900 personas sin hogar han pasado ya por el Centro de Acogida de Cáritas
El Correo, 16-11-2011Novecientas noches a cubierto, con un techo bajo el que protegerse de las adversidades climatológicas. El Centro de Acogida de Cáritas suma ya 899 usuarios en lo que vamos de año. Una cifra que aunque elevada es similar a la de ejercicios anteriores, ya que para ellos el boom llegó «justo el año anterior a empezar la crisis». Después se han ido manteniendo.
Si bien es cierto que, poco ha poco, se ha ido elevando el número de personas con residencia en la ciudad que hacen uso de este recurso, planteado como una salida de emergencia pero nunca como una solución. Y es que el día a día les permite constatar un aumento de la gente de la ciudad que está peor, además del incremento de la vulnerabilidad de los jóvenes. Aunque sigue siendo importante el volumen de los que llegan en tránsito hacia otro lugares, ya no son los únicos.
Un perfil que se repite a menudo en los últimos tiempos es el de «un magrebí joven, que lleva en la ciudad bastante tiempo, que ha estado trabajando, se ha quedado en el paro, sin cualquier tipo de prestación y ha tenido que seguir mandando dinero a la familia. Están aquí porque es lo que conocen, pero tienen que buscarse la vida por todos los sitios. Hoy aquí y mañana allá», explicó Alfonso Menéndez, responsable del Servicio de Atención Integral al Transeúnte y Personas sin Hogar (SAIT).
Eso sí, los extranjeros que acuden a la instalación de Las Californias siguen siendo menos. Representan alrededor del 30% del total. De ellos, más de la mitad son de origen portugués. «Estamos en el camino hacia Francia y, además, en Miranda hay bastante población de ese país. Solían trabajar en la construcción», explicó.
El grueso de los usuarios, el 70%, son nacionales. Un grupo muy heterogéneo en el que es difícil establecer patrones. Hay desde jubilados a los que no les llega el dinero y los últimos días de mes no pueden pagar la pensión a enfermos mentales, individuos que están de paso…
Gente que, además, en el medio plazo va a tener muchos problemas para abandonar lo que se llama el sinhogarismo, una realidad que está ahí y sobre la que los responsables de Cáritas quieren llamar la atención de manera especial el domingo 27, cuando se conmemora el Día de los Sin Techo.
Entre el 30% y el 40% de las personas que han pasado este año por el albergue podrían ser considerados habituales, aquellos que ateniéndose a las normas hacen uso del centro dos noches al mes. El máximo que contempla Cáritas, ya que el servicio no está concebido como una solución de los problemas a largo plazo para la gente que carece de domicilio. «Queremos que se planteen otras alternativas», incidió Menéndez.
Es algo en lo que inciden sobre todo con aquellos que llegan a la residencia y el piso tutelado. De hecho, por ahí han pasado 28 personas a lo largo del ejercicio, el mismo número que ha acudido al taller ocupacional. Su participación les permite a los responsables de Cáritas «conocer más a las personas, saber cuáles son su hábitos de trabajo, de comportamiento o de relación con los demás»
Todos ellos forman parte de un colectivo que tiene más posibilidades de acceder al mercado laboral. Por determinadas circunstancias están en la calle, pero son los que más opciones tienen, con ayuda, de volver a un proyecto de vida normalizado. Si bien, reconoció, la actual coyuntura económica, no favorece que estas personas encuentren un empleo.
Esto ha provocado un incremento en el periodo que los usuarios permanecen en el programa asistencial. «Cada vez se prolonga más. Hace 5 años, por ejemplo, atendíamos al año a 34 ó 35 personas, mientras que ahora la media ronda los 25. Están más tiempo con nosotros». Ahora la media ronda los 8 meses, aunque puede haber quien esté 4 y quien supere los 2 años.
En estos momentos, donde mayor salida están encontrado es en lo relacionado con la dependencia y el cuidado de personas mayores. «Hay señores que reclaman varones porque se sienten más cómodos con ellos o porque tienen más fuerza física a la hora de moverles. Ahí hemos visto una pequeña posibilidad», apuntó.
Estos recursos y el resto de los que dispone el colectivo están enfocados hacia los hombres. En la ciudad no existen en estos momentos otros servicios en los que se atiendan mujeres sin hogar. También es cierto, apuntó Menéndez, que nunca se les ha dado el caso en el que sea una chica quien llame a sus puertas. Cuando llega a Miranda una, sola o en compañía de su pareja, es Servicios Sociales quien se hace cargo y les busca una pensión en la que puedan pasar la noche.
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