«Los sueldos allí han mejorado»

La Verdad, ALEXIA SALAS, 06-11-2011

Liza Zakarina atiende a dos compatriotas en su comercio de San Pedro, especializado en productos rusos. :: V.VICENS/AGM

Entrar en el comercio de Liza Zakarina, en el centro de San Pedro del Pinatar, es como acceder a una cápsula de sensaciones rusas. Como si el país más extenso del mundo tuviera un destacamento de los sentidos en la costa del Mar Menor, donde Lisa Zakarina es embajadora, vendedora de evocaciones del otro lado del mundo, consuelo de inmigrantes del Este. Emoción similar a la de un español que encuentre una tortilla de patatas en Moscú, experimentan los rusos que entran en la única tienda rusa del litoral al recuperar los ‘pelmenyv’, unos raviolis rusos, o la ‘grechka’, una especie de cereal que acompañan de arroz. Delicias como el caviar, el vodka o el champán ruso que compran también vecinos españoles en la tienda de Lisa.

Esta empresaria nacida en Kazajstan, antigua república soviética, llegó a la Región hace 12 años a visitar a una amiga ya instalada junto a la laguna. La tienda de Lisa es un referente para sus compatriotas, y se ha convertido en un termómetro del turismo ruso. «Vienen cada vez más, para estancias de dos a tres semanas, en busca de buen clima, mar y también por la gente», explica la empresaria.

Desde detrás del mostrador, recibe «a muchas familias que vienen todos los años». Llegan a través del aeropuerto de Alicante y suelen tener como destino Torrevieja «porque los llevan inmobiliarias rusas para enseñarles casas», cuenta Lisa. La cercanía del mar es el principal gancho. «Buscan casa cerca de las playas y se bañan todos los días hasta que se van negros».

Cree que el aumento de visitantes rusos se debe en parte a que «encuentran ahora más facilidad para obtener el visado», aunque lo más decisivo es «la mejora del nivel de vida de año en año. Los salarios han mejorado. Mi hermana vive en Moscú y gana sobre los 2.000 euros», apunta la empresaria sobre el ascenso de esa clase media que se podrá permitir cada vez más cambiar el Mar Negro, destino tradicional de vacaciones de los ciudadanos rusos, por el Mar Menor, más lejano pero más cálido.

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