Acampada / Piden al Gobierno el «piso» pactado

Protesta cubana entre las casetas de Navidad

La familia de un ex preso político lleva 151 días durmiendo frente a Exteriores

El Mundo, ROBERTO BÉCARES , 15-12-2011

Si uno de estos días se va de casetas navideñas por la Plaza Mayor y calles aledañas, no se extrañe si de repente en uno de los espacios no ve figuritas del Belén ni gorros de Papa Noel y sí maletas, colchones y una olla sobre una mesa de camping. Son de la familia de Sabina Martín, profesora de Educación Especial y Dama de Blanco en Cuba y aquí, desde hace 151 días, «limosnera para poder vivir».

El pasado 18 de marzo, tras un acuerdo entre el Gobierno español y el cubano, Sabina llegó a España con otros seis miembros de su familia acompañando a su hermano Carlos Martín Gómez, preso político liberado. Ocho meses después, dice que el Gobierno les ha dado la espalda. «Nos dijeron que nos darían un piso durante un año y trabajo, pero mira… nunca pensé que nos fueran a recibir con estas Navidades en la calle», dice.

Sabina sabe de lo que habla. Su hogar desde hace más de cuatro meses es un espacio de unos 15 metros cuadrados encajonado entre dos puestos navideños en la Plaza de la Provincia, frente al Ministerio de Asuntos Exteriores. «Vivimos en un ambiente festivo, pero no tenemos ilusión ni dinero», cuenta Sabina, que lo siente sobre todo por los dos niños pequeños.

Cuando se instalaron los puestos sólo les dijeron que achicaran «un poco el espacio», relata la mujer, que cocina y lava la ropa en plena calle. Por la noche cogen los colchones «que nos ha dado la gente buena de este país» y se van a dormir a los soportales cercanos.

«Estamos desamparados, vivimos de la caridad de la gente», asegura la mujer, que explica que todavía «nadie del Ministerio» se ha acercado siquiera a preguntarles qué quieren. Mientras esperan, al menos en estas fechas, han encontrado el calor de los comerciantes navideños. «Les estamos muy agradecidos a estos chicos; ellos se preocupan por nosotros, y nos traen cosas como mantas o comida», relata Sabina.

Los días, sin embargo, se hacen eternos. «Apenas podemos dormir», explica Yandri, hijo de Sabina de 20 años. El hermano de Sabina, el liberado político, les apoya, pero «él ya está haciendo su vida en Málaga», donde se casó. «Esto es muy triste; hemos pasado frío y hambre y sólo queremos que nos den lo acordado», concluye la mujer.

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