasado martes bajo el título ‘Bilbao Múltiple’.

La iniciativa surgió de la asociación Agiantza y se desarrolló en el Centro Cívico de la plaza Corazón de María. Este colectivo lleva más de veinte años trabajando con toxicómanos e impulsando proyectos de carácter social. Su curiosidad por el tema religioso ha crecido de la mano del aumento de la inmigración en la zona, y se han dado cuenta de la fuerza que los credos tienen para incidir «de forma positiva» en el entorno más próximo.

Acudieron a la llamada representantes de las tradiciones budista, hinduista, bahaí, de la Iglesia Católica, del Consejo Evangélico del País Vasco, del Centro Ellacuria, de la Iglesia Evangélica de Filadelfia y de las diversas comunidades musulmanas asentadas en San Francisco. «No fue fácil agruparles y algunas confesiones se negaron a participar», apunta Blanca Díez, coordinadora de los seminarios. «Sin embargo, la desconfianza fue dando paso a la expectación y el boca a boca hizo el resto», añade. Los asistentes tuvieron que aceptar unas normas de juego basadas en el respeto, la igualdad, el consenso, la cooperación y el no proselitismo.

«Todos queremos lo mismo»

El colectivo quiso promover con estas jornadas una actitud participativa de las distintas confesiones ante los distintos temas sociales del vecindario: pobreza, educación, trabajo… «Queríamos saber si las religiones podían aportar algo. No pretendíamos confrontar teologías, sino ver qué visión tenía cada una de ellas de la realidad social del barrio», apunta Bernart Baltza, director de Agiantza. Además, los organizadores del acto aprovecharon la constitución de este singular parlamento para informar a los asistentes sobre el Plan Europa 2020, de la importancia de la sanidad, la educación y la formación contínua a lo largo de la vida.

La experiencia resultó ser «muy enriquecedora». «Enseguida nos dimos cuenta de que todos perseguimos las mismas cosas, sólo que cada uno las adjetiva de forma diferente», apunta Díaz. «También nos sirvió para aprender a mirar al otro sin miedo y desde el respeto. Ahora, muchos se encuentran por la calle y se quedan charlando», ilustra.

El intercambio de ideas llegó hasta tal punto, que los participantes acabaron compartiendo correos electrónicos con información sobre iniciativas que habían dado resultado en su comunidad. Para Díaz, una de las conclusiones más importantes a las que se llegó fue que «junto a la pobreza económica convive en la sociedad una cada vez mayor pobreza espiritual».

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