Literatura / Novedad editorial
«Hitler era un guerrero por la humanidad...»
Se editan en España los textos que el Nobel noruego Knut Hamsun escribió alabando al líder del Tercer Reich
El Mundo, , 26-12-2011El escritor noruego más célebre y celebrado universalmente es Knut Hamsun, ganó el Nobel en 1920, pero en vano buscará el viajero una plaza o una calle en Noruega. En Noruega se le lee, sí, qué remedio, pero permanece como un personaje del que mejor no hablar por culpa del Hamsun de los años 30, que mostró abiertamente su apoyo a Hitler y llegó a entrevistarse con el líder nazi.
Es un Hamsun senil, al que se disculpa como lo disculpó el tribunal que lo juzgó por sus simpatías nazis después de la guerra gracias a los informes psiquiátricos elaborados para librarle de la cárcel. Sólo aduciendo locura explican los noruegos que el autor de Hambre, el anarquista ilustrado y el místico panteísta, militara tan fervientemente en la infamia. Infamia es precisamente la palabra con que la editorial andaluza Berenice ha reunido los textos nazis de Hamsun, en excelente edición de Mariano González Campo.
A la infamia llega Hamsun en los años 30, no tanto condicionado por sus lecturas de Nietzsche como dirigido por su antipatía por todo lo que oliera a británico. Hamsun había dado muestras en toda su obra de que la revolución nazi no iba a resultarle repugnante: su irracionalismo, el canto de la juventud sana y pletórica, los himnos a la radiante naturaleza, debían llevarse bien por fuerza con el auge del nazismo que a mediados de los años 30 revoluciona Alemania.
Otros muchos intelectuales oyeron esas mismas sirenas y fueron igualmente embaucados: no ya los intelectuales alemanes que siempre se citan cuando se habla de las simpatías que cosecharon los nazis en las élites artísticas y culturales (Gottfried Benn, Heidegger) sino en la propia Inglaterra (caso de Wyndham Lewis o Ezra Pound) o en la Francia que pronto comprobaría el hambre expansionista de Hitler y en la que éste tuvo valedores de la talla de Johandeau, Brasillach y Céline. Mientras alguno de los citados se desdijo en cuanto se produjeron los primeros altercados de violencia explícita y racismo (qué grande era esto al principio y qué porquería ahora, según frase de Gottfried Benn), Hamsun mantuvo intacto su apoyo y admiración por los nazis. Cualquiera que le diera su merecido a Inglaterra obtendría su apoyo, porque para Hamsun Inglaterra estaba detrás de todos los males del mundo. De hecho, para Hamsun Inglaterra es la culpable de que estalle la guerra: «No podían permitir que Alemania obtuviera prosperidad. Hitler cedió durante mucho tiempo, reclamó una pequeña satisfacción. Reclamó solamente una abertura, un pequeño paso hacia un remoto trozo de tierra alemana. Pero Inglaterra no quiso satisfacerlo», escribe en 1943 en una conferencia titulada Inglaterra debe arrodillarse.
Poco después Hamsun se entrevistó con Hitler para pedirle que cambiara al comisionado del Reich en Noruega, pues sus métodos y sus ejecuciones estaban afectando gravemente las simpatías cosechadas por el nacionalsocialismo en Noruega. La entrevista fue decepcionante. Hamsun se emocionó varias veces hasta las lágrimas, pero no pudo sacarle a Hitler nada: para Hitler Noruega carecía de importancia, de hecho era uno de esos países que podían tener gobierno propio, liderado por Quisling, y que no hizo falta invadir, bastó con ocuparlo sin más que unos cuantos capítulos de resistencia. Lo único que le preocupaba a Hitler era la producción de armas, y aquel autor que intercedía por la navegación noruega y la construcción naval no consiguió más que la mofa del Führer, que acabó diciéndole que los noruegos debían conformarse con navegar el Mar Báltico.
Otra de las misiones que se impuso Hamsun cuando se entrevistó con Hitler era tratar de que el Führer sustituyera al comisario político del Reich en Noruega, un sanguinario apedillado Terboven al que Hamsun había ido varias veces a ver para pedir clemencia contra algunos detenidos por su resistencia a aceptar un régimen totalitario en Noruega. No consiguió salvar a nadie. Sin embargo, cuando se hizo pública la muerte de Hitler, Hamsun escribió un sentido obituario en el que se lee: «Era un guerrero, un guerrero por la humanidad y un predicador del evangelio de los derechos para todas las naciones. Era una figura reformadora de primer orden y su destino histórico fue el de actuar en una época de brutalidad sin parangón que al final lo derrotó».
Para Hamsun los anglosajones representaban el odio y la muerte: cuando se prepara la invasión de Francia, escribe un billetito en el que augura que «Europa escogerá la vida». Los alemanes eran la única salvación posible a las armas con las que los anglosajones deprimían todo lo que tocaban: capitalismo, democracia y libertades.
Hamsun fue juzgado en 1948. Por supuesto todo lo que escribió en apoyo de Hitler y de los nazis fue convenientemente utilizado en su contra. Le impusieron una multa de 325.000 coronas por su vinculación al Nasjonal Samsling del primer ministro Quisling, cuyo programa político se recoge también en este volumen, y se explicó ese apoyo por causas neurológicas (una debilitación cerebral orgánica explicaba el apoyo contumaz de Hamsun durante los 10 años en los que militó en la infamia, sin que los hechos algunos de los cuales afectaron a personas cercanas le hicieran apearse de su convicción de que Hitler salvaría a Europa)
(Puede haber caducado)