Turín, en alerta tras el asalto a un poblado gitano por una falsa denuncia de violación

Una joven se inventa una agresión sexual por temor a la reacción de sus padres a su «primera vez». La confesión de la adolescente llegó demasiado tarde: las chabolas fueron arrasadas por el fuego

ABC, á. g. fuentes, 13-12-2011

Turín vivió el sábado por la noche horas de locura, con el asalto e incendio a chabolas de gitanos, acusados de un falso estupro. Después llegaron las excusas, pero la ciudad vive en estado de shock y se teme una escalada de tensión. La historia se inició el miércoles, cuando Sandra [nombre ficticio],una joven de 16 años, denunció a los carabineros que había sido violada por dos gitanos en la calle a plena luz del día. La joven se inventó la historia, angustiada por la pérdida de virginidad. Quería cubrir así su «primera vez» con un joven, un italiano mayor de edad.

«Me asusté al ver la ropa manchada [de sangre]. No sabía que hacer. He sentido pánico. Tenía miedo de que mis padres me descubrieran y me castigaran. Cuando volvía a casa, vi a mi hermano y me inventé la historia de la violencia», explicó la joven.

El estallido de racismo comenzó a incubarse al instante. La voz del falso estupro a una joven de 16 años a cargo de dos gitanos corrió como la pólvora. No se habló de otra cosa durante el viernes y el sábado en el barrio Vallette de Turín. La rabia se empezó a hacer visible y algunos planificaron el asalto al poblado gitano. El sábado, la gente salió a la calle para protestar, pero tras los eslóganes iniciales y los insultos a los gitanos, la manifestación se trasformó en un asalto violento a las chabolas, al grito de «¡hay que matarlos». Fue un ataque planificado. Los organizadores visitaron en un par de ocasiones el poblado, para estudiar los puntos de acceso, los objetivos a destruir y las vías de fuga. Después prepararon las armas: «cócteles molotov» para incendiar las chabolas, petardos y bastones para golpear a la gente.

Cuando Sandra vio las imágenes del infierno en el que se había convertido el campo de los gitanos, que estaba ardiendo, confesó a los carabineros, aterrorizada por las consecuencias de su mentira, que se había inventado todo. Pero ya era demasiado tarde. Ni siquiera su hermano, que intentaba explicar a los agentes la falsedad de la historia, pudo parar la violencia: «¡Se ha inventado todo por temor a ser castigada. No ha sido violada, los gitanos no tienen nada que ver!». Pero la violencia corría ya sin freno y nadie pudo pararla. El poblado gitano fue destruido por las llamas y los bomberos tuvieron que emplearse a fondo durante toda la noche.
«No los soportamos»

La policía ha detenido a dos jóvenes y ha interrogado a varios en el citado barrio, situado en la periferia al norte de Turín y marcado por la marginación y por la pasión por la Juventus. La policía indaga precisamente entre los ultras de ese equipo de fútbol además de en otros círculos violentos, que públicamente han declarado: «Estamos hartos de los gitanos. No los soportamos».

El delegado del gobierno en Turín, Giancarlo Caselli, considera que el «episodio tiene claras connotaciones racistas». «Se trata de un hecho gravísimo, de una violencia absolutamente inaudita hasta ahora en Turín», ha indicado. La ministra del Interior, Ana María Cancellieri, ha explicado que «los ciudadanos no pueden hacer justicia solos; condenamos cualquier acto de violencia y racismo».

Igualmente dura ha sido la condena del ministro para la Integración, Andrea Riccardi, que ha dicho que el asalto al poblado «nos trae a la memoria periodos negros de la historia europea que nunca más hubiéramos deseado que se repitieran».

Muchos ciudadanos no salen de su asombro, comenzando por el arzobispo de Turín: «Me siento herido y humillado», ha declarado monseñor Cesare Nosiglia. Ahora se teme una escalada de violencia. El temor de los ciudadanos y la gravedad de la situación la refleja Luigi Ciotti, sacerdote muy conocido por su lucha contra mafias y defensa de los marginados: «En Turín hemos descubierto, con una mezcla de sorpresa y vergüenza, que la miseria, la segregación, la discriminación y la violencia no están lejos, en otra parte del mundo, sino que son un problema nuestro».
Disculpas

La joven ha pedido disculpas públicamente, en una cata dirigida a la ciudad: «Os pido que me perdonéis. He visto en televisión las imágenes de las llamas y me he sentido mal. Me avergüenzo porque me he dado cuenta de lo que ha sucedido. Pido disculpas a todos, especialmente a los niños del poblado. Me he equivocado. No tengo valor para vivir aquí, para salir de casa».

La angustia por la «primera vez», el mito de la virginidad y la inmadurez están detrás del falso estupro inventado. Para la familia de Sandra la virginidad era un valor que se debe preservar a cualquier precio, hasta el punto de que la habían obligado a jurar a la abuela que llevaría virgen a su nieta hasta el altar.

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