Un chino mata de una cuchillada a otro en el piso que compartían en Portugalete
El Correo, , 26-11-2011Un homicidio golpeó ayer a la hermética comunidad china en Euskadi. Un ciudadano de origen chino, identificado como Song X., de 37 años, mató de una única y certera puñalada en un costado a un compatriota, Tian Shijiang, de 47, con el que compartía habitación en un ‘piso patera’ en la localidad vizcaína de Portugalete, según indicaron a este periódico fuentes de la investigación. En el domicilio vivían hacinados una docena de estos inmigrantes. Cada familia – había mujeres y bebés en la vivienda – ocupaba un cuarto con un camping gas donde cocinaban. El crimen se produjo tras una pelea entre varios ocupantes de la vivienda realquilada, ubicada en el número 20 de la Avenida Abaro de la localidad jarrillera, en la carretera que enlaza con la vecina Santurtzi.
Al parecer, un grupo de hombres habían estado bebiendo a lo largo de la noche y cuando llegaron al piso, en torno a la una de la madrugada, se desencadenó una riña entre ellos por causas que se desconocen. Intercambiaron algunos golpes pero después el ambiente se tranquilizó y volvieron a sentarse para conversar. Poco tiempo después, sin embargo, algo volvió a encender la chispa. Uno de ellos – Song X. – esgrimió un cuchillo de cocina de unos 18 centímetros de largo y, presuntamente, se lo clavó en el costado izquierdo a la víctima, con tal intensidad que le alcanzó órganos vitales y le provocó la muerte.
El autor del crimen, que también presentaba una herida por arma blanca en el cuello y contusiones por golpes en otras partes del cuerpo, huyó de la vivienda.
El dueño del piso llamó al teléfono de emergencias 112 en torno a la una y veinte de la madrugada para comunicar lo sucedido. La comisaría de la Ertzaintza en Muskiz desplegó un dispositivo de búsqueda del supuesto autor del crimen, y facilitó una descripción del sospechoso – que iba descalzo y medía 1,70 metros de estatura – a todas las patrullas y a otros cuerpos.
Un cuchillo de cocina
Alrededor de las cuatro de la madrugada, los agentes de la Guardia Civil que vigilan las instalaciones del puerto de Santurtzi observaron a un hombre que deambulaba por los alrededores y que levantó sus sospechas. Al acercarse comprobaron que no llevaba calzado, que estaba herido y que presentaba manchas de sangre en la ropa, y se lo comunicaron a la Ertzaintza. Una patrulla se dirigió al lugar para identificarle y procedió a su detención como presunto autor material de un homicidio.
Mientras, la comitiva judicial se desplazó hasta el piso donde se había producido el homicidio. Los especialistas comprobaron que había gotas de sangre en el suelo, manchas en el pomo de la puerta y salpicaduras también de color rojo en la pared del dormitorio donde supuestamente se produjo el apuñalamiento. Los agentes de la Ertzaintza habían encontrado ya el supuesto arma homicida con restos de sangre. Especialistas de la Policía Científica registraron de forma minuciosa la vivienda durante horas en busca de posibles evidencias. Su labor se prolongó toda la mañana.
El juez de guardia de Barakaldo preguntó a los residentes en la vivienda qué había ocurrido, pero todos guardaron silencio. Su opacidad llevó al magistrado a ordenar la detención de cuatro de ellos, supuestamente implicados en la reyerta previa al crimen, para intentar aclarar lo sucedido. Dos de los arrestados también presentaban lesiones como magulladuras, y los otros dos habían resultado ilesos. De los cuatro detenidos, tres estaban indocumentados. Además de la puñalada mortal en el costado, la víctima tenía también contusiones y otras lesiones en el pecho y el cuello, producto del intercambio de golpes durante la pelea.
El detenido fue conducido de nuevo, en plena madrugada, a la vivienda. Al enfrentarse al cadáver de su compañero, se derrumbó y entre lágrimas asumió lo que había ocurrido. Después, los cinco arrestados fueron trasladados a comisaría, desde donde intentaba localizarse a un traductor para tomarles declaración antes de ser puestos a disposición judicial.
Los inmigrantes chinos, muy valorados por la población local porque no resultan problemáticos, llevan vidas reservadas, y sus relaciones sociales se limitan a personas de su misma nacionalidad. Los vecinos del número 20 de la Avenida de Abaro apenas se enteraron de nada de lo que sucedía en el piso. Tampoco conocían a sus habitantes. «No se relacionaban con nadie», resumía ayer uno de los residentes. Varios de los inquilinos de la vivienda trabajaban en un almacén de productos de origen asiático en Basauri, junto al centro comercial Bilbondo, y también en un bazar minorista en la localidad de Santurtzi.
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