El capitán de Inglaterra

El Correo, ÍÑIGO GURRUCHAGA, 31-10-2011

A George Best se le acercó un rival antes de un partido para decirle: «Quería ver tu cara, porque la próxima vez que te vea estarás tumbado en una camilla». Harry Redknapp, cuando entrenaba al Portsmouth, en 2007, lamentó la degeneración de la sociedad y del fútbol por los bárbaros insultos de hinchas del Aston Villa, que estaban cerca del banquillo, junto a sus hijos.

Lo más sorprendente de la jornada sobre racismo en el fútbol, celebrada en la Universidad de Málaga hace diez días, no fue que Vicente del Bosque dijera que él sólo ha conocido el sentimiento de igualdad en un vestuario, sino las palabras de Alberto Undiano Mallenco, que restó gravedad a las furias de la grada. Los árbitros quizás padecen un síndrome de Estocolmo.

Disfrutar de un partido depende de quienes se sienten cerca. Los insultos soeces a árbitros y a rivales e incluso las quejas burdas contra tu equipo pueden arruinar la tarde, aunque se juega con más limpieza que en el pasado. Nuevas normas de la FIFA han traído un fútbol en el que la técnica gana a la trampa y al hachazo.

Porque en el campo hay más modales, se quiere eliminar el agravio racista, quizás el más grave por ser el único que se basa en un hecho objetivo. La mentada madre de un árbitro o de un rival escurridizo puede ser una santa, pero el color de la piel se lleva en la cara.

En Inglaterra hay campañas – ‘Kick it Out’ (échalo fuera) es la más notoria – y sanciones a hinchas. Jason Roberts, jugador del Blackburn, dice que el racismo no es tan frecuente como en los setenta, cuando su tío, Cyrille Regis, formó con Brendon Batson y Laurie Cunningham (que fue compañero de vestuario de Del Bosque), una insólita tripleta negra en el West Bromwich Albion.

Pero el entrenador que los fichó, Ron Atkinson, tuvo que dimitir en 2004 como comentarista en televisión, por decir, cuando creía no estar en el aire, que el internacional francés Marcel Desailly era «lo que se conoce en algunas escuelas como un (palabrota) negro, tonto y vago». Ahora, Luis Suárez, del Liverpool, y John Terry, del Chelsea, son investigados por racismo contra rivales.

El historial de Terry es copioso. Quizás lo más sonado fue su grotesco intento de imponer alineaciones a Fabio Capello, durante la desventura inglesa en la Copa del Mundo de Sudáfrica. Lo más ilustrativo es que su madre y su suegra fueron denunciadas por robo en los grandes almacenes que patrocinaban a la selección, y su padre por vender drogas.

Insultos

Hace una semana, las cámaras de televisión grabaron su insulto racista a Anton Ferdinand, del Queen’s Park Rangers. Terry siempre alega en sus horas de zozobra que es víctima de la incomprensión y dice ahora que se trata de un malentendido. Pero a nadie puede extrañar que JT – «capitán, líder, leyenda», según la pancarta colgada el sábado en Stamford Bridge – añada a sus gracias la de ser racista.

Su resbalón, tras un mal pase de Florent Malouda, dio el 3 – 4 a los ‘cañoneros’, que luego marcaron otro gol. Los líderes de la Premier se golean y el partido del sábado fue otra enconada disputa entre las dos defensas para ver quién lo hacía peor. Con ese bagaje en el campo y en su vida, avanza el capitán de Inglaterra hacia el partido contra España en Wembley, el día 12.

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