Cambio de tendencia
La población extranjera en Barcelona, que aumentó durante diez años, disminuye desde el 2010
La Vanguardia, , 28-11-2011La emigración tiende a remitir en Barcelona. Los datos oficiales del Ayuntamiento sobre la evolución del padrón de habitantes confirman la nueva tendencia observada ya durante dos años consecutivos.
Desde enero del 2009, cuando se alcanzó la cifra más alta, el número de extranjeros residentes en la capital catalana disminuye paulatinamente. Transcurrido casi todo el 2011, todavía sin cifras oficiales, la curva descendente sigue.
A tenor de estos registros cabe colegir que el ciclo ascendente iniciado antes del 2000 terminó en el 2009, cuando se alcanzó la cifra máxima: 294.900 residentes extranjeros empadronados.
A fecha de enero del 2010 las cifras empezaron a cambiar de signo y si durante los diez últimos años habían dibujado una trayectoria ascendente casi continua, a partir de aquel momento empezaron a descender. En enero del 2011 había inscritos en el padrón de Barcelona 16.500 extranjeros menos que en el 2009.
La nueva tendencia permite aventurar, a falta de un trabajo científico que lo acredite, que la crisis está detrás de este cambio de signo. La incapacidad de la sociedad catalana para ofrecer oportunidades laborales en los últimos años puede haber propiciado esta disminución. La prueba más contundente de esta afirmación es que las nacionalidades que han visto reducida su presencia son aquellas que, en sus propios territorios, ofrecen mejores expectativas laborales en comparación con España. De las ocho nacionalidades que registran mayores descensos, cuatro pertenecen a Europa (Francia, Italia, Alemania y el Reino Unido) y otras cuatro a América Latina, donde la crisis, por el momento, ha tenido un menor impacto (Ecuador, Brasil, Perú y Argentina). Por el contrario, la comunidad pakistaní se convierte en la primera en número de residentes en Barcelona, seguida de los italianos, ecuatorianos y chinos.
La segunda hipótesis tiene una importante carga política y social. A la espera de ver cómo evoluciona el mapa de los extranjeros residentes en Barcelona, parece evidente que la retracción de la inmigración no tendrá el volumen del incremento registrado en los últimos diez años. Es decir, el aumento vertiginoso de población de la década pasada – solo comparable en su volumen con el cambio que reportó la inmigración interior en los años sesenta-no se compensa ahora con una disminución radical de la población extranjera, lo que induce a pensar que, aun a pesar de la crisis, buena parte de los trabajadores llegados a la ciudad en el último decenio no piensa renunciar a la vida que ya ha construido en Barcelona. En suma, que no hay marcha atrás en el carácter diverso y global que ha adquirido la ciudad en los últimos años.
Prueba de ello es que, pese a la crisis y al descenso de la población, las reagrupaciones familiares siguen produciéndose, aunque a un ritmo sensiblemente inferior al de los años de la exuberancia económica.
“Así es”, razona Miquel Esteve, el nuevo responsable del área de inmigración del Ayuntamiento de Barcelona, nombrado recientemente por el alcalde Xavier Trias. “La presencia de extranjeros no es una circunstancia coyuntural, es estructural. De ahora en adelante Barcelona será así. Para siempre”.
Esteve, sin embargo, señala algunas prevenciones sobre los datos estadísticos. Hay movimientos de la población que los números no describen y resultan difíciles de calibrar. Por ejemplo, la relación entre empadronados en Barcelona y residentes en los municipios del área metropolitana. Las fronteras entre estos territorios y sus poblaciones son muy difusas para personas que han viajado hasta Barcelona desde lugares que están a miles de kilómetros de distancia. “A menudo nos llega gente que vive en Badalona y que piensa que están empadronados en Barcelona. No entienden que son dos municipios distintos. Para ellos, todo es Barcelona”.
En segundo lugar, otro efecto distorsionador de las estadísticas es que no registran la movilidad de los trabajadores inmigrados. A diferencia de lo que ocurre con los ciudadanos asentados desde hace generaciones en Barcelona, los nuevos trabajadores tienen una enorme capacidad para adaptarse al mercado de trabajo, de modo que algunos empadronados pueden pasar temporadas fuera del municipio e incluso fuera del país, cazando ofertas laborales aquí y allá, sin cambiar oficialmente su residencia legal.
En cualquier caso, la crisis constata que la nueva canción de Barcelona en el siglo XXI podría ser Diversos para siempre. Sobre esa premisa, el nuevo equipo de gobierno de Xavier Trias empieza a trabajar en una renovación de la estrategia municipal que Esteve resume del siguiente modo: “Hemos de pasar de las políticas de acogida a las políticas de acompañamiento”.
La idea es que ahora la prioridad para la administración ya no es tutelar el asentamiento de los recién llegados, sino tratar de mejorar su adaptación. “Hemos de dignificar la vida de esas personas, porque si lo hacemos estamos dignificando la ciudad. Lo importante es que este mensaje no va destinado a los inmigrantes, también a los barceloneses”.
En este sentido, Esteve señala que una de las divisas de la nueva estrategia será la reciprocidad. “No podemos seguir pidiendo a la ciudad que se adapte a la nueva situación demográfica. Los recién llegados también deben actuar en reciprocidad. Es necesaria una mejor interactividad. Las comunidades de inmigrantes no pueden seguir encerradas en sí mismas”.
Esteve reconoce que ahora es un momento óptimo para replantear algunas políticas y de ahí que proponga una nuevo pacto sobre la inmigración en Barcelona. “Tenemos por delante tres años sin elecciones y la ligera disminución de la inmigración nos permite replantear algunas estrategias”. Será el momento de responder algunas preguntas: ¿qué papel desempeñan las empresas en el tipo de inmigración que llega a la ciudad?, ¿cómo Barcelona va a encarar la representación de las nuevas confesio8nes religiosas de sus nuevos habitantes?, ¿los municipios del continuo metropolitano pueden tener políticas de inmigración distintas?
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