LASSANA BENGOURA
Una promesa con los colegas del barrio El goleador solidario
El Mundo, , 24-10-2011Entre el 1 y el 5 de cada mes, los jugadores del Rayo Vallecano reciben el ingreso de su nómina. El club, bajo tutela judicial por el proceso concursal al que recurrió este verano, hace frente a los pagos y ese mismo día, sin esperar ni unas horas, Lassana Bengoura (Kalum Mankepa, Guinea-Conacry, 1992) saca 1.500 euros del banco y los lleva a la oficina de una de las grandes agencias de envío de dinero. «Siempre, siempre. Eso es por lo que juego al fútbol», cuenta en un español muy divertido, sin complejos, sentado en el asiento del copiloto, coche ajeno camino de las canchas donde se harán las fotografías. Ha tenido que subirse con el periodista porque el suyo se ha parado. El enorme todoterreno no arranca y alguien le pregunta a Lass y a su compañero, que conduce mientras convalidan su carnet de conducir: «¿Habéis llenado el depósito?». «Sí», dice Lass, «con gasolina». El vehículo, diésel, va camino del taller.
Ni siquiera eso, el desastre automovilístico, le quita la sonrisa, una enorme sonrisa blanca, a este muchacho. Se presenta después del entrenamiento del viernes y empieza a soltarse bien entrada la entrevista, cuando enchufa uno de sus dos móviles para hablar de la música que le gusta el hip-hop de grupos como 50 cent o los nigerianos P. Square o cuando cuenta, entre risas, que en televisión le gusta Mujeres y Hombres y Viceversa, un programa de Telecinco donde «las tías están buenas», dice entre grandes carcajadas, previas al golazo que marcó ayer en el campo del Betis y que abrió el camino del triunfo. «Me recuerda a Eto’o», dijo ayer su entrenador, Sandoval, al terminar el partido.
Es hoy que Lass puede reír sin temor. Hubo un tiempo, en su Guinea natal, donde apenas lo hacía mientras ayudaba a sus padres en el trabajo, especialmente a su madre, que se ganaba la vida en una lonja de pescado y él le ayudaba a colocar el género. Hoy su madre, operada del corazón, no puede trabajar y el único sustento de ella y de sus cuatro hermanos tenía una hermana mayor, pero murió, como su padre es el dinero que él les envía entre el 1 y el 5 de cada mes fruto de su profesión: futbolista. Y eso que allí, en Kalum Mankepa, tardó en formar parte de un equipo. Entrenaba con un amigo en la playa, aunque él dice «trabajar». «Trabajé mucho en la playa hasta que empecé a jugar en el Touba, el equipo de allí».
Llegó a España en septiembre de 2009 después de que alguien se lo ofreciera al Rayo. Se puso en manos de Juan Pedro Navarro, el director de las categorías inferiores. Por el siempre terrible papeleo, no pudo jugar con el Rayo, aunque sí lo hizo ese año con la selección madrileña sub’17. Sorteados los escollos legales, al año siguiente comenzó a brillar con el juvenil A 27 goles en 22 partidos y Sandoval empezó a llamarlo para entrenar con el primer equipo. Debutó contra el Betis, el año pasado, y jugó seis partidos en Segunda. ¿Se pudo ir al Madrid este verano? Vuelve a reírse con ganas. «No, no, yo sólo juego», y mira cómplice a su hermano Pablo, el hombre de la agencia de representación que pasa junto a Lass muchos momentos, los buenos y los malos, los del principio, cuando le mandaba fotografías de los platos que cocinaba María José en el piso donde lo instaló el Rayo para que Pablo le dijera qué estaba comiendo, y los de ahora, pues su primera llamada ayer, cuando se montó en el autobús, fue a Pablo. Después habló con Fode, su primero, al que se ha llevado a vivir con él en el piso de Vallecas que acaba de alquilar, y donde disfruta del arroz y de los calamares, sus dos comidas favoritas.
Después de comer, una siesta, que no falte, y es momento de «abrir un poco el libro de español que tengo en casa». Poco rato. Enseguida se baja con sus amigos a jugar al fútbol sala a unas pistas plantadas en mitad del Ensanche de Vallecas, entre escombreras y edificios a medio terminar por culpa de la crisis. No son partidos organizados, es fútbol de barrio, como el de antes. La gente baja, cuando hay suficientes se hacen dos equipos y a jugar, sin árbitro, sin redes, sin focos, sin periodistas. Nada. Algunos ni saben que ese chico es futbolista profesional y juega en el Rayo Vallecano. «Me lo paso bien», cuenta, y no hace falta ver mucho más de cinco minutos para comprobar que es verdad. Lo que hace en esas pistas de Vallecas también lo hace en los campos de Primera División. Que se lo pregunten a Marcelo. «¿Se acuerda de los dos trajes [regates] que le hizo?» Podrían haber pasado cinco minutos y la respuesta seguiría sin aparecer. Las carjadadas, otra vez, le impiden hablar. Se pone serio. «Cuando estaba en mi país y veía jugar a Ronaldo, a Robinho, a Beckham, le dije a mi padre: ‘un día yo voy a jugar en el Bernabéu’, y antes de ir al Bernabéu, llamé a mi madre y le dije: ‘¿lo ves? he cumplido mi sueño’. Al final del partido, Cristiano y Marcelo vinieron a preguntarme de dónde era. Pensaban que era brasileño. Me dijeron que debía seguir jugando igual, y me dieron ánimos», cuenta este amante de las películas de Van Damme.
Musulmán, se disculpa por no cumplir el Ramadán, «pero si entrenas por la mañana tienes que beber. Si no, te pasa algo malo», dice para referirse a «ponerse enfermo», y a él, después de la enfermedad y muerte de su padre, eso no le hace gracia. Mientras sigue buscando una tienda para comprar unos bongos y practicar, Lass tiene otra ilusión. En enero se marchará para jugar con su selección la Copa de África.
(Puede haber caducado)